Vélez Benaudalla: Castillo de los Ulloa – Iglesia Ntra. Sra. del Rosario – Jardín Nazarí – Sendero Cámara del Agua

Wallis Banu Abd-Allah (Valle del Hijo del Siervo de Dios), hoy Vélez Benadudalla, era en la época de Boabdil una pequeña alquería rural, que ocupaba un estrecho valle entre las laderas de la Sierra de Lújar y el curso del río Guadalfeo. Estaba situada a los pies de un promontorio rocoso dominado por una torre de defensa, con un entramado de calles estrechas, angostas e irregulares, a veces sin salida; con algunos adarves, placetas y callejones; una pequeña mezquita y una bella huerta-jardín. Sus habitantes se dedicaban a la agricultura y en menor media a la ganadería y a la minería.

P1090700

Vista del casco urbano de Vélez Benaudalla desde el mirador de la calle Finados

En ésta bonita ruta circular vamos a conocer su casco urbano, la margen del río Guadalfeo y las lomas al otro lado del río. La ruta tiene su inicio y final en la Plaza de la Constitución de Vélez Benaudalla, junto al edificio del Ayuntamiento y la Iglesia Parroquial Nuestra Señora del Rosario.

La ruta tiene dos tramos circulares que se entrecruzan en el punto de inicio/final de la ruta. El primer tramo nos lleva a conocer el casco antiguo de Vélez Benaudalla, en especial el Castillo de los Ulloa, el Paseo del Nacimiento y la Iglesia Parroquial Nuestra Señora del Rosario. El segundo tramo nos lleva a conocer el Jardín Nazarí, el Sendero de la Cámara del Agua, el Área Recreativa de la Explanación y el curso del río Guadalfeo a su paso por ésta localidad.

El itinerio de la ruta es el siguiente:

Primer tramo:

Salimos de la Plaza de la Constitución, en dirección hacia Motril, por la antigua carretera N-323, hoy calle Federico García Lorca. Pasada la antigua casa del marqués y el Bar Los Ángeles, nos desviamos a la izquierda, por el tinao de la calle Nueva (con un cartel en la parte superior que indica: El Molino).

Nos adentramos en el barrio más antiguo: su pasado árabe nos transmite el sabor inconfundible de la Garnatha Nazarí.

Subimos la estrecha calle Nueva para pasar por un segundo y bajito tinao y girar a la izquierda por la calle Real. Casas encaladas, con coloridas macetas que adornan ventanas y balcones, dan un contraste de sabor tradicional.

Dejamos la zona de falso llano de la calle Real para desviarnos a la derecha, por la calle Finados, subiendo la Escalerilla de los Muertos: lugar por donde transcurrían los cortejos fúnebres desde la Iglesia hasta el cementerio.

Los suelos están pavimentados con travertino de la localidad y con empedrados granadinos, en la zona central de la estrecha calle.

Dejamos a la izquierda el Poyo de los Muertos, donde tradicionalmente se colocaba el féretro para hacer un descanso en la larga subida a hombros hasta su destino final. Poco después, a la derecha, se abre una pequeña plazoleta – mirador. Vamos cogiendo altura y las vistas van cambiando.

En el cruce con la calle Los Claveles, nos desviamos a la izquierda, subiendo, y poco después llegamos junto al Castillo.

P1090708

Vista del Castillo de los Ulloa

Tras la conquista del reino de Granada, Vélez de Benaudalla y otras tierras en Almuñécar y Los Guajares, fueron entregadas por parte de los Reyes Católicos a Don Rodrigo Fernández de Ulloa, Contador mayor de Castilla y Secretario de la Reina, por los servicios prestados durante la Guerra.

En 1494 Don Rodrigo Fernández de Ulloa, cedió la Villa de Velez-Benaudalla, a su hijo Don Juan de Ulloa, alcaide de Almuñecar, como Señor de la Villa, que reconstruyó el castillo entre 1494 y 1523, sobre los restos de la antigua torre de defensa nazarí.

El Castillo de Vélez Benaudalla (torreón o baluarte) es un edificio de planta heptagonal irregular, que ocupa unos 240 m2 de superficie, cimentado sobre la roca natural. Debido a lo irregular del terreno, su altura varía entre 10 y 15 metros. Tiene dos plantas y una terraza superior y su interior consta de 2 salas, con cubiertas de bóveda de cañón. Con muros almenados de 2 metros de espesor, contaba con vanos (mayores en sus fachadas menos accesibles) como sistema de defensa.

El Castillo quedó muy deteriorado durante los avatares de la Guerra de los moriscos, finalmente expulsados en 1570. Fue utilizado como fortín por el ejército invasor francés a principios del siglo XIX. El tiempo y el abandono hizo que quedara en estado ruinoso.

El Ayuntamiento de Vélez de Benaudalla lo compró en 1991 y comenzó su restauración con la ayuda de varias Escuelas Taller. Declarado Bien de Interés Cultural en 1994. En el año 2003 se abrió al público como Centro de Interpretación del Patrimonio.

Tras disfrutar de las espléndidas vistas que nos ofrecen los miradores del Rabiblanco (a la izquierda del Castillo) y del Castillo (a la derecha), podemos hacer una visita al antiguo Castillo de los Ulloa.

Tras la visita, continuamos con el itinerario de nuestra ruta, bajando por la calle Almendros, en escalerillas zigzagueantes, hasta enlazar con la calle Parradas, donde seguimos a la derecha, por terreno llano.

Poco después, cruzamos la Cuesta de los Cubos y llegamos al Paseo del Nacimiento: un hermoso camino, rodeado de vegetación, donde se localizan dos manantiales, cuyas aguas son conducidas por todo el municipio a través de acequias de regadío hasta llegar a los antiguos molinos harineros, al Jardín Nazarí y, en forma de cascada, desembocar el sobrante en el cauce del río Guadalfeo.

Pasada la Poza Chica (espacio circular donde llegan parte de las aguas del Nacimiento), seguimos por el paseo, junto a la acequia, bajo una pérgola de agradables y coloreadas bignonias, hacia la zona focal del Nacimiento.P1070514

Aguas carbonatadas, casi termales, que manan a una temperatura de 19 º C. bajan por una cascada desde el manantial de Fuente Nueva, y forman una poza seminatural, en la que aparecen otras surgencias, que manan directamente desde el subsuelo, y dan nombre a este paraje: El Nacimiento.

Culandrillos, berros, algunos helechos y flores de la viuda (con atractivas y bonitas flores azuladas), crecen en las rocas junto a la cascada de agua.

El rumor cantarino del agua, adormece el alma… pero hemos de seguir nuestra ruta.
Junto al Mesón Nacimiento, parten viejas canalizaciones que bajan por la calle Alambique. Seguimos su curso, pasando junto a unos primitivos y rústicos lavaderos de piedra, situados sobre el borde de la acequia, lugar donde antiguamente las mujeres acudían para hacer la colada.

Llegamos a la antigua carretera N-323, junto al Pilar de la Venta: un pilar de piedra, adosado a la pared de la casa que hace esquina y que está decorado con azulejos de Fajalauza, una de las cerámicas típicas de Granada.

Seguimos a la izquierda, por la acera. En esta parte final del primer tramo, la antigua carretera es hoy la calle Mariana Pineda. Pasamos, sucesivamente, junto al pequeño Parque El Molino de los Cubos, el Centro de Juventud, el Centro de Día/Hogar del Pensionista (antigua casa de Peones Camineros, ampliada), y la tienda de Roscos y Pestiños “Conchita”, para finalmente, acabar este primer tramo, llegando de nuevo a la Plaza de la Constitución, donde la Iglesia se merece una visita.

La actual Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario, es una construcción de estilo Neoclásico, obra supervisada por el arquitecto de Mayor de Madrid, Ventura Rodríguez, reinando en España Carlos III y finalizada en 1784. Podemos encontrar en ella retablos de gran belleza, entre los que destaca una Inmaculada atribuida a Pedro Anastasio Bocanegra. Está calificada como Monumento Histórico Artístico desde 1982.

P1090770

Vista de la Iglesia Ntra.Sra. del Rosario y el Castillo de los Ulloa, al fondo

Segundo tramo:

Salimos de la Plaza de la Constitución, bajando, junto al edificio del Ayuntamiento, por la calle Mártires. Poco después nos desviamos a la derecha, por la calle Galera e inmediatamente después, a la izquierda hacia la Placetilla, con sus siempre floreadas pérgolas y sus dos pilares de agua fresquita. Tras pasear por la Placetilla, llegamos al Jardín Nazarí y al Molino de San José.

P1090779

Fachada del edificio de entrada al Jardín Nazarí

El Jardín Nazarí fué una finca de recreo, pero de explotación agrícola. Los jardines del Al-Andalus eran un “Jardín de los Sentidos” y fueron diseñados para aportar al ser humano cinco grandes beneficios: Espiritual (ya que el jardín es la visión terrenal del paraíso), Estético (paisaje estimulante de todos los sentidos, e ideal para inspirar la creación artística), Psicológico ( su ambiente invita a la relajación, contemplación y el descanso), Botánico (lugar idóneo para procrear y aclimatar especies traídas de la tierras lejanas) y Alimenticio (el huerto, como parte imprescindible de un jardín nazarí, era la zona donde crecían productos hortícolas, plantas aromáticas, arboles frutales, etc.).

El Jardín Nazarí de Vélez Benaudalla es considerado el segundo más importante después del Generalife. Su elemento más característico es el “Jardín Vertical”: forma parte del tajo, que desde la planicie se despeña hasta el margen del río Guadalfeo, habiendo creado la lenta y prolongada sedimentación del agua caliza, a lo largo de milenios, unos relieves de formas singulares. A través de unas empinadas escalerillas se pueden visitar varias cuevas con formaciones de estalagmitas y estalactitas.

El molino de San José, está situado junto al Jardín Nazaría, y es un antiguo molino harinero de principios del siglo XIX.

Tras la gratificante visita al Jardín Nazarí, continuamos la ruta, siguiendo a la izquierda, por la calle La Palma. Poco después nos desviamos a la izquierda, antes de llegar a una vistosa buganvilla, por la calle Cabo.

Dejamos el casco urbano de Vélez y descendemos por la Cuesta del Río. Donde podemos observar los impresionantes travertinos calcáreos que forman las paredes del tajo por el que estamos descendiendo, hasta llegar a la carretera N-323, que atravesamos y seguimos por un corto camino que nos lleva a vadear las aguas del río Guadalfeo por el puente de Rufino.

Antiguamente, antes de la construcción del puente de Rufino, para facilitar el vadeo del cauce del río Guadalfeo, había en la zona en embarcadero de balsas, con un sistema de cuerdas y poleas.

Al otro lado del puente de Rufino, encontramos el primer poste indicativo de la Ruta circular de la Cámara del Agua. Una ruta que tiene mucho interés: por el entorno por el que discurre, la variedad de flora y fauna existente en el lugar, la diversidad orográfica, pero sobre todo, por el paisajismo del recorrido, que hacen que se convierta en una ruta única e irrepetible.

Vamos a seguir su señalización. Tenemos que afrontar la larga subida del barranco de las Viñas, de unos tres kilómetros de distancia y en la que vamos a salvar una altura de algo más de trescientos metros. Aunque en la subida hay algunas zonas de rellano y de descanso, es aconsejable afrontarla con tranquilidad y con “cariño”, disfrutando en cada parada que hagamos de las espectaculares vistas panorámicas que vamos a ir viendo, conforme ganemos altura.

Seguimos, al frente, subiendo por un camino, hoy, asfaltado. Poco después, nos desviamos a la derecha, subiendo por un camino de tierra, ganando altura poco a poco, pero sin descanso; zigzagueando, pasando por zonas de secano, alternando con cultivos de hortalizas en invernaderos y con plantaciones de plantas subtropicales, como el chirimoyo y sobre todo, el aguacate.

Poco antes de coronar la última subida hasta un depósito de agua (circular y de hormigón), un tramo de la rampa alcanza un desnivel del 19 %… pero es corto… Una vez llegado a la explanada que se abre junto al depósito de agua, las vistas son espectaculares: de la Sierra de Lújar que nos muestra en su totalidad su cara Oeste, de Vélez Benaudalla y del valle del río Guadalfeo, de Sierra Nevada, la Alpujarra y la presa de Rules; de la hendidura del Tajo de los Vados y la Sierra del Jaral, que nos separa de la línea costera del mar Mediterráneo…

Seguimos por camino/sendero de tierra, por una zona “rompepìes”, con bajadas y subidas hasta coronar el techo de ésta ruta junto a la Cámara del Agua, a 442 metros de altura, excelente lugar para hacer un pequeño receso, y reponer fuerzas (echando algo al estómago…) a la vez que disfrutamos del lugar y el paisaje que nos rodea.

P1090874

Tubería de la Subcentral Electrica que sale de la Cámara del Agua

La Cámara del Agua forma parte del Salto de Izbor (también lo he visto descrito como de Vélez Benaudalla): unas instalaciones de producción de energía eléctrica mediante la fuerza de la caída del agua; desde ésta Cámara el agua bajaba por una gran tubería (de un metro de diámetro) hasta las turbinas de la Subestación eléctrica, que se encuentran abajo, al pie de la ladera del monte, junto a la margen derecha del río Guadalfeo. El agua llega hasta la Cámara, por canalizaciones subterráneas, desde el embalse de Beznar (y antes de la construcción del embalse, de una pequeña represa construída entre Pinos del Valle y Beznar). Estas instalaciones fueron construídas en tiempos de la Segunda República, allá por 1933, por la Empresa “Fuerzas Motrices del Valle de Lecrín” (Empresa que llegó a ser en su día la Primera productora de electricidad a nivel provincial y la Cuarta a nivel andaluz). Cerca de la gran tubería que baja hasta la Subestación, hay un canal de desagüe, para aliviar la cámara de agua, en caso de necesidad. La Subcentral produce unos 11´98 megavatios de potencia y una tensión de 66 kilovatios. Hoy es propiedad de la Empresa Endesa.

Después del pequeño receso, retomamos nuestro camino, ahora en falso llano… Las vistas desde los diferentes miradores naturales que nos encontramos en el recorrido son “de postal” o de reportaje de Naturaleza de TVE-2.

Caminamos entre almendros, olivos, entre pinos carrasco y resinero, encinas, romeros, aulagas, jaras, enebros, cornicabras, lentiscos… zarzas y chumberas (muy afectadas por el hongo que las está exterminando por toda Andalucía).

Sin lugar a dudas, esta diversidad paisajística es la que hace que la diversión de los sentidos esté garantizada.

Llegamos al camino de la Bonela y enlazamos con el trazado de la etapa de la Ruta de Boabdil entre Izbor y Vélez Benaudalla. Siguiendo la señalización del sendero, nos desviamos a la derecha, bajando casi constantemente (salvo algún pequeño y corto repecho) hasta confluir en el carril de tierra, que baja desde la carretera N-323 y va paralero al curso del río Guadalfeo.

P1090954

Vista de la zona de la Subcentral eléctrica

Junto al cruce hay un cortijillo con una buganvilla: seguimos a la derecha, junto al cauce derecho del río y un espeso bosque de ribera: con grandes ejemplares de chopos, álamos, eucaliptos y también algunos alisos y sauces, entre una espesa barrera de cañaverales.
Tras pasar junto a las instaciones de la Subcentral Eléctrica de Endesa y ver la tubería desde la altura que baja… llegamos al Área Recreativa “La Explanación”, una playa fluvial artificial, con zona de barbacoas y merendero, kiosko/bar, cuarto de baño y aparcamientos, inaugurada en 2009, y lugar de “romerías” y reuniones familiares de la gente de Vélez y pueblos cercanos.

P1090963

Área Recreativa de la Explanación y el río Guadalfeo

A la derecha del Área Recreativa hay un puente metálico que salva el río, propiedad de Endesa y que hoy está “cerrado”, tras un accidente mortal que sufrió una muchacha en 2011.

Poco después enlazamos con el puente de Rufino, por el que cruzamos a la margen izquierda del río y subimos hacia el casco urbano de Vélez Benaudalla por la Cuesta del Río. Por la calle Cabo y después por la calle Estanco, llegamos a la Plaza de la Constitución, punto y final de esta ruta circular en la que hemos podido disfrutar con los cinco sentidos….

Datos de la ruta:

  • Recorrido: Circular, 12´85 km.
  • Dificultad: Moderada (IBP = 61 HKG).
  • Tiempo de realización: 3 horas y 39 minutos.
  • Desnivel acumulado subiendo: 573 metros.
  • Desnivel acumulado bajando: 492 metros.

Track de la ruta:

Ver las fotos de la ruta: aquí>>>

Anuncios

Dúrcal-Peñón de los Moros-Baños de Ulquízar y Bacamía-El Alcázar

P3100113

Dúrcal desde el Peñón de los Moros

Con esta ruta circular, vamos a caminar ahora por parte de la plataforma alta del Valle de Lecrín. Lugares y localidades muy carismáticas de la provincia de Granada y que ya anteriormente habíamos recorrido con otras pretensiones, por ese motivo recurrimos a tarea ya hecha en el blog hermano de senderismo en el que se puede encontrar exhaustiva información sobre la misma.

Una precisión es con respecto a la ortografía de la palabra Bacamía o Vacamía, algo que no está claro, ya que se usa de forma indistinta según diferentes autores.

No podemos dejar a un lado la justa recomendación de visitar la Panadería de San Blás en Dúrcal, donde podremos encontrar riquísimos dulces, la mayoría de ellos de profunda raíz morisca, servidos con una gran amabilidad y costesía.

Ver la descripción completa de la ruta aquí>>>

Paseando por Granada

P3050010Traemos no una ruta, sino tres propuestas para pasear por Granada.

Y no es por nada, pero es que esta hermosa y bella capital, mi tierra nativa, da para eso y para mucho más.

Aprovecho el trabajo ya realizado anteriormente al respecto, en sucesivos acercamientos a Granada, para aprovechar lo ya incluido en el blog hermano de rutas de senderismo.

Todo está allí detallado y no vale la pena el copia y pega.

Trilogía Paseando por Granada>>>

El Pinar: Presa de Béznar – Ízbor – Los Acebuches

Por comodidad y facilidad de acceso, ésta ruta circular tiene su punto de inicio y final en la Presa de Béznar. Desde el aparcamiento de vehículos de la Presa, pasaremos junto a la antigua cantera, enlazaremos con el antiguo sendero de Pinos del Valle hacia Ízbor,  atravesaremos el barranco de Zaza, subiremos el sendero empedrado hasta el molino de sangre de Miguel Hernández, recorreremos el casco urbano de Ízbor, entraremos en la zona rompepies del barranco de las Tripas, el barranco del Hundiero, el barranco de Montoya y la cuesta del Arrastradero, descenderemos por la cuesta de la Granja hasta el casco urbano de Los Acebuches, y tras bajar la tormenta o lluvia de piedras del cerro de Despeñazorras, regresaremos al punto de inicio recorriendo la vega de Ízbor en su totalidad.

P1090379

Vista de la Presa de Béznar desde la Vega del río Ízbor

En la depresión de Melegís, los ríos Albuñuelas, Dúrcal y Torrente, entregan sus aguas, formando la cola del pantano de Béznar. De la cabecera del pantano, nace el río Ízbor, que zigzaguea, por un valle que se va encajando y estrechando progresivamente, abriéndose camino por una estrecha garganta… para salir del Valle de Lecrín…  unir sus aguas a las del río Lanjarón y entregarlas, inmediatamente, al río Guadalfeo en el pantano de Rules.

Además de la típica vegetación mediterránea (encinas, chaparros, pinos, robles, arbustos: retama, gayomba, tomillo, romero, esparto, aulagas, peonías, salvia, alhucema, martagón, …, olivos, almendros, cítricos, y toda clase de árboles frutales), en esta zona baja del Valle de Lecrín, veremos un pequeño anticipo de la Costa Tropical Granadina: frutos subtropicales como el aguacate, el chirimoyo, la guayaba o la platanera.

P1090361

Vista de Ízbor, su valle y el Pantano de Béznar, desde la Cuesta del Arrastradero

Disfrutaremos de parajes solitarios y recónditos, acequias rumorosas y cristalinas, senderos y trochas de arrieros, antiguos caminos empedrados, zonas de monte bajo y zonas primorosamente trabajadas por la mano del hombre: de cultivos tradicionales del Valle de Lecrín, como los naranjos, limoneros y mandarinos protegidos por olivos de gran porte, de la variedad “lechín”, que los cobijan de las heladas; y de cultivos novedosos como son las plantaciones de hortalizas y verduras en los pequeños huertos a ambos lados del curso del río Ízbor, entre una espesa vegetación de cañaverales, álamos, alisos, abedules, fresnos, acebos, chopos, sauces, …

IMG_20171028_115634

Puentes sobre el río Ízbor

Ya en las cercanías de Los Acebuches, veremos en una sóla imagen, unidos, el pasado y la modernidad: los restos del antiguo puente de arriería, el puente de Isabel II (1860), el puente de la carretera nacional N-323 (Bailén-Motril) (1990) y el puente de la nueva autovía (2008).

Ver fotos de la ruta aquí>>>

DATOS DE LA RUTA;

  • Recorrido: Circular, 12,3 km.
  • Dificultad: Moderada (IBP = 58 HKG).
  • Tiempo de realización: 3 horas y media.
  • Desnivel acumulado subiendo: 567 metros.
  • Desnivel acumulado bajando: 532 metros.

TRACK DE LA RUTA:

  • Descargar track de la ruta aqui>>>

PADUL: De los Cerros a la Laguna

Esta ruta circular, tiene su punto de inicio, junto al Ayuntamiento de El Padul, y el nuevo símbolo del municipio: el Gran Mamut y su cría, y discurre entre los Cerros de los Molinos, situados al Sur del núcleo urbano de El Padul (Granada), pasando junto al Vértice Geodésico de Cijancos (104169), situado a 892 metros de altura s.n.m., para descender después hacia la llanura de la Laguna y regresar al núcleo urbano por el antiguo camino del tranvía.

P1050376

Mamut y su cría, en la Plaza del Ayuntamiento de El Padul

Es una corta y bonita ruta, que tiene de todo: subidas, bajadas y llaneo… con unas vistas impresionantes de la plataforma superior de la Comarca Granadina del Valle de Lecrín y de la cara sur de las altas montañas de Sierra Nevada, con el pico tres mil más sureño: el pico del Caballo (3.051 metros altura s.n.m.).

P1050360

Alcatifas en el Cerro de los Molinos

La Laguna de El Padul es el principal humedal natural de la provincia de Granada.

Ha sido desecada varias veces desde la antigüedad, quedando como testimonio, las madres de la laguna (canales de desagüe) que evacuan las aguas de los nacimientos de la Laguna, hacia el río Dúrcal y el pantano de Beznar.

Conserva la mayor extensión de carrizal de Andalucía (tras Doñana). Es una Zona de Protección Grado A dentro del Parque Natural de Sierra Nevada.

Incluida en el Convenio de Ramsar desde 27-01-2006, de conservación y uso racional de los humedales.

Además del carrizal, conserva masas de juncos, aneas, lirios amarillos y lentejas de agua. La habitan o visitan, 158 especies de aves.

Tiene una superficie de 327 hectáreas, de las que 60 se encuentran encharcadas.

Desde 1943 se explotan dos zonas turberas en su interior (Aguadero y Agia), que constituyen la mayor turbera de Europa Meridional. Desde Septiembre de 2007, la zona del Aguadero se encuentra completamente inundada.

P1050363

Vista panorámica desde la cumbre del Cerro Cijancos

DATOS DE LA RUTA:

-Recorrido: Circular, 10,66 km.

-Dificultad: Moderada (IBP = 45 HKG).

–Tiempo de realización: 2 horas y 19 minutos.

-Desnivel acumulado subiendo: 285 metros.

-Desnivel acumulado bajando: 294 metros.

TRACK DE LA RUTA:

 

De Órgiva a los Olivos Centenarios y la Acequia de las Ventanas.

Una ruta por los alrededores de Órgiva, que nos va a permitir disfrutar de los ancestrales olivos centenarios y algunos milenarios, nos introduce desde la Rambla de Rio Seco en la amplia Rambla del rio Guadalfeo, para pasando por el anejo de los Agustines, subir hasta la antigua Acequia de las Ventanas que a través de Barranco Hondo nos llevará de vuelta hasta Órgiva.

P9300026Por la Rambla de Rio Seco hacia la del Guadalfeo

La Acequia de las Ventanas, es así llamada por los lugareños porque transcurre prácticamente embovedada de una densa espesura vegetal: eurcaliptos, pinos, olivos, zarzas, naranjos, limoneros y sobre todo, grandiosas higueras. Si tenemos la suerte de caminar en la época adecuada, el esfuerzo de andar se verá recompensado por sus deliciosos frutos.

P9300076.JPGAcequia de las Ventanas

Antes de entrar en Órgiva, podremos ver también un espectacular ejemplar de araucaria, que se eleva majestuoso hacia el celeste cielo.

P9300076b

Junto a la gran araucaria

Finalmente, accedemos a la localidad de Órgiva, por la que relajadamente paseamos por sus calles y plazas, disfrutando de un ambiente típico de feria en la Plaza de la Alpujarra, en donde podremos adquirir los típicos productos de esta comarca.

P9300100

Paseando por Órgiva

No debemos abandonar Órgiva, sin probar en la Venta del Puente el exquisito plato alpujarreño, y platos típicos como el puchero o el potaje de habichuelas.

Un colofón fantástico para una agradable ruta.

P9300098.JPG

Mapa de cerámica en la Plaza de la Alpujarra

Datos de la ruta:

– Recorrido: Circular, 12,54 kms.

– Dificultad: Fácil.

– Tiempo de realización: unas 5 horas, en plan paseo.

– Acumulado subiendo: 246 m

Track de la ruta:

Captura de pantalla 2017-10-20 19.54.04.png

La Leyenda del Soldado Encantado, de Lorena Marín

P1080957

Pili y María José tenían que hacer un trabajo sobre la Alhambra para el colegio y no se les ocurría absolutamente nada.
-¿De qué podemos hablar que no se haya contado ya? -Suspiró María José.
-Sobre su arquitectura -contestó su amiga.
-¿Por qué no un reportaje fotográfico sobre la flora? -propuso la madre de Pili-. Podríamos visitar los jardines.
-¿Las flores? Es un poco aburrido -suspiraron las amigas.
-¡HUU, HUU! -gritó Andrés, el hermano pequeño-. ¡Soy el fantasma de la Alhambra!.
-¡Las leyendas! -exclamaron a la vez las dos amigas, asustando al pobre niño. La palabra fantasma había despertado en ellas la imagen de bellas moriscas y regios soldados.
-La Alhambra está llena de leyendas, ¡vamos a investigar! -exclamó Pili, cogiendo la mochila. Y, ni cortas ni perezosas, las chicas salieron corriendo hacia la biblioteca municipal.
-¡BUFF! Qué cantidad de leyendas -exclamó María José, poniendo los ojos en blanco cuando la bibliotecaria les dejó sobre la mesa una veintena de libros.
-Aún quedan más -contestó la bibliotecaria-, pero creo que para empezar tenéis más que suficiente.
Media hora después, Pili comentó:
-Me está gustando mucho una que estoy leyendo.
-¿De qué va! -le preguntó su amiga.
-Creo que esta historia ocurrió allá por el siglo XVII, cuando un estudiante que se pagaba la Universidad tocando la guitarra por las calles de Granada se encontró, una noche, con un soldado vestido como en la época de al-Ándalus:
“Era ya medianoche cuando el estudiante se apoyó contra el muro de un típico carmen del barrio del Albaicín. La fragancia de los jazmines y naranjos llegó hasta él. Necesitaba descansar y le habría encantado sentarse en el jardín de la casa andaluza. Llevaba horas rondando las callejuelas y tocando la guitarra para ganarse unos cuantos céntimos de cobre. No había podido conseguir lo suficiente y no podría pagarle el alquiler a doña Paca, su casera.
Mientras se arrebujaba bajo su capa, pues hacía bastante fresco en Granada la víspera de San Juan, el joven vio a un extraño que se acercaba con buen paso. Era un soldado con armadura y lanza”.
-¿Era carnaval y el hombre iba disfrazado?.
-Pues parece que no; era un auténtico soldado de cuando reinaba en Granada Boabdil, el Rey Chico.
-¡Pues eso parece magia! -exclamó María José, que se ganó una buena reprimenda de la bibliotecaria por hablar en voz alta.
-Si, era magia de verdad. El soldado se acercó al estudiante y le explicó que había sido hechizado por un alfaquí.
-¿Un qué?.
-Un alfaquí era una especie de sabio erudito. La leyenda cuenta que, cuando el rey Boabdil tuvo que abandonar la Alhambra a los Reyes Católicos, dejó escondido en el palacio algunos de sus numerosos tesoros.
Pili siguió contanto que el alfaquí había embrujado a un pobre soldado para que custodiara el oro y las piedras preciosas del palacio.
“El soldado le dijo al estudiante: Esta noche, y sólo esta, como cada cien años, puedo salir del palacio. Para romper el hechizo que me tiene prisionero debo llevar a la sala donde está encerrado el tesoro a un monje o sacerdote en ayunas y a una doncella.
Necesito que me ayudéis. Os daré todo el tesoro de mi rey Abú Abdalah, también conocido por Boabdil.
El estudiante, emocionado por lo que le acababa de contar el soldado, le pidió que no se marchara, pues quería ir a buscar a un cura y a una muchacha que conocía.
Despertar a la chica no le contó trabajo y menos convencerla de que iba a ganar mucho dinero si le seguía hasta la Alhambra; encontrar al religioso le resultó más complicado. Por fín dió con uno que estaba de paso por Granada y se alojaba en la misma posada que él.
El estudiante, la muchacha y el cura siguieron al extraño soldado por una cuesta empinada bordeada de viejos olmos.
Como el sacerdote era bastante gordito y no le gustaba nada caminar, se cansó en seguida. Su estómago empezó a rugir de hambre; habían pasado ya muchas horas desde el último bocado de comida.
Entraron en la Alhambra siguiendo al soldado. De pronto, en una inmensa sala descubrieron el tesoro más maravilloso del mundo.
El estudiante y la muchacha no podían hablar, completamente deslumbrados por la sorpresa. Delante de sus ojos, docenas y docenas de cofres rebosaban monedas y joyas.
-¡Seré rico, rico, rico! -cantaba el muchacho, metiendo sus manos en las montañas de oro-. ¡Se acabó tocar la guitarra por las calles para sacar tres ochavos!.
La joven se probaba coronas de plata, tiaras de rubís, collares de piedras preciosas, pulseras de diamantes, sedas de Oriente y ricos brocados.
-Sí, sí, si -gruñía el cura, buscando en su zurrón un currusco de pan o un trozo de queso de oveja-, el tesoro está muy bien, pero no se come, ¡y yo quiero comer!.
Por fin, el sacerdote encontró unas rodajas de salchichón, una tira de carne y dos galletas. Le habían advertido de que el hechizo se cumplía solo estando en ayunas, pero el hombre no aguantó y se zampó lo que llevaba en la bolsa.
De repente, un gran estruendo dejó a todos paralizados. El soldado se echó las manos a la cabeza y se puso a dar gritos: sabía que alguien había roto la magia.
El estudiante, la muchacha y el cura no daban crédito a sus ojos, viendo cómo desaparecía la sala de los tesoros con el pobre soldado en su interior”.
Las niñas no se dieron cuenta de que había pasado mucho tiempo y que la biblioteca ya estaba cerrada. No quedaba nadie en el edificio y se habían olvidado de ellas.
Mientras recorrían las salas, intentando no tropezar con las mesas, vieron una luz al final del pasillo.
Las niñas se dirigieron hacia el foco. Cuando llegaron, descubrieron atónitas a un hombre vestido como un soldado antiguo.
-Necesito que me ayudéis -les dijo el soldado con un acento extraño.
-Sólo queda un cuarto de hora para que se acabe el día y, si no llevo a palacio un monje en ayunas y una doncella, tendré que esperar otros cien años para intentar romper el embrujo -explicó el extraño a las dos amigas, que estaban cada vez más asombradas.
La chicas no se podían creer lo que les estaba ocurriendo. ¡Era exactamente la misma historia que la leyenda del tesoro del Rey Boabdil!.
-Lo sentimos mucho -contestó Pili-, pero es muy tarde y no hay ningún cura aquí. Además, ent…
-¡Tengo la solución! -gritó María José, interrumpiendo a su amiga-. ¡Yo sé cómo romper el hechizo!. Conozco un encantamiento muy poderoso. Nunca falla, todos los magos del mundo lo utilizan: es el contra-hechizo más potente del universo.
Se acercó al soldado y le dijo:
-Es muy importante que se aprenda de memoria las palabras mágicas; si se equivoca, no se romperá el hechizo.
-Gracias, muchas gracias, lo intentaré -exclamó el soldado, esperanzado-. ¿Qué palabras son?.
-¡ABRACADABRA, PATA DE CABRA, TODOS LO GRITAN, TODOS LO HABLAN! GALLINITA, ¿QUÉ SE TE HA PERDIDO? UNA AGUJA Y UN DEDAL. PUES DA TRES VUELTECITAS Y LO ENCONTRARÁS.
María José sacó una manzana roja de su mochila y se la dió:
-Guárdela en el bolsillo para que el conjuro funcione.
-Mientras pronuncia las palabras mágicas tendrá que cerrar los ojos y dar tres vueltas sobre sí mismo.
Al soldado se le saltaron las lágrimas de pura felicidad. Nunca nadie había hecho eso por él.
-No hay tesoro en el mundo que pueda pagar tu generosidad -le dijo a María José mientras le dejaba algo en la palma de la mano.
Las dos amigas bajaron la mirada para ver qué era y soltaron un grito de sorpresa.
-¡Ay, madre! ¡Monedas de oro!.
Cuando fueron a darle las gracias al soldado, ésta ya no estaba en la biblioteca…
“Por un camino polvoriento, un soldado con armadura antigua paseaba alegremente, mientras mordía una manzana roja…”.

Las lágrimas de Boabdil de Mercé Viana

P1080997

I. ¡Vaya discusión tonta!

El curso había comenzado con un nuevo compañero, Yusuf, un niño agradable con los demás y muy discreto. Hablaba bastante bien el castellano, porque llevaba en España desde los seis años. Había vivido en diferentes partes de nuestra geografía, dependiendo del trabajo de su padre, Qasim. La madre, Amina, no trabajaba fuera de casa.

Los chicos y chicas del colegio lo acogieron bien y, desde el principio, intentaron que se encontrara cómodo entre ellos. Sin embargo, cuando Yusuf parecía estar integrado en clase, uno de los compañeros, Marcos, fue cambiando su actitud hacia el recién llegado. Su esquivez no tardó en ser advertida por los demás y, cuando alguien le preguntaba si le había pasado algo con él, tan sólo respondía:

– ¡Bah! Cada vez vienen mas…

El tiempo transcurría sin pena ni gloria, hasta que una mañana, a la hora del recreo, estalló lo que tenía que estallar. Marcos, con una agresividad inusual, se había negado a que Yusuf jugara al fútbol con los demás. Los compañeros no entendían aquella salida de tono y se quedaron más que sorprendidos mientras le escuchaban:

-¡Que se vaya a su país! Mi padre dice que con tanto extranjero aquí, al final tendremos que salir nosotros.

Yusuf, con los ojos brillantes, hacía verdaderos esfuerzos por mantener la calma hasta que le dijo:

-Eres injusto conmigo. Yo no soy un extranjero.

-¡Ah!, ¿no? ¡Entonces qué eres?.

-Algunos de mis antepasados nacieron y murieron en la ciudad de Granada. Los últimos tuvieron que abandonar su casa, hace quinientos años, para refugiarse en el país donde yo nací.

Marcos lo miró con recelo y le dijo, incrédulo:

-¡No me digas!.

-¡Es verdad!.

Justo en aquel momento, apareció Pilar, la tutora que tenían ese curso:

-¿Qué está pasando aquí?.

Los muchachos se miraron unos a otros y contestaron:

-Nada.

-¿Cómo que nada, si estáis rodeando a estos dos con cara de patos espantados?.

El silencio era absoluto hasta que Marcos decidió romperlo:

-Éste, que ahora me sale con que es como nosotros y eso no es verdad, porque…

-Pero Marcos, ¿se puede saber qué estás diciendo?. Claro que Yusuf es como tú y como yo, ¿o es que tiene dos cabezas y catorce brazos?.

-Pero él es extranjero y mi padre dice que…

-No sé lo que dice tu padre ni me interesa, pero ahora mismo nos vamos a clase a hablar de estas cosas, que tengo la impresión de que hace mucha falta.

-¡Oh, no! -protestaron los demás-. ¡Pero si aún nos quedan veinte minutos para jugar a fútbol!.

Pilar se quedó pensando un momento hasta que dijo:

-De acuerdo, hablaremos luego.

La verdad es que ni fútbol ni futbito. Marcos continuaba negándose a jugar con Yusuf, éste les dijo que no se preocupasen por él, se retiró a un rincón del patio y los demás se quedaron sin saber qué hacer ni qué decir. Una vez en clase, Pilar hizo repetir a los dos implicados lo que se habían dicho en el patio. Marcos, cuando volvió a escuchar lo de sus antepasados, saltó.

-Encima es un mentiroso. ¡Quinientos años!, ¿no te digo?.

-¡Yo no miento! -exclamó Yusuf ofendido-. Mi padre me lo ha contado y el suyo se lo contó a él, como se ha hecho en cada generación. Además, todavía conservamos la llave de la casa.

La profesora comenzó a interesarse por lo que decía Yusuf. La llave de la casa de una familia expulsada quinientos años atrás… No, no era la primera vez que había oído hablar de historias parecidas. La última se refería a una familia sefardí desterrada de la ciudad de Toledo.

Decidió pedir al chico que les contara todo lo que supiera de esa llave, pero antes aprovechó lo que había ocurrido para explicar a toda la clase la gravedad que encerraba la postura de Marcos. Todo el mundo, fuera de donde fuese, tenía derecho a buscar dentro o fuera de su país un trabajo digno. También los españoles, en otros tiempos de escasez, habían tenido que emigrar a diferentes países europeos en busca de una vida mejor.

-A nadie le gusta dejar su tierra si no es por necesidad -acabó diciendo.

-Pero, Pilar, ésta también es un poco mi tierra -volvió a decir Yusuf.

La profesora le miró dulcemente y dijo:

-Toda la tierra es un poco de todos, Yusuf, pero ¿por qué no nos cuentas la historia que te contó tu padre sobre vuestros antepasados?.

-¿De verdad queréis oírla? -preguntó el muchacho con incredulidad y cierta emoción en su voz.

El resto de compañeros y compañeras de clase, que comenzaban a tener curiosidad, contestaron:

-¡Pues claro!.

-¡Venga, Yusuf, cuéntala!.

-¡Jolines, tío, a mí ya me tienes en vilo!.

-¡Y a mí!.

Pilar le dió una palmadita en la espalda, como animándole a que comenzara, y el muchacho, con voz emocionada, inició su relato:

-Nosotros somos bereberes y cuenta mi padre que, durante muchas generaciones, nuestros antepasados vivieron en Granada. Fueron artesanos. Se dedicaban a la taracea…

-¿Tara qué?.

-¿Qué es eso? -le interrumpieron.

-Dejadle continuar -pidió la tutora.

-Taracea, he dicho taracea. Es un trabajo que consiste en incrustar trocitos de nácar, conchas o metales en la madera para hacer cofres, estuches, mesas, …

-¡Qué chulo! -dijo Lucía.

-Pues yo tengo una cajita de madera con nácar incrustado que me trajo mi tía Carmen de Granada el año pasado -añadió Paula.

-¿Queréis hacer el favor de no interrumpirle? -pidió la profesora, esta vez un poco molesta-. Venga, Yusuf, continúa.

-Pues eso, que mi familia se dedicaba a la artesanía y que, según dice mi padre, llegaron a tener un taller importante, en el que trabajaban también algunos aprendices.

La casa taller se encontraba en la parte alta de la ciudad llamada el Albaicín, una casa sobria por fuera y muy cómoda por dentro, tal como eran las viviendas de entonces, pero lo más importante es que se trataba de la vivienda de la familia.

Los años fueron pasando y en el reino de Granada convivían apaciblemente musulmanes, cristianos y también judíos. No existían problemas entre ellos.

Cuenta mi padre que, durante el reinado de Boabdil, el ejército cristiano rodeó Granada, y el rey, por temor a que destruyesen la ciudad que tanto amaba, decidió rendirse.

La reina cristiana se comprometió a dejar que los musulmanes continuaran viviendo en la ciudad, según sus costumbres. Pasó algún tiempo y los acuerdos entre la reina cristiana y Boabdil se rompieron, y muchos musulmanes que deseaban seguir fieles a su religión fueron desalojados de sus casas y expulsados de la ciudad. Mi familia sufrió esa decisión que no entendía. Cogió las pertenencias que pudo y la llave de la casa, con la esperanza de que podría recuperarla algún día. embarcó con otras familias con destino al norte de África y allí se instalaron todas ellas siempre con la vista puesta al otro lado del mar.

Desde entonces, esta historia ha sido transmitida de generación en generación y la llave de la casa la ha heredado el primer varón de cada una de ellas, por eso ahora la tiene mi padre y por eso nos sentimos un poquito granadinos.

La clase permanecía en silencio. Algunos de los alumnos incluso parecían emocionados por el relato, hasta que Pilar, la tutora, dirigiéndose a los demás, les dijo:

-Una historia interesante, ¿verdad?.

-Muy chula.

-Un poco triste…

-Pero es guay.

Pilar sonrió y les propuso:

-Se me acaba de ocurrir una idea. ¿Por qué no hacemos una investigación sobre el reino musulmán de Granada?.

-¿Más trabajo? -se oyó decir a alguien.

Las caras de los muchachos no parecían muy animadas hasta que la profesora añadió:

-Y, si vuestro interés va en aumento, cosa que no dudo, la investigación podría acabar, por ejemplo, por ejemplo, en una visita a Granada para el final de curso…

El semblante de aquellos chicos y chicas cambió completamente. Sus ojos se iluminaron  como los luceros en la noche y comenzaron a exclamar con alegría:

-¡Un viaje a Granada!.

-¿Vamos a ir a Granada a final de curso?.

-¿Nos dejarás ir a las discotecas?.

-¿Visitaremos la casa de Yusuf?.

Pilar comenzó a reír con ganas y les contestó:

-Todo se andará. De momento hemos de organizarnos muy bien para la investigación. Mañana traeré unas notas sobre el tema y, en función de las preguntas que os sugieran, enfocaremos el trabajo, ¿de acuerdo?.

 

La prisión de Boabdil de Ramón Sopena

P1080941

LA PRISIÓN DE BOABDIL, de Ramón Sopena (1920).

“El desastre de los cristianos en la Ajarquía de Málaga, causó general alegría en Granada, donde todos se entregaron al mayor regocijo; sólo hubo uno que no se asoció al entusiasmo público: el rey Boabdil, llamado el Chico, según unos por haber sido proclamado muy joven, o para distinguirle de su tío Abdallah, al decir de otros.

El nuevo emir veía con envidia los aplausos que el pueblo tributaba a su padre y especialmente a su tío el Zagal, y como ya empezaban a censurarle por la vida que hacía entre las delicias de la Alhambra, comprendió que, para no acabar de desconceptuarse entre los suyos, debía acometer también alguna empresa ruidosa contra los cristianos y eclipsar la gloria alcanzada por Muley Hacén en los alrededores de Málaga.

Con éste objeto reunió una hueste de 1.500 caballos y 7.000 infantes, la flor de los guerreros granadinos, con ánimo de entrar por la frontera de Écija antes que los españoles tuvieran tiempo de reponerse de su catástrofe. Contaba para realizar sus proyectos, con la ayuda del veterano Aliatar, el vencedor de Loja, a cuya hija, la tierna y sensible Moraima, había hecho Boabdil la compañera de su trono, la sultana favorita.

A mediados de Abril de 1483 salió Boabdil de Granada con su escogida hueste y lucidísimo acompañamiento,y a esa expedición se refiere el antiguo romance:

“Por esa puerta de Elvira, sale muy gran cabalgada… Cuanta pluma y gentileza, cuanto capellar de grana, cuanto bayo borceguí, cuanto raso que se esmalta. Cuanto de espuela de oro, cuanta estribera de plata. Toda es gente valerosa y experta para batalla. En medio de todos ellos va el rey Chico de Granada mirando las damas moras de las torres del Alhambra. La reina mora, su madre, de ésta manera le habla: Alá te guarde, mi hijo, Mahoma vaya en tu guarda”.

Mas al salir Boabdil por la citada puerta de Elvira, espantóse su caballo tordo, y tropezando la lanza en la bóveda del arco se hizo astillas: funesto presagio que llenó de espanto a los supersticiosos musulmanes, y algunos caudillos aconsejaron al rey que abandonase, o al menos, suspendiera una empresa que comenzaba con tan funestos auspicios. A poco de salir el ejército de la ciudad, atravesó el camino una raposa por entre las filas de los soldados, escapando ilesa de la nube de flechas que estos les arrojaron. Los cortesanos, invadidos de verdadero pavor, volvieron a aconsejar a su rey con mayor empeño que desistiera de aquella campaña; pero Boabdil, despreciando tan pueriles pronósticos, repuso enérgicamente: Yo desafiaré a la fortuna.

Prosiguió, pues, su camino, y habiéndosele incorporado en Loja su suegro Aliatar, pasó el Genil, devastó los campos de Aguilar, Cabra y Montilla y puso sitio a Lucena, rica e importante población, que había sido arrebatada por San Fernando a los árabes.

Don Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles, que a la sazón mandaba la villa, noticioso de la invasión de los sarracenos, pidió auxilio a su tío el conde de Cabra; pero, antes que pudieran llegar los socorros solicitados, Boabdil cercó y atacó impetuosamente a la población. El valeroso y joven alcaide de los Donceles, que estaba dispuesto a defenderla a todo trance, mandó tocar a rebato, y al tañido de las campanas acudieron los hombres armados a las tapias y aspilleras, logrando rechazar los primeros ataques de los moros.

Entonces, Ahmad, caudillo de los abencerrajes, a nombre de Boabdil, intimó al alcaide de los Donceles que abriese inmediatamente las puertas de la villa, pues, de lo contrario, el ejército sarraceno entraría a degüello.

– Decid a vuestro rey -contestó Fernando de Argote, en nombre del alcaide cristiano- que con la ayuda de Dios os haremos levantar el cerco de Lucena, y sabremos cortarle la cabeza y ponerla por trofeo en nuestros adarves.

En esto los ecos de las montañas repitieron un ruido estrepitoso de cajas e instrumentos de guerra, y en el campo agareno se produjo la mayor ansiedad, creyendo que venía contra ellos todo el poder de Andalucía. Boabdil y el propio Aliatar participaron de estos temores, y la infantería granadina se retiró cobardemente, permitiendo así al conde de Cabra, que era el que llegaba con sus guerreros, reunirse fácilmente con los sitiados.

Juntos los dos caudillos y animados de igual ardor, salieron de Lucena en busca de la caballería enemiga y se entabló una lucha terrible en el llano donde estaba dispuesta en orden de batalla y pronta a la pelea. Las primeras arremetidas de los abencerrajes fueron espantosas; pero la resistencia que opusieron los jinetes cristianos fue tan vigorosa que, desordenadas las filas sarracenas, Boabdil y Aliatar vieronse obligados a pelear revueltos en confusos pelotones.

De nuevo la aguda voz de los clarines, que anunciaba la llegada de refuerzos cristianos, que podían atacar por el flanco, sembraron la confusión y el pánico entre los musulmanes; la infantería sarracena, atropellada por su misma caballería, que huía desordenadamente, abandonó las acémilas cargadas con el botín de la anterior correría y todos juntos y en tropel emprendieron una retirada vergonzosa y torpe, cebándose en los que menos corrían las lanzas de los cristianos.

Sólo un escuadrón de nobles jóvenes granadinos, batióse con el mayor orden y denuedo hasta las orillas de un río, en cuyo lecho fangoso se encallaban hombres y bestias que intentaban vadearle.

Al frente de aquel escuadrón peleaba serenamente, dando pruebas de gran valor, un joven armado de lanza y cimitarra y de un puñal damasquino, ceñido de corazas forradas en terciopelo carmesí y montando sobre un soberbio alazán cubierto de ricos jaeces. Al llegar a la margen del río, el valeroso joven perdió su caballo y corrió a refugiarse en unos zarzales; pero el regidor de Lucena descubrió al fugitivo y le acometió con su lanza. El joven guerrero defendiose denodadamente con  su cimitarra, y sin duda hubiera triunfado de su enemigo, a no haberse presentado varios soldados del conde de Cabra, a los que tuvo que rendirse, vencido por la fuerza del número, ofreciendo un gran rescate.

Los soldados, adivinando por la indumentaria que se trataba de un personaje de valía, disputábanse al prisionero, y uno de ellos, para asegurar la presa, intentó asirle: más el apuesto y altivo musulmán desnudó rápidamente su puñal y le asestó una tremenda puñalada. Los gritos y las voces de la disputa atrajeron al alcaide de los Donceles, a quien el valiente moro se acogió, rindiéndose a discreción.

– ¿ Quién sois ?, preguntole el caudillo cristiano.

– Soy -contestó el agareno- de la ilustre familia de los Almayares, hijo del caballero Aben Alnayar.

El alcaide de los Donceles le puso la banda de cautivo, y ordenó que fuese conducido con todo miramiento al castillo de Lucena, donde se averiguaría su calidad y linaje.

Aliatar, entre tanto, con el resto de la caballería que pudo reunir, buscaba por Iznajar y Zagra el paso del Genil; pero allí le aguardaba una desagradable sorpresa. El intrépido don Alonso de Aguilar, uno de los pocos caudillos que se salvaron del desastre de la Ajarquía, acudía desde Antequera con sus caballeros en auxilio del alcaide de Lucena, y, al descubrir a los fugitivos, les arremetieron con la visera calada y lanza en ristre.

-¡Ríndete, y te otorgaré la vida!, dijo Aguilar al vencedor de Loja.

-¡Ni a tí ni a cristiano alguno se rendirá nunca Aliatar! -contestó el altivo moro, que contaba ya noventa años de edad.

-¡Pues acabe de una vez tu arrogancia! -replicó el cristiano y de un tremendo tajo le dividió las sienes.

Y el cuerpo del valeroso alcaide de Loja, derribado del caballo, se perdió en las aguas del río.

Así acabó el terrible anciano que, desde la humildísima condición de especiero, había escalado por su valor y sus méritos el más elevado puesto de la milicia de su país; así pereció, peleando, como correspondía a un guerrero de su talla colosal, a la mejor lanza del ejército granadino, el padre de la tierna y dulce sultana Moraima: y su muerte le libró de presenciar la humillación y la ruina de su patria.

El desastre y la derrota de la Ajarquía había sido vengado con creces: la batalla de Lucena costó a los sarracenos cinco mil hombres entre muertos y cautivos, de ellos mucha parte de la nobleza granadina, mil caballos, novecientas acémilas cargadas de botín, veintidós estandartes… y otra pérdida que, para el reino de Granada, fue la más temible de todas.

Tres días llevaba ya en la torre del homenaje de Lucena el valeroso joven, que dijo llamarse Alnayar, cuando unos cautivos granadinos que fueron conducidos a la misma prisión, al verle, se postraron en su presencia y, prorrumpiendo en lamentos, diéronle el tratamiento de rey y señor.

Entonces el supuesto caballero Alnayar tuvo que descubrirse al alcaide de los Donceles: era Boabdil, el rey Chico de Granada, el mismo a quien muchos escritores nuestros han representado como imbécil y cobarde, cuando tantas pruebas dió de lo contrario; el monarca desgraciado, a quien alumbraba mala estrella en sus empresas y combinaciones políticas y que sólo merece el epíteto de El Zogoibi (el Desventurado), por el cual le apellidaron los moros.

La infausta nueva del cautiverio de Boabdil, llevóla a la sultana madre y a la amante Moraima, esposa del rey, un noble moro, y Aixa, sin pérdida de momento, despachó una solemne embajada, compuesta de todos los nobles de su partido al rey Fernando, que se hallaba en Córdoba, ofreciendo una gran suma de dinero y multitud de cautivos cristianos por el rescate de su hijo.

El alcaide de los Donceles y el conde de Cabra, al saber la calidad de su prisionero, redoblaron sus atenciones para con él, tratándole como rey y procurando mitigar su pena y consolarle en su infortunio; y Fernando V hizo trasladar a Córdoba al desgraciado Boabdil, con gran ceremonia y suntuosa comitiva de caballeros andaluces, y satisfecho el orgullo del monarca con ver humillado en su presencia en la antigua corte de los califas al coronado prisionero, lo hizo conducir con igual respeto a la fortaleza de Porcuna.

Oída después la embajada y las proposiciones de la sultana Aixa, el rey católico sometió a la deliberación de su consejo si debía acceder o no al rescate de Boabdil. Encontrados fueron los pareceres: unos proponían que se conservase al cautivo como rehén de inmenso valor; y otros, por lo contrario, dijeron que se le debía poner en libertad, porque su sola presencia en Granada bastaría para encender la discordia y la guerra civil entre los musulmanes, lo cual equivalía a grandes triunfos para los cristianos. Consultada también la reina Isabel, adhirióse al voto de éstos últimos, y, en consecuencia, se acordó conceder la libertad al rey prisionero, bajo las siguientes condiciones: 1ª., Boabdil sería vasallo fiel de los reyes de Castilla; 2ª., pagaría un tributo anual de doce mil doblas; 3ª., entregaría cuatrocientos cautivos cristianos; 4ª., daría paso por sus tierras a las tropas cristianas que fuesen a hacer la guerra a su padre Muley Hacén y a su tío el Zagal; 5ª., se presentaría en la corte, cuando a ella fuese llamado, y daría su hijo y los de los principales nobles en rehenes para la seguridad de aquel convenio; 6ª., se guardaría treguas por dos años entre los dos príncipes.

Aceptadas por Boabdil las humillantes condiciones del rescate -dice el ilustre historiador don Modesto Lafuente- acordóse que tuviésen los dos reyes una entrevista en Córdoba. Fué, pues, conducido el rey moro a aquella ciudad con gran cortejo de duques, condes y caballeros cristianos. Recibido en el alcázar con toda etiqueta y ceremonia, hizo Boabdil el ademán de querer besar la mano a Fernando, doblando la rodilla y llamándole su libertador. Levantóle Fernando cariñosamente, diciendo que no podía permitir aquella humillación. Concluidas las ceremonias y ajustadas definitivamente las condiciones, un caballero abencerraje llevó en rehenes a Córdoba al tierno hijo de Boabdil y de Moraima y a otros nobles mancebos granadinos, y el desventurado padre pasó por el trance amargo de despedirse de su amado hijo, con lo cual partío libre para la frontera, escoltado por un cuerpo de caballeros y donceles andaluces, lleno de regalos que le hizo el rey Fernando, y con la esperanza de recobrar otra vez su trono”.

Boabdil, el último rey de Granada, de Jorge de Barnola

“BOABDIL, EL ÚLTIMO REY DE GRANADA”, de Jorge de Barnola.

Ilustraciones de A Cuatro Manos Estudio y Raquel Fraguas González.

1.- UN CUENTO EN LA PLAZA

“Era la hora de más afluencia en la plaza de Yamaa el-Fna, en Marrakech. Los niños acababan  de salir del colegio y corrían como locos esquivando a los coches que pasaban veloces por la calle, a las madres que iban cargadas con la compra, a los turistas que miraban asombrados las maravillas que ofrecía la plaza: bailarinas, encantadores de serpientes, acróbatas, faquires, magos… Pero de todo ese espectáculo, lo que a los niños les gustaba más era el narrador de historias, y ese día tenían una cita con Hisham, que era el mejor narrador de Marruecos.

El narrador de historias estaba rodeado de una veintena de chiquillos.

-Hisham, ¿qué nos contarás hoy? – preguntó uno de ellos.

-Bueno, ya que tengo un público tan amable, hoy contaré la historia de Boabdil el Chico.

-Niñas y niños… Señoras y Señores… Subid en esta máquina del tiempo y agarraos bien, porque vamos a viajar muy lejos. Ni más ni menos que hasta finales del siglo XV. ¿El lugar? El reino de Granada. Un paraje hermoso, como nunca se ha visto sobre la tierra, al pie de Sierra Nevada. Y un palacio: la Alhambra…

2.- EL PRÍNCIPE BOABDIL

Estaba amaneciendo. Los animales de la noche volvían a sus guaridas. El rocío de la mañana cubría las plantas. El sol escalaba los altos muros de la Alhambra. Era el inicio de un día como cualquier otro y los gallos saludaban al sol con sus cantos. Todo parecía tranquilo. O no. Había alguien gritando en el Patio de los Leones…

De repente se oyeron pasos en la Sala de los Reyes. Alguien se acercaba. Una cabeza asomó tras una columna.

-Bajad la voz ¿A qué viene tanto griterío?.

-Boabdil me ha pegado -dijo Yusuf.

-Estábamos jugando mamá -se defendió Boabdil.

-Habéis despertado a vuestro padre, ¿sabéis?. Estas no son horas para jugar. Id a vuestra habitación y preparaos para ir a la madrasa. ¡Ya!.

La madre se llamaba Aixa y era la esposa de Abul Hasán, príncipe heredero del trono de Granada. Aixa era una mujer muy ambiciosa que deseaba ser reina, y aquella mañana se había levantado muy feliz a pesar de la regañina que les había echado a sus hijos Boabdil y Yusuf. Estaba contenta porque el rey Abu Nasr Sad, padre de Abul Hasán, era muy viejo y pronto entregaría todo el poder a su hijo. Abul Hasán por fin sería el rey de Granada y Aixa, la reina.

… … … … … …

14.- LOS DÍAS MÁS TRISTES

Boabdil había perdido el reino de Granada, a su mujer y a su hijo mayor. Estaba destrozado. Ya no tenía sentido estar allí. Todo le recordaba a Moraima y a Yusuf.

En Octubre de ese mismo año decidió abandonar para siempre la península y embarcó junto con su hijo pequeño, su madre Aixa, su hermano Yusuf y todo su séquito.

Se estableció en Fez, protegido por el califa, que era familiar suyo, y allí vivió cuarenta años más hasta que murió, triste y olvidado, el último rey de Granada.

Pero…

¿Que fue de los granadinos?

Al principio el cambio no se notó mucho. El conde de Tendilla, al que los Reyes Católicos habían puesto como gobernador, respetaba las costumbres de la población: se seguía hablando en árabe, conservaban su religión, vamos, que todo seguía igual. Hasta que apareció en escena fray Francisco Jiménez de Cisneros, el confesor de la reina Isabel. A éste no le gustaba nada que los granadinos siguieran siendo musulmanes, por lo que no se le ocurrió otra cosa que provocarles quemando públicamente libros del Corán. Y claro, la chispa saltó y empezaron las primeras revueltas, lo que hizo que se anulada el tratado firmado con Boabdil mediante el cual se garantizaba la libertad religiosa. Ya todo eso había terminado. O los musulmanes se convertían al cristianismo o no les quedaba más remedio que emigrar a otro sitio. Ése había sido el jaque mate final de los Reyes Católicos, y unos 300.000 granadinos tuvieron que abandonar para siempre el lugar que les había visto nacer. Se calcula que 3.000.000 de marroquíes descienden de ellos.

15.- …Y ESTE CUENTO SE HA ACABADO

-Y aquí termina este episodio de la historia de al-Andalus -dijo, Hisham, el narrador de cuentos.

El público se puso a aplaudir, contentos por haber escuchado un relato tan bonito. Después el grupo comenzó a dispersarse por la plaza.

-¿Estás llorando? -le preguntó unos de los niños a Ismail.

-No. Es que se me ha metido algo en el ojo.

-Ya, y yo me lo creo. Estás llorando.

-¡Bueno, si! ¿Qué pasa? Me ha dado mucha pena Boabdil. Tuvo muy mala suerte.

-Tienes razón…Pero por lo menos fue rey. ¡Ya quisiera yo ser rey!.

-¡Anda, y yo!.

-Pues me pido ser Boabdil.

-Y yo el Zagal.

Y los dos niños se fueron corriendo por la plaza de Yamaa el-Fna, simulando que eran dos reyes nazaríes cabalgando por el reino de Granada”.