a8 De Almegíjar a Cádiar

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Lavaderos de Almegíjar

  • Introducción histórica:
    • TESTIMONIO:
      • Descripción de Morayma: “Era una mujer bella, sensata, señorial, educada, prudente y completa como ninguna. Todo el valor y arrojo de Aliatar se habían transformado en dulzura y delicadeza en su hija. Aunque de pelo castaño claro, casi rubio, sus ojos también eran grandes y profundos y tan deslumbrantes como una puesta de sol en un día de viento del norte. La nacarina piel de sus mejillas, superior en finura al más pulido aljófar, parecía como si la perforaran dos simpáticos hoyuelos que se le acentuaban al sonreir. Su nariz era fina, casi recta y ligeramente respingona… Y su cuerpo… jamás incurriría en la herejía de describir la calidad que atesoraba su bellísima esposa, que era casi tan alta como él…”  (Leonardo V. Villena, “El último suspiro del rey Boabdil”).
      • “Los cronistas árabes ensalzan su hermosura cuando se unió en matrimonio a Boabdil, que ya era rey de Granada por los designios de su madre. Procedía de la más humilde clase popular, puesto que su padre era un pobre buhonero, que vendía especias en Loja, de la que llegó a ser alcaide, gracias al esfuerzo de su persona y a la eficacia de su espada, la más fuerte del Islam. La hija de Aliatar era alta y fuerte… En la fiesta solemne de sus bodas, píntanla los poetas musulmanes vestida con saya y chal de paño negro, bordados en seda azul. La toca de lienzo blanco que cubría su cara y cabeza, ocultaba facciones más lindas que perfectas, y más seductoras que esculturales. Los ojos eran grandes y expresivos, negros y lucientes como el azabache, llenos de dulces recuerdos y acusadores de inocencia y bondad. A través de las tupidas ropas adivinábanse unos hombros, unos brazos, unas caderas y un talle de tan clásicos y opulentos contornos, que los griegos la hubieran tomado por un modelo de Juno”. (Fidel Fernández Martínez, “Boabdil”).
      • “Era de rostro risueño y poseía unos ojos de seductora negrura y una boca que Boabdil creyó capaz de sumirlo en la muerte dulce que ansiaba; sus movimientos tenían la espontaneidad de quien está habituado a la libertad, una soltura voluptuosa, una naturalidad inocente que resultaba más tentadora que cualquier insinuación de una hembra experimentada. Atendía la residencia paterna con la ayuda de dos amas que habían ejercido de madres con ella y que, llegadas a la vejez, le habían dejado paso para asumir una dirección de la cotidianidad que ella desempeñaba sutil y sencillamente, sin alharacas y sin imposición porque la delicadeza de su presencia, de su voz, de sus ademanes y de sus instrucciones, era el arma más eficaz para que todo a su alrededor se le rindiese”. (Magdalena Lasala, “Boabdil: tragedia del último rey de Granada”).
    • RECORDANDO EL PASADO:
      • 1478: El inicio de la Guerra Final.- “El comendador de Santiago, don Juan de Vera y Mendoza, al que los reyes habían enviado como embajador castellano para que reclamase al rey de Granada los tributos que el pueblo nazarí tenía comprometidos con ellos, les había notificado que, una vez llegó a los pies de la Alhambra, lo introdujeron en el hermoso salón de Comares y que allí mismo, …, Muley Hacén le espetó sin miramientos: -Volveos y decid a vuestros reyes que ya murieron aquellos granadinos que pagaban tributos a los cristianos. De aquí en adelante, con el metal de esas monedas que tenéis la desvergüenza de reclamar sólo se labrarán alfanjes y hierro para la guerra. Cuando don Juan de Vera y Mendoza informó de lo sucedido, se sorprendió de la aparente calma con la que el rey castellano se tomaba la noticia. Y es que, en el fondo, Fernando de Aragón sintió un regusto de placer. Ahora ya tenía la excusa perfecta para atacar el reino nazarí. -He de arrancar, uno a uno, los granos de esa granada -le oyeron decir. Dio pleno poder al marqués de Cádiz para comandar un ejército de más de cinco mil caballeros cristianos y los envió a Alhama. No tardaron mucho en romper el cerco de las líneas enemigas y en escalar las murallas de la ciudad. Fue una cruenta batalla en la que murieron mas de ochocientos musulmanes y otros tres mil fueron hechos prisioneros. Según todos los cronistas, ese día comenzó la Guerra…”. (Nerea Riesco, “Las puertas del paraíso”).
      • “1483: Cuando era niña, a Morayma le gustaba seguir por las acequias alguna pequeña ramita de olivo llevada por el agua. La perseguía caminando junto al discurso del manantial, viéndola salvar obstáculos y ayudándola cuando quedaba bloqueada, hasta que al final se le perdía de vista y desaparecía en los remolinos que el pequeño canal formaba al caer en una brusca pendiente. Boabdil era ahora una leve rama de olivo llevada por un río caudaloso, enfurecido por una tormenta. De ese modo lo veía Morayma caminar entre la soldadesca, entre los bereberes recién llegados de África, entre aquellos hombres acostumbrados a la sangre y la muerte.  Su príncipe, aquel muchacho indeciso e inocente que conoció en Loja, se dirigía sin saberlo a aquella torrentera llena de furia que lo transformaría y de la que, pasara lo que pasara, saldría tan distinto al joven que conoció y que ya para ella siempre sería un extraño. Otro. Un Boabdil diferente. Un hombre ya no para ella, sino para su pueblo, para Granada”. (Antonio Soler, “Boabdil, un hombre contra el destino”).
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Cádiar desde la Loma Cayón


  • Datos de la etapa:
    • Itinerario: Almegíjar-Loma del Almendral-Loma del Tío Agustín-Rambla del Guadalfeo-Cortijo de los Mudicos-Cortijo El Primitivo-Cortijo la Solana-Molino del Tajo del Águila-Rambla del Lagarto-Loma Cayón-Cortijo de los Reinosos-Alquería de Morayma-Río de Cádiar o Guadalfeo-Cádiar.
    • Recorrido: Lineal, 16,2 kms.
    • Dificultad: Media. La bajada desde Almegíjar hasta la Rambla del Guadalfeo, tiene tramos en mal estado, con bastante pendiente y piedra suelta. Índice de dificultad IBP 59. Ver más datos IBP aquí>>>
    • Tiempo en movimiento: 4 h 48 minutos.
    • Acumulado: 505 m subiendo; 397 m bajando.
    • Velocidad media: 3,4 kms/h
    • Descripción:
      • Almegíjar, sábado, 16 de septiembre de 2017: Dejamos nuestro vehículo en el aparcamiento que hay junto a los jardines de las pistas deportivas y la piscina municipal, en la misma entrada del pueblo. A la derecha, a corta distancia, tenemos el Mirador del Tajo de la Cruz, de espectaculares vistas, así como la Cueva y la Raja del Moro.
      • A primeras horas de la mañana, la población se encuentra tranquila, adormecida y silenciosa. Es raro encontrar algún vecino y más en un día festivo como hoy (la Octava de las Fiestas del Cristo de la Salud).
      • Recorrer sus calles es todo un placer de calma y tranquilidad. Se nota que estamos en un pueblo en donde el tiempo permanece detenido, lejos del bullicio de los tiempos actuales y de la vorágine de las grandes ciudades. Por la calle Santo Cristo, llegamos a la calle Estación. Huele a pueblo, a pan recién hecho. Los caminantes, seguidores de la huella de Boabdil, no tienen dificultad alguna para guiarse hasta la cercana tahona y pedir uno de los exquisitos dulces típicos. El panadero, un afable donde los haya, nos aconseja, sin dudarlo siquiera, un bizcocho recién horneado, que aún caliente pasa al interior de la mochila, para servir de sustento más adelante en la jornada.
      • Continuamos nuestro paseo por sus solitarias calles, “Sitio Histórico de la Alpujarra”, viendo el Abrevadero para el ganado, la Fuente de los Caños, el Lavadero de las Pozas, la Iglesia Parroquial Santo Cristo de la Salud y el edificio del Ayuntamiento municipal.
      • Dejamos el casco urbano de Almegíjar por el sendero local de La Cuesta, en fuerte descenso, para, después de unos zigzagueos, abandonarlo a la izquierda. Seguimos por el sendero de la Alberquilla, que desciende, suavemente, entre la frondosa vegetación que abarrota los bancales y que como un verde dosel nos proporciona sombra y frescor. Pasamos junto a la alberquilla, que da su nombre al sendero, situada a la derecha. En Verano, era el lugar de juegos y baño, para los niños del lugar, entre los que se encontraba el humorista gráfico Francisco Martín Morales, Hijo Adoptivo de Almegíjar…
      • Por el paraje de El Almendral, llegamos a la base del Tajo del Cajelón, un lugar lleno de desprendimientos, antiguo emplazamiento de Almegíjar, que hubo de ser abandonado a causa del peligro constante que suponía la caída de grandes rocas sobre las viviendas.
      • Caminamos ahora descendiendo por la Loma del Tío Agustín, para finalmente llegar hasta la Rambla del Guadalfeo, que tomamos hacia arriba a partir de ahora.
      • ¡Atención!: Es importante decir que caminar por una rambla, es una actividad que debemos realizar siendo muy conscientes de ello. Las ramblas son espacios por los que transcurre un río o torrente, generalmente con poco caudal o ninguno, y que pueden experimentar fuertes crecidas ocasionales según la época del año, tormentas, etc. Por ello, se deben de adoptar las debidas precauciones, de manera que nuestro transitar por ellas, dependerá de la época del año y, por supuesto, de las previsiones meteorológicas.
      • Siguiendo a Gerald Brenan: “da comienzo la parte tediosa del viaje. El sendero asciende por el valle en una franja estrecha y monótona delimitada por tamariscos y álamos. Dos ventas ofrecían al caminante vino agrio y anís, pero no había aldeas y el río debía vadearse una y otra vez”.
      • Dicho lo anterior, seguimos nuestra ruta por la rambla del Guadalfeo, haciéndolo por los lugares que veamos más transitados y cómodos, por los pagos de la Umbría y la Cuesta de los Almendros, pasando consecutivamente por las inmediaciones del cortijo de los Mudicos, el cortijo El Primitivo, el cortijo de la Solana, el molino del Tajo del Águila, hasta llegar a la Rambla del Lagarto que atravesamos pasando bajo el puente por el que va la carretera local Gr-9027 (que desde el cruce de la carretera A-348, se dirige hacia Lobras: asentada en la solana de una loma a 938 metros de altura, entre la Loma de la Mojonera y el Cerro de Lobrascón).
      • ¡Atención!: Bajo este puente se cobija normalmente un gran rebaño de ovejas y allí tienen sus comederos, por lo que nos encontraremos también con los alarmantes ladridos de sus perros guardianes. Mientras no nos acerquemos a las ovejas no habrá problema, aunque lo mejor es caminar rápidamente para salir del territorio que custodia tan escandalosa jauría.
      • En éste punto dejamos el cauce del río Guadalfeo y nos adentramos en La Contraviesa. Oigamos a Pedro Antonio de Alarcón, al respecto: “La Contraviesa es una cordillera secundaria, paralela a Sierra Nevada y al Mar Mediterráneo. Mientras los demás hijos del Mulhacén, corren de Norte a Sur, ella corre de Poniente a Levante. Tiene once leguas de longitud y parece una enorme pantera, de remendada piel, cuya cabeza es la Sierra de Lújar; cuyas manos se llaman la Punta de Carchuna y la Sierra de Jubiley; cuyas patas forman los Montes de Adra y los Cerros de Cojáyar, y cuya cola se extiende tanto como el Cerrajón de Murtas”; y a Gerald Brenan: “La cordillera costera, listada, pulida y plegada como un terciopelo ajado, es una antigua cadena de montañas, moldeadas por la erosión en suaves curvas de rocas esquistosas y brillante mica. En su ladera meridional hay plantaciones de viñas que producen el mejor vino blanco de la Comarca, y las pendientes norteñas están salpicadas de almendros e higueras”.
      • Abandonamos pues la rambla, pasando junto a las ruinas del Cortijo de Buen Humor, antiguo molino de aceite, subiendo por el sendero GR-7 que va hacia Cádiar y que sube ahora en gran pendiente por el Cerro del Almirez, y donde encontraremos alternativamente bosque mediterráneo conviviendo con plantaciones de viñas, almendros e higueras. Superada la fuerte pendiente, seguimos por la alargada Loma de Cayón, disfrutado de bellas panorámicas y de hermosas y ancestrales encinas, llegamos hasta el cortijo de los Reinosos y la gran Alquería de Morayma, complejo agro-forestal con alojamientos rurales muy bien adaptados al entorno.
      • Desde este punto contemplamos Cádiar al noreste, encajada en el valle del río Guadalfeo, por aquí llamado también río Cádiar.
      • Descendemos hasta el valle, y toca caminar entre frondosas huertas, vergeles de herencia morisca en la que abundan todo tipo de cultivos y frutales. Poco a poco llegamos hasta las inmediaciones de Cádiar, atravesando un puente que nos lleva sin apenas darnos cuenta, por la calle Real, hasta la famosa plaza en la que se encuentra la Fuente del Vino y la gran iglesia de Santa Ana del siglo XVI, punto en el que damos por terminada esta etapa.
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Cádiar, vista desde el mirador del Barrio Bajo. Al fondo Alcútar y los Bérchules.


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  • Ver Track y perfil de la etapa aquí>>>

  • Datos de Interés:
    • Alojamiento: Las posibilidades para alojarse en esta zona es bastante amplia, sobre todo porque la red de alojamientos rurales es bastante considerable. En el mismo Cádiar, recomendamos la Pensión Cadí, también restaurante, en donde podremos descansar cómodamente y degustar ricos platos de la zona a un precio bastante aceptable, teniendo en cuenta la relación calidad/precio.
    • Gastronomía: Estamos en la Alpujarra y Cádiar es una de sus poblaciones más importantes, por ese motivo, no es difícil encontrar bares y restaurantes en los que encontrar platos de recia arraigambre morisca. También podemos degustar y adquirir ricos dulces en la panadería- pastelería Servando, que seguro estamos no defraudará a los paladares más exigentes. No olvidar los afamados vinos de la Contraviesa, blancos, tintos y rosados, que acompañarán bien los platos que decidamos degustar.
    • Transporte: La empresa ALSA se encarga de comunicar Cádiar con Granada, pasando por todos los pueblos de la comarca.
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Información en la parada del bus de Cádiar, 16 de Septiembre de 2017

  • Lugares a visitar: Iglesia Parroquial de Santa Ana (siglo XVI), Fuente del Vino, pastelería Servando y casco urbano de claro origen morisco, de calles estrechas, tinaos y blancas casas de reluciente cal, profusamente adornadas de macetas y parras, que dan un toque pintoresco muy llamativo y colorista.
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Callejas de Cádiar

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