La Leyenda del Soldado Encantado, de Lorena Marín

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Pili y María José tenían que hacer un trabajo sobre la Alhambra para el colegio y no se les ocurría absolutamente nada.
-¿De qué podemos hablar que no se haya contado ya? -Suspiró María José.
-Sobre su arquitectura -contestó su amiga.
-¿Por qué no un reportaje fotográfico sobre la flora? -propuso la madre de Pili-. Podríamos visitar los jardines.
-¿Las flores? Es un poco aburrido -suspiraron las amigas.
-¡HUU, HUU! -gritó Andrés, el hermano pequeño-. ¡Soy el fantasma de la Alhambra!.
-¡Las leyendas! -exclamaron a la vez las dos amigas, asustando al pobre niño. La palabra fantasma había despertado en ellas la imagen de bellas moriscas y regios soldados.
-La Alhambra está llena de leyendas, ¡vamos a investigar! -exclamó Pili, cogiendo la mochila. Y, ni cortas ni perezosas, las chicas salieron corriendo hacia la biblioteca municipal.
-¡BUFF! Qué cantidad de leyendas -exclamó María José, poniendo los ojos en blanco cuando la bibliotecaria les dejó sobre la mesa una veintena de libros.
-Aún quedan más -contestó la bibliotecaria-, pero creo que para empezar tenéis más que suficiente.
Media hora después, Pili comentó:
-Me está gustando mucho una que estoy leyendo.
-¿De qué va! -le preguntó su amiga.
-Creo que esta historia ocurrió allá por el siglo XVII, cuando un estudiante que se pagaba la Universidad tocando la guitarra por las calles de Granada se encontró, una noche, con un soldado vestido como en la época de al-Ándalus:
“Era ya medianoche cuando el estudiante se apoyó contra el muro de un típico carmen del barrio del Albaicín. La fragancia de los jazmines y naranjos llegó hasta él. Necesitaba descansar y le habría encantado sentarse en el jardín de la casa andaluza. Llevaba horas rondando las callejuelas y tocando la guitarra para ganarse unos cuantos céntimos de cobre. No había podido conseguir lo suficiente y no podría pagarle el alquiler a doña Paca, su casera.
Mientras se arrebujaba bajo su capa, pues hacía bastante fresco en Granada la víspera de San Juan, el joven vio a un extraño que se acercaba con buen paso. Era un soldado con armadura y lanza”.
-¿Era carnaval y el hombre iba disfrazado?.
-Pues parece que no; era un auténtico soldado de cuando reinaba en Granada Boabdil, el Rey Chico.
-¡Pues eso parece magia! -exclamó María José, que se ganó una buena reprimenda de la bibliotecaria por hablar en voz alta.
-Si, era magia de verdad. El soldado se acercó al estudiante y le explicó que había sido hechizado por un alfaquí.
-¿Un qué?.
-Un alfaquí era una especie de sabio erudito. La leyenda cuenta que, cuando el rey Boabdil tuvo que abandonar la Alhambra a los Reyes Católicos, dejó escondido en el palacio algunos de sus numerosos tesoros.
Pili siguió contanto que el alfaquí había embrujado a un pobre soldado para que custodiara el oro y las piedras preciosas del palacio.
“El soldado le dijo al estudiante: Esta noche, y sólo esta, como cada cien años, puedo salir del palacio. Para romper el hechizo que me tiene prisionero debo llevar a la sala donde está encerrado el tesoro a un monje o sacerdote en ayunas y a una doncella.
Necesito que me ayudéis. Os daré todo el tesoro de mi rey Abú Abdalah, también conocido por Boabdil.
El estudiante, emocionado por lo que le acababa de contar el soldado, le pidió que no se marchara, pues quería ir a buscar a un cura y a una muchacha que conocía.
Despertar a la chica no le contó trabajo y menos convencerla de que iba a ganar mucho dinero si le seguía hasta la Alhambra; encontrar al religioso le resultó más complicado. Por fín dió con uno que estaba de paso por Granada y se alojaba en la misma posada que él.
El estudiante, la muchacha y el cura siguieron al extraño soldado por una cuesta empinada bordeada de viejos olmos.
Como el sacerdote era bastante gordito y no le gustaba nada caminar, se cansó en seguida. Su estómago empezó a rugir de hambre; habían pasado ya muchas horas desde el último bocado de comida.
Entraron en la Alhambra siguiendo al soldado. De pronto, en una inmensa sala descubrieron el tesoro más maravilloso del mundo.
El estudiante y la muchacha no podían hablar, completamente deslumbrados por la sorpresa. Delante de sus ojos, docenas y docenas de cofres rebosaban monedas y joyas.
-¡Seré rico, rico, rico! -cantaba el muchacho, metiendo sus manos en las montañas de oro-. ¡Se acabó tocar la guitarra por las calles para sacar tres ochavos!.
La joven se probaba coronas de plata, tiaras de rubís, collares de piedras preciosas, pulseras de diamantes, sedas de Oriente y ricos brocados.
-Sí, sí, si -gruñía el cura, buscando en su zurrón un currusco de pan o un trozo de queso de oveja-, el tesoro está muy bien, pero no se come, ¡y yo quiero comer!.
Por fin, el sacerdote encontró unas rodajas de salchichón, una tira de carne y dos galletas. Le habían advertido de que el hechizo se cumplía solo estando en ayunas, pero el hombre no aguantó y se zampó lo que llevaba en la bolsa.
De repente, un gran estruendo dejó a todos paralizados. El soldado se echó las manos a la cabeza y se puso a dar gritos: sabía que alguien había roto la magia.
El estudiante, la muchacha y el cura no daban crédito a sus ojos, viendo cómo desaparecía la sala de los tesoros con el pobre soldado en su interior”.
Las niñas no se dieron cuenta de que había pasado mucho tiempo y que la biblioteca ya estaba cerrada. No quedaba nadie en el edificio y se habían olvidado de ellas.
Mientras recorrían las salas, intentando no tropezar con las mesas, vieron una luz al final del pasillo.
Las niñas se dirigieron hacia el foco. Cuando llegaron, descubrieron atónitas a un hombre vestido como un soldado antiguo.
-Necesito que me ayudéis -les dijo el soldado con un acento extraño.
-Sólo queda un cuarto de hora para que se acabe el día y, si no llevo a palacio un monje en ayunas y una doncella, tendré que esperar otros cien años para intentar romper el embrujo -explicó el extraño a las dos amigas, que estaban cada vez más asombradas.
La chicas no se podían creer lo que les estaba ocurriendo. ¡Era exactamente la misma historia que la leyenda del tesoro del Rey Boabdil!.
-Lo sentimos mucho -contestó Pili-, pero es muy tarde y no hay ningún cura aquí. Además, ent…
-¡Tengo la solución! -gritó María José, interrumpiendo a su amiga-. ¡Yo sé cómo romper el hechizo!. Conozco un encantamiento muy poderoso. Nunca falla, todos los magos del mundo lo utilizan: es el contra-hechizo más potente del universo.
Se acercó al soldado y le dijo:
-Es muy importante que se aprenda de memoria las palabras mágicas; si se equivoca, no se romperá el hechizo.
-Gracias, muchas gracias, lo intentaré -exclamó el soldado, esperanzado-. ¿Qué palabras son?.
-¡ABRACADABRA, PATA DE CABRA, TODOS LO GRITAN, TODOS LO HABLAN! GALLINITA, ¿QUÉ SE TE HA PERDIDO? UNA AGUJA Y UN DEDAL. PUES DA TRES VUELTECITAS Y LO ENCONTRARÁS.
María José sacó una manzana roja de su mochila y se la dió:
-Guárdela en el bolsillo para que el conjuro funcione.
-Mientras pronuncia las palabras mágicas tendrá que cerrar los ojos y dar tres vueltas sobre sí mismo.
Al soldado se le saltaron las lágrimas de pura felicidad. Nunca nadie había hecho eso por él.
-No hay tesoro en el mundo que pueda pagar tu generosidad -le dijo a María José mientras le dejaba algo en la palma de la mano.
Las dos amigas bajaron la mirada para ver qué era y soltaron un grito de sorpresa.
-¡Ay, madre! ¡Monedas de oro!.
Cuando fueron a darle las gracias al soldado, ésta ya no estaba en la biblioteca…
“Por un camino polvoriento, un soldado con armadura antigua paseaba alegremente, mientras mordía una manzana roja…”.

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Las lágrimas de Boabdil de Mercé Viana

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I. ¡Vaya discusión tonta!

El curso había comenzado con un nuevo compañero, Yusuf, un niño agradable con los demás y muy discreto. Hablaba bastante bien el castellano, porque llevaba en España desde los seis años. Había vivido en diferentes partes de nuestra geografía, dependiendo del trabajo de su padre, Qasim. La madre, Amina, no trabajaba fuera de casa.

Los chicos y chicas del colegio lo acogieron bien y, desde el principio, intentaron que se encontrara cómodo entre ellos. Sin embargo, cuando Yusuf parecía estar integrado en clase, uno de los compañeros, Marcos, fue cambiando su actitud hacia el recién llegado. Su esquivez no tardó en ser advertida por los demás y, cuando alguien le preguntaba si le había pasado algo con él, tan sólo respondía:

– ¡Bah! Cada vez vienen mas…

El tiempo transcurría sin pena ni gloria, hasta que una mañana, a la hora del recreo, estalló lo que tenía que estallar. Marcos, con una agresividad inusual, se había negado a que Yusuf jugara al fútbol con los demás. Los compañeros no entendían aquella salida de tono y se quedaron más que sorprendidos mientras le escuchaban:

-¡Que se vaya a su país! Mi padre dice que con tanto extranjero aquí, al final tendremos que salir nosotros.

Yusuf, con los ojos brillantes, hacía verdaderos esfuerzos por mantener la calma hasta que le dijo:

-Eres injusto conmigo. Yo no soy un extranjero.

-¡Ah!, ¿no? ¡Entonces qué eres?.

-Algunos de mis antepasados nacieron y murieron en la ciudad de Granada. Los últimos tuvieron que abandonar su casa, hace quinientos años, para refugiarse en el país donde yo nací.

Marcos lo miró con recelo y le dijo, incrédulo:

-¡No me digas!.

-¡Es verdad!.

Justo en aquel momento, apareció Pilar, la tutora que tenían ese curso:

-¿Qué está pasando aquí?.

Los muchachos se miraron unos a otros y contestaron:

-Nada.

-¿Cómo que nada, si estáis rodeando a estos dos con cara de patos espantados?.

El silencio era absoluto hasta que Marcos decidió romperlo:

-Éste, que ahora me sale con que es como nosotros y eso no es verdad, porque…

-Pero Marcos, ¿se puede saber qué estás diciendo?. Claro que Yusuf es como tú y como yo, ¿o es que tiene dos cabezas y catorce brazos?.

-Pero él es extranjero y mi padre dice que…

-No sé lo que dice tu padre ni me interesa, pero ahora mismo nos vamos a clase a hablar de estas cosas, que tengo la impresión de que hace mucha falta.

-¡Oh, no! -protestaron los demás-. ¡Pero si aún nos quedan veinte minutos para jugar a fútbol!.

Pilar se quedó pensando un momento hasta que dijo:

-De acuerdo, hablaremos luego.

La verdad es que ni fútbol ni futbito. Marcos continuaba negándose a jugar con Yusuf, éste les dijo que no se preocupasen por él, se retiró a un rincón del patio y los demás se quedaron sin saber qué hacer ni qué decir. Una vez en clase, Pilar hizo repetir a los dos implicados lo que se habían dicho en el patio. Marcos, cuando volvió a escuchar lo de sus antepasados, saltó.

-Encima es un mentiroso. ¡Quinientos años!, ¿no te digo?.

-¡Yo no miento! -exclamó Yusuf ofendido-. Mi padre me lo ha contado y el suyo se lo contó a él, como se ha hecho en cada generación. Además, todavía conservamos la llave de la casa.

La profesora comenzó a interesarse por lo que decía Yusuf. La llave de la casa de una familia expulsada quinientos años atrás… No, no era la primera vez que había oído hablar de historias parecidas. La última se refería a una familia sefardí desterrada de la ciudad de Toledo.

Decidió pedir al chico que les contara todo lo que supiera de esa llave, pero antes aprovechó lo que había ocurrido para explicar a toda la clase la gravedad que encerraba la postura de Marcos. Todo el mundo, fuera de donde fuese, tenía derecho a buscar dentro o fuera de su país un trabajo digno. También los españoles, en otros tiempos de escasez, habían tenido que emigrar a diferentes países europeos en busca de una vida mejor.

-A nadie le gusta dejar su tierra si no es por necesidad -acabó diciendo.

-Pero, Pilar, ésta también es un poco mi tierra -volvió a decir Yusuf.

La profesora le miró dulcemente y dijo:

-Toda la tierra es un poco de todos, Yusuf, pero ¿por qué no nos cuentas la historia que te contó tu padre sobre vuestros antepasados?.

-¿De verdad queréis oírla? -preguntó el muchacho con incredulidad y cierta emoción en su voz.

El resto de compañeros y compañeras de clase, que comenzaban a tener curiosidad, contestaron:

-¡Pues claro!.

-¡Venga, Yusuf, cuéntala!.

-¡Jolines, tío, a mí ya me tienes en vilo!.

-¡Y a mí!.

Pilar le dió una palmadita en la espalda, como animándole a que comenzara, y el muchacho, con voz emocionada, inició su relato:

-Nosotros somos bereberes y cuenta mi padre que, durante muchas generaciones, nuestros antepasados vivieron en Granada. Fueron artesanos. Se dedicaban a la taracea…

-¿Tara qué?.

-¿Qué es eso? -le interrumpieron.

-Dejadle continuar -pidió la tutora.

-Taracea, he dicho taracea. Es un trabajo que consiste en incrustar trocitos de nácar, conchas o metales en la madera para hacer cofres, estuches, mesas, …

-¡Qué chulo! -dijo Lucía.

-Pues yo tengo una cajita de madera con nácar incrustado que me trajo mi tía Carmen de Granada el año pasado -añadió Paula.

-¿Queréis hacer el favor de no interrumpirle? -pidió la profesora, esta vez un poco molesta-. Venga, Yusuf, continúa.

-Pues eso, que mi familia se dedicaba a la artesanía y que, según dice mi padre, llegaron a tener un taller importante, en el que trabajaban también algunos aprendices.

La casa taller se encontraba en la parte alta de la ciudad llamada el Albaicín, una casa sobria por fuera y muy cómoda por dentro, tal como eran las viviendas de entonces, pero lo más importante es que se trataba de la vivienda de la familia.

Los años fueron pasando y en el reino de Granada convivían apaciblemente musulmanes, cristianos y también judíos. No existían problemas entre ellos.

Cuenta mi padre que, durante el reinado de Boabdil, el ejército cristiano rodeó Granada, y el rey, por temor a que destruyesen la ciudad que tanto amaba, decidió rendirse.

La reina cristiana se comprometió a dejar que los musulmanes continuaran viviendo en la ciudad, según sus costumbres. Pasó algún tiempo y los acuerdos entre la reina cristiana y Boabdil se rompieron, y muchos musulmanes que deseaban seguir fieles a su religión fueron desalojados de sus casas y expulsados de la ciudad. Mi familia sufrió esa decisión que no entendía. Cogió las pertenencias que pudo y la llave de la casa, con la esperanza de que podría recuperarla algún día. embarcó con otras familias con destino al norte de África y allí se instalaron todas ellas siempre con la vista puesta al otro lado del mar.

Desde entonces, esta historia ha sido transmitida de generación en generación y la llave de la casa la ha heredado el primer varón de cada una de ellas, por eso ahora la tiene mi padre y por eso nos sentimos un poquito granadinos.

La clase permanecía en silencio. Algunos de los alumnos incluso parecían emocionados por el relato, hasta que Pilar, la tutora, dirigiéndose a los demás, les dijo:

-Una historia interesante, ¿verdad?.

-Muy chula.

-Un poco triste…

-Pero es guay.

Pilar sonrió y les propuso:

-Se me acaba de ocurrir una idea. ¿Por qué no hacemos una investigación sobre el reino musulmán de Granada?.

-¿Más trabajo? -se oyó decir a alguien.

Las caras de los muchachos no parecían muy animadas hasta que la profesora añadió:

-Y, si vuestro interés va en aumento, cosa que no dudo, la investigación podría acabar, por ejemplo, por ejemplo, en una visita a Granada para el final de curso…

El semblante de aquellos chicos y chicas cambió completamente. Sus ojos se iluminaron  como los luceros en la noche y comenzaron a exclamar con alegría:

-¡Un viaje a Granada!.

-¿Vamos a ir a Granada a final de curso?.

-¿Nos dejarás ir a las discotecas?.

-¿Visitaremos la casa de Yusuf?.

Pilar comenzó a reír con ganas y les contestó:

-Todo se andará. De momento hemos de organizarnos muy bien para la investigación. Mañana traeré unas notas sobre el tema y, en función de las preguntas que os sugieran, enfocaremos el trabajo, ¿de acuerdo?.

 

La prisión de Boabdil de Ramón Sopena

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LA PRISIÓN DE BOABDIL, de Ramón Sopena (1920).

“El desastre de los cristianos en la Ajarquía de Málaga, causó general alegría en Granada, donde todos se entregaron al mayor regocijo; sólo hubo uno que no se asoció al entusiasmo público: el rey Boabdil, llamado el Chico, según unos por haber sido proclamado muy joven, o para distinguirle de su tío Abdallah, al decir de otros.

El nuevo emir veía con envidia los aplausos que el pueblo tributaba a su padre y especialmente a su tío el Zagal, y como ya empezaban a censurarle por la vida que hacía entre las delicias de la Alhambra, comprendió que, para no acabar de desconceptuarse entre los suyos, debía acometer también alguna empresa ruidosa contra los cristianos y eclipsar la gloria alcanzada por Muley Hacén en los alrededores de Málaga.

Con éste objeto reunió una hueste de 1.500 caballos y 7.000 infantes, la flor de los guerreros granadinos, con ánimo de entrar por la frontera de Écija antes que los españoles tuvieran tiempo de reponerse de su catástrofe. Contaba para realizar sus proyectos, con la ayuda del veterano Aliatar, el vencedor de Loja, a cuya hija, la tierna y sensible Moraima, había hecho Boabdil la compañera de su trono, la sultana favorita.

A mediados de Abril de 1483 salió Boabdil de Granada con su escogida hueste y lucidísimo acompañamiento,y a esa expedición se refiere el antiguo romance:

“Por esa puerta de Elvira, sale muy gran cabalgada… Cuanta pluma y gentileza, cuanto capellar de grana, cuanto bayo borceguí, cuanto raso que se esmalta. Cuanto de espuela de oro, cuanta estribera de plata. Toda es gente valerosa y experta para batalla. En medio de todos ellos va el rey Chico de Granada mirando las damas moras de las torres del Alhambra. La reina mora, su madre, de ésta manera le habla: Alá te guarde, mi hijo, Mahoma vaya en tu guarda”.

Mas al salir Boabdil por la citada puerta de Elvira, espantóse su caballo tordo, y tropezando la lanza en la bóveda del arco se hizo astillas: funesto presagio que llenó de espanto a los supersticiosos musulmanes, y algunos caudillos aconsejaron al rey que abandonase, o al menos, suspendiera una empresa que comenzaba con tan funestos auspicios. A poco de salir el ejército de la ciudad, atravesó el camino una raposa por entre las filas de los soldados, escapando ilesa de la nube de flechas que estos les arrojaron. Los cortesanos, invadidos de verdadero pavor, volvieron a aconsejar a su rey con mayor empeño que desistiera de aquella campaña; pero Boabdil, despreciando tan pueriles pronósticos, repuso enérgicamente: Yo desafiaré a la fortuna.

Prosiguió, pues, su camino, y habiéndosele incorporado en Loja su suegro Aliatar, pasó el Genil, devastó los campos de Aguilar, Cabra y Montilla y puso sitio a Lucena, rica e importante población, que había sido arrebatada por San Fernando a los árabes.

Don Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles, que a la sazón mandaba la villa, noticioso de la invasión de los sarracenos, pidió auxilio a su tío el conde de Cabra; pero, antes que pudieran llegar los socorros solicitados, Boabdil cercó y atacó impetuosamente a la población. El valeroso y joven alcaide de los Donceles, que estaba dispuesto a defenderla a todo trance, mandó tocar a rebato, y al tañido de las campanas acudieron los hombres armados a las tapias y aspilleras, logrando rechazar los primeros ataques de los moros.

Entonces, Ahmad, caudillo de los abencerrajes, a nombre de Boabdil, intimó al alcaide de los Donceles que abriese inmediatamente las puertas de la villa, pues, de lo contrario, el ejército sarraceno entraría a degüello.

– Decid a vuestro rey -contestó Fernando de Argote, en nombre del alcaide cristiano- que con la ayuda de Dios os haremos levantar el cerco de Lucena, y sabremos cortarle la cabeza y ponerla por trofeo en nuestros adarves.

En esto los ecos de las montañas repitieron un ruido estrepitoso de cajas e instrumentos de guerra, y en el campo agareno se produjo la mayor ansiedad, creyendo que venía contra ellos todo el poder de Andalucía. Boabdil y el propio Aliatar participaron de estos temores, y la infantería granadina se retiró cobardemente, permitiendo así al conde de Cabra, que era el que llegaba con sus guerreros, reunirse fácilmente con los sitiados.

Juntos los dos caudillos y animados de igual ardor, salieron de Lucena en busca de la caballería enemiga y se entabló una lucha terrible en el llano donde estaba dispuesta en orden de batalla y pronta a la pelea. Las primeras arremetidas de los abencerrajes fueron espantosas; pero la resistencia que opusieron los jinetes cristianos fue tan vigorosa que, desordenadas las filas sarracenas, Boabdil y Aliatar vieronse obligados a pelear revueltos en confusos pelotones.

De nuevo la aguda voz de los clarines, que anunciaba la llegada de refuerzos cristianos, que podían atacar por el flanco, sembraron la confusión y el pánico entre los musulmanes; la infantería sarracena, atropellada por su misma caballería, que huía desordenadamente, abandonó las acémilas cargadas con el botín de la anterior correría y todos juntos y en tropel emprendieron una retirada vergonzosa y torpe, cebándose en los que menos corrían las lanzas de los cristianos.

Sólo un escuadrón de nobles jóvenes granadinos, batióse con el mayor orden y denuedo hasta las orillas de un río, en cuyo lecho fangoso se encallaban hombres y bestias que intentaban vadearle.

Al frente de aquel escuadrón peleaba serenamente, dando pruebas de gran valor, un joven armado de lanza y cimitarra y de un puñal damasquino, ceñido de corazas forradas en terciopelo carmesí y montando sobre un soberbio alazán cubierto de ricos jaeces. Al llegar a la margen del río, el valeroso joven perdió su caballo y corrió a refugiarse en unos zarzales; pero el regidor de Lucena descubrió al fugitivo y le acometió con su lanza. El joven guerrero defendiose denodadamente con  su cimitarra, y sin duda hubiera triunfado de su enemigo, a no haberse presentado varios soldados del conde de Cabra, a los que tuvo que rendirse, vencido por la fuerza del número, ofreciendo un gran rescate.

Los soldados, adivinando por la indumentaria que se trataba de un personaje de valía, disputábanse al prisionero, y uno de ellos, para asegurar la presa, intentó asirle: más el apuesto y altivo musulmán desnudó rápidamente su puñal y le asestó una tremenda puñalada. Los gritos y las voces de la disputa atrajeron al alcaide de los Donceles, a quien el valiente moro se acogió, rindiéndose a discreción.

– ¿ Quién sois ?, preguntole el caudillo cristiano.

– Soy -contestó el agareno- de la ilustre familia de los Almayares, hijo del caballero Aben Alnayar.

El alcaide de los Donceles le puso la banda de cautivo, y ordenó que fuese conducido con todo miramiento al castillo de Lucena, donde se averiguaría su calidad y linaje.

Aliatar, entre tanto, con el resto de la caballería que pudo reunir, buscaba por Iznajar y Zagra el paso del Genil; pero allí le aguardaba una desagradable sorpresa. El intrépido don Alonso de Aguilar, uno de los pocos caudillos que se salvaron del desastre de la Ajarquía, acudía desde Antequera con sus caballeros en auxilio del alcaide de Lucena, y, al descubrir a los fugitivos, les arremetieron con la visera calada y lanza en ristre.

-¡Ríndete, y te otorgaré la vida!, dijo Aguilar al vencedor de Loja.

-¡Ni a tí ni a cristiano alguno se rendirá nunca Aliatar! -contestó el altivo moro, que contaba ya noventa años de edad.

-¡Pues acabe de una vez tu arrogancia! -replicó el cristiano y de un tremendo tajo le dividió las sienes.

Y el cuerpo del valeroso alcaide de Loja, derribado del caballo, se perdió en las aguas del río.

Así acabó el terrible anciano que, desde la humildísima condición de especiero, había escalado por su valor y sus méritos el más elevado puesto de la milicia de su país; así pereció, peleando, como correspondía a un guerrero de su talla colosal, a la mejor lanza del ejército granadino, el padre de la tierna y dulce sultana Moraima: y su muerte le libró de presenciar la humillación y la ruina de su patria.

El desastre y la derrota de la Ajarquía había sido vengado con creces: la batalla de Lucena costó a los sarracenos cinco mil hombres entre muertos y cautivos, de ellos mucha parte de la nobleza granadina, mil caballos, novecientas acémilas cargadas de botín, veintidós estandartes… y otra pérdida que, para el reino de Granada, fue la más temible de todas.

Tres días llevaba ya en la torre del homenaje de Lucena el valeroso joven, que dijo llamarse Alnayar, cuando unos cautivos granadinos que fueron conducidos a la misma prisión, al verle, se postraron en su presencia y, prorrumpiendo en lamentos, diéronle el tratamiento de rey y señor.

Entonces el supuesto caballero Alnayar tuvo que descubrirse al alcaide de los Donceles: era Boabdil, el rey Chico de Granada, el mismo a quien muchos escritores nuestros han representado como imbécil y cobarde, cuando tantas pruebas dió de lo contrario; el monarca desgraciado, a quien alumbraba mala estrella en sus empresas y combinaciones políticas y que sólo merece el epíteto de El Zogoibi (el Desventurado), por el cual le apellidaron los moros.

La infausta nueva del cautiverio de Boabdil, llevóla a la sultana madre y a la amante Moraima, esposa del rey, un noble moro, y Aixa, sin pérdida de momento, despachó una solemne embajada, compuesta de todos los nobles de su partido al rey Fernando, que se hallaba en Córdoba, ofreciendo una gran suma de dinero y multitud de cautivos cristianos por el rescate de su hijo.

El alcaide de los Donceles y el conde de Cabra, al saber la calidad de su prisionero, redoblaron sus atenciones para con él, tratándole como rey y procurando mitigar su pena y consolarle en su infortunio; y Fernando V hizo trasladar a Córdoba al desgraciado Boabdil, con gran ceremonia y suntuosa comitiva de caballeros andaluces, y satisfecho el orgullo del monarca con ver humillado en su presencia en la antigua corte de los califas al coronado prisionero, lo hizo conducir con igual respeto a la fortaleza de Porcuna.

Oída después la embajada y las proposiciones de la sultana Aixa, el rey católico sometió a la deliberación de su consejo si debía acceder o no al rescate de Boabdil. Encontrados fueron los pareceres: unos proponían que se conservase al cautivo como rehén de inmenso valor; y otros, por lo contrario, dijeron que se le debía poner en libertad, porque su sola presencia en Granada bastaría para encender la discordia y la guerra civil entre los musulmanes, lo cual equivalía a grandes triunfos para los cristianos. Consultada también la reina Isabel, adhirióse al voto de éstos últimos, y, en consecuencia, se acordó conceder la libertad al rey prisionero, bajo las siguientes condiciones: 1ª., Boabdil sería vasallo fiel de los reyes de Castilla; 2ª., pagaría un tributo anual de doce mil doblas; 3ª., entregaría cuatrocientos cautivos cristianos; 4ª., daría paso por sus tierras a las tropas cristianas que fuesen a hacer la guerra a su padre Muley Hacén y a su tío el Zagal; 5ª., se presentaría en la corte, cuando a ella fuese llamado, y daría su hijo y los de los principales nobles en rehenes para la seguridad de aquel convenio; 6ª., se guardaría treguas por dos años entre los dos príncipes.

Aceptadas por Boabdil las humillantes condiciones del rescate -dice el ilustre historiador don Modesto Lafuente- acordóse que tuviésen los dos reyes una entrevista en Córdoba. Fué, pues, conducido el rey moro a aquella ciudad con gran cortejo de duques, condes y caballeros cristianos. Recibido en el alcázar con toda etiqueta y ceremonia, hizo Boabdil el ademán de querer besar la mano a Fernando, doblando la rodilla y llamándole su libertador. Levantóle Fernando cariñosamente, diciendo que no podía permitir aquella humillación. Concluidas las ceremonias y ajustadas definitivamente las condiciones, un caballero abencerraje llevó en rehenes a Córdoba al tierno hijo de Boabdil y de Moraima y a otros nobles mancebos granadinos, y el desventurado padre pasó por el trance amargo de despedirse de su amado hijo, con lo cual partío libre para la frontera, escoltado por un cuerpo de caballeros y donceles andaluces, lleno de regalos que le hizo el rey Fernando, y con la esperanza de recobrar otra vez su trono”.

Boabdil, el último rey de Granada, de Jorge de Barnola

“BOABDIL, EL ÚLTIMO REY DE GRANADA”, de Jorge de Barnola.

Ilustraciones de A Cuatro Manos Estudio y Raquel Fraguas González.

1.- UN CUENTO EN LA PLAZA

“Era la hora de más afluencia en la plaza de Yamaa el-Fna, en Marrakech. Los niños acababan  de salir del colegio y corrían como locos esquivando a los coches que pasaban veloces por la calle, a las madres que iban cargadas con la compra, a los turistas que miraban asombrados las maravillas que ofrecía la plaza: bailarinas, encantadores de serpientes, acróbatas, faquires, magos… Pero de todo ese espectáculo, lo que a los niños les gustaba más era el narrador de historias, y ese día tenían una cita con Hisham, que era el mejor narrador de Marruecos.

El narrador de historias estaba rodeado de una veintena de chiquillos.

-Hisham, ¿qué nos contarás hoy? – preguntó uno de ellos.

-Bueno, ya que tengo un público tan amable, hoy contaré la historia de Boabdil el Chico.

-Niñas y niños… Señoras y Señores… Subid en esta máquina del tiempo y agarraos bien, porque vamos a viajar muy lejos. Ni más ni menos que hasta finales del siglo XV. ¿El lugar? El reino de Granada. Un paraje hermoso, como nunca se ha visto sobre la tierra, al pie de Sierra Nevada. Y un palacio: la Alhambra…

2.- EL PRÍNCIPE BOABDIL

Estaba amaneciendo. Los animales de la noche volvían a sus guaridas. El rocío de la mañana cubría las plantas. El sol escalaba los altos muros de la Alhambra. Era el inicio de un día como cualquier otro y los gallos saludaban al sol con sus cantos. Todo parecía tranquilo. O no. Había alguien gritando en el Patio de los Leones…

De repente se oyeron pasos en la Sala de los Reyes. Alguien se acercaba. Una cabeza asomó tras una columna.

-Bajad la voz ¿A qué viene tanto griterío?.

-Boabdil me ha pegado -dijo Yusuf.

-Estábamos jugando mamá -se defendió Boabdil.

-Habéis despertado a vuestro padre, ¿sabéis?. Estas no son horas para jugar. Id a vuestra habitación y preparaos para ir a la madrasa. ¡Ya!.

La madre se llamaba Aixa y era la esposa de Abul Hasán, príncipe heredero del trono de Granada. Aixa era una mujer muy ambiciosa que deseaba ser reina, y aquella mañana se había levantado muy feliz a pesar de la regañina que les había echado a sus hijos Boabdil y Yusuf. Estaba contenta porque el rey Abu Nasr Sad, padre de Abul Hasán, era muy viejo y pronto entregaría todo el poder a su hijo. Abul Hasán por fin sería el rey de Granada y Aixa, la reina.

… … … … … …

14.- LOS DÍAS MÁS TRISTES

Boabdil había perdido el reino de Granada, a su mujer y a su hijo mayor. Estaba destrozado. Ya no tenía sentido estar allí. Todo le recordaba a Moraima y a Yusuf.

En Octubre de ese mismo año decidió abandonar para siempre la península y embarcó junto con su hijo pequeño, su madre Aixa, su hermano Yusuf y todo su séquito.

Se estableció en Fez, protegido por el califa, que era familiar suyo, y allí vivió cuarenta años más hasta que murió, triste y olvidado, el último rey de Granada.

Pero…

¿Que fue de los granadinos?

Al principio el cambio no se notó mucho. El conde de Tendilla, al que los Reyes Católicos habían puesto como gobernador, respetaba las costumbres de la población: se seguía hablando en árabe, conservaban su religión, vamos, que todo seguía igual. Hasta que apareció en escena fray Francisco Jiménez de Cisneros, el confesor de la reina Isabel. A éste no le gustaba nada que los granadinos siguieran siendo musulmanes, por lo que no se le ocurrió otra cosa que provocarles quemando públicamente libros del Corán. Y claro, la chispa saltó y empezaron las primeras revueltas, lo que hizo que se anulada el tratado firmado con Boabdil mediante el cual se garantizaba la libertad religiosa. Ya todo eso había terminado. O los musulmanes se convertían al cristianismo o no les quedaba más remedio que emigrar a otro sitio. Ése había sido el jaque mate final de los Reyes Católicos, y unos 300.000 granadinos tuvieron que abandonar para siempre el lugar que les había visto nacer. Se calcula que 3.000.000 de marroquíes descienden de ellos.

15.- …Y ESTE CUENTO SE HA ACABADO

-Y aquí termina este episodio de la historia de al-Andalus -dijo, Hisham, el narrador de cuentos.

El público se puso a aplaudir, contentos por haber escuchado un relato tan bonito. Después el grupo comenzó a dispersarse por la plaza.

-¿Estás llorando? -le preguntó unos de los niños a Ismail.

-No. Es que se me ha metido algo en el ojo.

-Ya, y yo me lo creo. Estás llorando.

-¡Bueno, si! ¿Qué pasa? Me ha dado mucha pena Boabdil. Tuvo muy mala suerte.

-Tienes razón…Pero por lo menos fue rey. ¡Ya quisiera yo ser rey!.

-¡Anda, y yo!.

-Pues me pido ser Boabdil.

-Y yo el Zagal.

Y los dos niños se fueron corriendo por la plaza de Yamaa el-Fna, simulando que eran dos reyes nazaríes cabalgando por el reino de Granada”.

Boabdil y el final del reino de Granada, de Josefina Careaga Ribelles

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“BOABDIL Y EL FINAL DEL REINO DE GRANADA”, de Josefina Careaga Ribelles. Ilustraciones de Ana Gredilla.

 INTRODUCCIÓN: Un viaje a Granada

“La mochila, el billete, el plano de la ciudad. Creo que no he olvidado nada. En la estación veo el tren ya esperando. El destino es Granada, será sólo por unos días, antes de que empiecen otra vez las clases. Mientras busco mi vagón, me siento feliz de haber tomado la decisión de hacer este viaje yo sola. Eso también será una aventura. Ahora que ya estoy instalada en mi asiento es cuando empieza de verdad mi andadura”.

“A través de la ventanilla del tren puedo ver los campos resecos de La Mancha, que a estas horas del mediodía, con el sol cayendo a plomo, se vuelven vidriosos. A medida que nos acercamos al sur, el paisaje se hace más dulce, más verde, los olivos comienzan a aparecer y prometen un verdor continuo que poco a poco se va haciendo general. Con la mirada perdida en la lejanía y con el libro de Cuentos de la Alhambra abierto entre mis manos, revivo en mi memoria las historias de Washington Irving y ardo en deseos de conocer aquel palacio y aquellos jardines, mientras el tren rueda sobre estas tierras como si comprendiera mis deseos de llegar cuanto antes”.

“Cuando me encontré en la estación de Granada, me dirigí al centro de la ciudad en busca de un lugar donde quedarme. Después de visitar algunos establecimientos, me alojé en un pequeño y céntrico hotel”.

“Serían ya las seis de la tarde, y decidí dar un paseo por los alrededores para tomar un primer contacto con la ciudad. Nunca sabré el motivo por el que me detuve en una placita pequeña, cuyo nombre no recuerdo, tranquila, acogedora y con una iglesia desde donde se divisaba lo que supuse era la Alhambra”.

“En los escalones de aquella iglesia, sentado con la cabeza hundida entre los hombros se encontraba un hombre de cierta edad que en principio me pareció un mendigo, aunque, al fijarme con más detenimiento, vi que su aspecto no era el de un hombre desaliñado. Me dirigí a él para que me confirmase si efectivamente aquellos árboles que a lo lejos se veían pertenecían a la Alhambra. Al verle de cerca, me llamó la atención su fino rostro, de un color algo aceitunado, y su barba, escasa y bastante blanquecina, pero bien cuidada. Su cabeza estaba cubierta con algo que recordaba a un turbante, aunque también podría ser un sombrero de fieltro de un color azul oscuro bastante deformado por el uso. Sus manos me llamaron la atención por lo finas, huesudas y delicadas que eran”.

“Con un movimiento de cabeza me confirmó que aquellos árboles eran de los jardines de la Alhambra”.

“Me quedé contemplando lo que tantas veces había imaginado, cuando oí una voz que me preguntaba:”

“-¿Es la primera vez que vienes a Granada?”.

Era una voz agradable, y noté en ella cierto tono como de no querer molestar. Provenía del que yo creía mendigo, que seguía sentado en aquellas escaleras”.

“Después de responderle afirmativamente, me dijo que él conocía muy bien la Alhambra, y que se pasaba el día contemplándola desde aquel lugar, pues no se atrevía a visitarla. Dijo esto con una entonación en la que no llegué a adivinar si este hecho le producía pena o por el contrario no deseaba volver a entrar en ella”.

“Al cabo de cierto tiempo que me pareció largo, oí que decía:”

“-Si sientes curiosidad, puedo informarte acerca de lo que ha sido Granada y la Alhambra. Pero para que estemos más cómodos, aceptaría gustoso una invitación en aquella terraza de enfrente”.

“Pensé que también podría ser un guía de los muchos que se mueven por Granada y que tratan de captar a algún turista a cambio de unas monedas. Pero los tiempos cambian y éste se conformaba con una sencilla invitación”.

“El hombre no me desagradaba, incluso me inspiraba cierta confianza, y pensé que bien podría proporcionarme alguna información sobre la que durante los días siguientes iba a ser mi ciudad”.

“Al ponerse de pie, me llamó la atención su pequeña estatura. Cruzamos la calle y nos sentamos en una mesa entre unos árboles, en cuyas ramas se escuchaba el cante y el aleteo de gran cantidad de pájaros. Un camarero se nos acercó, saludó de pasada a mi acompañante y, por la forma de hacerlo, comprendí que ya se conocían de ocasiones similares. Pidió una cosa ligera, no recuerdo bien qué; yo pedí algo más consistente, pues el viaje me había abierto el apetito”.

“-Viví hace muchos años en la Alhambra -me dijo-, y la recuerdo todos los días. En particular recuerdo aquel en que tuve que abandonarla, hace ya mucho tiempo… Fue uno de los momentos más dolorosos de los muchos que tiene mi triste existencia”.

“No me preguntó nada sobre mi vida, lo cual me agradó. Comprendí que vivía encerrado en sí mismo, y todo lo que no fuesen sus recuerdos le interesaba poco. Lo que sí noté es que quería hablar, contarme cosas de su vida, y yo le dejé continuar. Me pareció un hombre culto, y a mí me venía de perlas que me recordase la historia y me proporcionase información sobre la Alhambra y Granada”.

“Empezó diciendo:”

“-Mi padre fue Abú-l-Hasan Alí, más conocido como Muley Hacén, y mi nombre de Abú Abd Alláh, más conocido como Boabdil “el Chico”.

“Entonces comprendí que efectivamente no era ni un mendigo ni un guía turístico, sino un loco”.

“-Pertenezco a la dinastía nazarí, que, como quizás sepas, conquistó Granada en el año 634 de la hégira, es decir, en el 1237 de vuestra era cristiana. La existencia de mis antecesores en estas tierras durante dos siglos fue un continuo enfrentamiento; sus luchas, no terminaron nunca, sobre todo contra los cristianos, pero también entre nosotros mismos”.

“Mi dinastía fue la que construyó la Alhambra y en ella vivió a lo largo de casi doscientos cincuenta años. El gran mérito de los veintiún monarcas que me antecedieron fue mantener a los nazaríes en el trono, continuamente disputado por gentes del norte de África, además de por los reyes de Castilla y Aragón”.

“Ciertamente aquel hombre, además de saber expresarse, me estaba contado algo que le nacía en lo más hondo de su ser; como si lo hubiese vivido. Se expresaba con vehemencia y poco a poco consiguió despertar mi interés. Continuó diciendo:”

“-Me acusaron de débil, de no haber sabido defender mi reino, pero nadie me puede achacar su pérdida a mí solo, ya venía de atrás. Me tocó vivir un difícil momento histórico, mi reinado coincidió en el de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel. Yo fui la cabeza visible de aquella derrota; me hicieron responsable de la misma y así he pasado a la historia”.

“Habrás oído muchas veces aquellas palabras que se atribuyen a mi madre, pero yo no las oí nunca de sus labios, más bien creo que son leyenda: “Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre”. Es triste que sea por esa frase por la que se me conoce universalmente”.

“La historia de mi vida es larga y amarga, y no sé si te interesa. Si te aburres, viajera desconocida, no tienes nada más de decírmelo y me iré, bien entendido que siempre te estaré muy agradecido por esta invitación, pero más agradecido quedaré si escuchas la narración de mi vida, la de mi pueblo y la de esta ciudad. ¡Son tan pocos los que quieren escucharme!”.

“De aquel hombre me atraía su humildad, su convencimiento y, por qué no, también su locura”.

“-Desde luego que estoy interesada en conocer lo que me digas”.

“-Pues, si así lo deseas, comenzaré por el principio…”.

Boabdil-Brígida Gallego Coín

“Me llamo Boabdil y he nacido en la Alhambra. Soy hijo de reyes.

Mis padres son Aixa La Horra y el sultán Mulay Hacen y los dos tienen mucha personalidad. Siempre están discutiendo por cuestiones del reino.

Cuando nací me llenaron de amuletos para darme suerte y que mi vida fuera excelente. Pero ocurrió algo que a mis padres los puso de muy mal humor: – Perderemos el Reino de Granada cuando Boabdil llegue a ser rey – vaticinó nuestro mejor astrólogo.

Para que esa predicción no se cumpliera jamás, me entrenaron duramente en el arte de la guerra. Las clases comenzaban al amanecer. La espada se convirtió en mi eterna compañera.

Apenas tuve momentos de descanso. Además de entrenar, estudié matemáticas, poesía y literatura, astronomía, caligrafía, ciencias, … mis maestros, grandes sabios, no me permitían errores. Tampoco conocía la pereza.

Mi vida era solitaria porque apenas me dejaban divertirme. Las obligaciones de un futuro rey son durísimas. Aunque, de vez en cuando, Hassam, Lulo, Hamid y yo jugábamos al escondite en la Fuente de los Leones o nos sentábamos bajo los naranjos a disputar partidas de ajedrez.

Entre mis disciplinas favoritas estaba saber defenderme en Sierra Nevada. Cuando los ejercicios terminaban me gustaba deslizarme desde las blancas cumbres a toda velocidad. … !!!Es divertidísimo¡¡¡

La vida en palacio era muy interesante. En el harén las mujeres cantan, recitan poemas, bailan y se acicalan. Era un lugar prohibido para mí. Los baños también son de una gran belleza. 

Mis padres se llevaban muy, muy mal. A veces gritaban tanto que los criados se asustaban. Hasta el punto de que se divorciaron y mi padre se casó con una joven cristiana, Isabel de Solís. Mi madre, la sultana Aixa, no pudo soportarlo: -Querido hijo Boabdil, a partir de hoy, tu padre se ha convertido en mi enemigo -dijo muy dolida.

En realidad, nuestros principales enemigos eran Isabel y Fernando, los Reyes Católicos. Querían conquistar Granada para que toda España fuera cristiana. Tenían mucho poder. 

Un día conocí a la chica más linda y bondadosa del mundo: Moraima. Era hija de uno de los mejores amigos de mi padre, el valiente alcaide de Loja, Aliatar. Me enamoré al instante. Pensé que junto a ella sería capaz de todo: – Moraima, ¿quieres casarte conmigo? -le pregunté junto a un rosal, en los jardines del Generalife. -¡Si quiero, Boabdil!.

Éramos felices, pero el Reino de Granada tenía muchos problemas. A pesar de ser yo el legítimo heredero, el hermano de mi padre, mi tío El Zagal, pensaba que era a él a quien correspondía reinar.

La cristiana Isabel de Solís también quería que el hijo que tuvo al casarse con mi padre se convirtiera en rey.

Y, por supuesto, mi padre, el gran sultán Mulay Hacen, estaba empeñado en continuar reinando a pesar de su avanzada edad. Eso dio lugar a guerras internas que nos debilitaron. -Boabdil, yo conseguiré que el rey de Granada seas tú, y solo tú -aseguró mi madre.

Efectivamente, gracias a su inteligencia, me convertí en Rey de Granada.

Una mañana un mensajero trajo noticias terribles: los cristianos estaban muy cerca: -¡¡¡Mi señor, han construído un enorme campamento llamado Santa Fe!!! -nos contó muy asustado.

Moraima y yo quisimos ver de cerca ese enorme campamento y fuimos en secreto: -Moraima, los cristianos nos vencerán en muy poco tiempo. Cientos de los nuestros morirán en la batalla.

Moraima despidió a nuestro ejército asomada a la Torre de la Vela, preocupada y con malos presentimientos.

Esta vez la batalla contra los cristianos fue tan terrible que Aliatar, padre de Moraima y uno de nuestros mejores hombres, murió en combate.

Estudié a fondo nuestra situación política y estratégica y la verdad: era imposible resistir el empuje de los Reyes Católicos. Querían conquistar Granada, y su ejército era fuerte y poderoso, mucho más que el nuestro.

-No quiero más sangre ni más dolor Boabdil. -Yo tampoco, Moraima.

Esa noche decidimos que no hubiera más guerra para que nuestro pueblo no sufriera.

Una mañana muy fría, el 2 de enero de 1492, entregamos las llaves de Granada a los cristianos. Los nuevos reyes, Isabel y Fernando, prometieron respetar la ciudad y las costumbres de sus habitantes.

Y confiamos en ellos.

-Os marcharéis a un lugar muy apartado y lejano de las Alpujarras que se llama Laujar. Viviréis en un pequeño palacio sin los lujos de la Alhambra -ordenaron los Reyes Católicos.

Mientras ellos se instalaban en la Alhambra, nosotros viajábamos hacia nuestro nuevo hogar con el corazón lleno de tristeza. Como parte del pacto de paz con Isabel y Fernando, Moraima y yo les entregamos a nuestros hijos Ahmed y Yusuf, con la promesa de que nos los devolverían.

Cuando llegamos a un punto del camino donde Granada se perdía de vista, detuve mi caballo para admirar, por última vez en mi vida, la belleza de la ciudad. Y nuestro hogar, la Alhambra.

-Nunca más podremos volver -suspiraba nuestro pequeño séquito de criados. Todos lloraban amargamente menos mi madre, Aixa. Yo no pude resistir más y una pequeña lágrima se escapó de mis ojos. Perder Granada y perder a mis hijos…

Mi fiel esposa, Moraima, apretó mi mano y muy bajito, para que nadie la escuchara, dijo: -Boabdil, tu decisión ha sido la más correcta para que nuestro pueblo no sufra. Si no hubieras entregado las llaves de la ciudad pacíficamente, Granada estaría ahora cubierta de cadáveres.

Nos mudamos a la Alpujarra. Pasaron los años.

Un amanecer llegó un mensajero de los Reyes Católicos: -Mis señores, Isabel y Fernando, ordenan que abandonéis España y os instaléis en Marruecos.

-Boabdil, qué dolor tan inmenso. Yo siempre he vivido en Granada. Mis padres, mis abuelos y mis bisabuelos, también. Yo no podré irme a Marruecos, un país que me parecerá extraño -lloraba Moraima.

-Juntos todo será más fácil, ya verás, Moraima.

-¡¡¡Pero los Reyes Católicos prometieron que nos dejarían vivir en la Alpujarra y que nos devolverían a nuestros hijos!!!.

Preparamos el equipaje con mucho dolor. Nuestro corazón pertenecía a Granada, pero no nos quedaba más remedio que obedecer. Ahora los Reyes eran ellos.

El día de la partida, Moraima estaba muy pálida. -¿Qué te ocurre, Moraima? ¡¡¡Debemos ser fuertes!!! -Boabdil, creo que voy a morir de dolor… No quiero marcharme de nuestro querido país y mucho menos sin nuestros hijos.

Moraima se puso tan triste que murió de pena y me dejó solo. Mis ojos no dejaron de derramar lágrimas hasta que llegué a Marruecos.

Me instalé en una ciudad llamada Fez donde viví sencillamente. Poco a poco llegaban más y más personas a quienes los Reyes Católicos expulsaron de Granada. Isabel y Fernando no cumplieron la promesa de permitir a los nuestros continuar siendo musulmanes.

-Traemos la llave de nuestra casa de Granada porque soñamos con volver -decían algunas familias.

A veces, los muchachos se acercan a mí: -Cuéntanos tu vida y la historia de Granada, Rey Boabdil.

Entonces yo, con el corazón lleno de nostalgia, comienzo mi relato bajo las estrellas”.

“BOABDIL”, de Brígida Gallego Coín (2012) Ilustraciones de Esperanza Campos.

b8 De Salobreña a Almuñécar

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Salobreña al amanecer, fotografía de David Llanas Ortega

  • Introducción histórica:
    • RECORDANDO EL PASADO:
      • Durante el último período nazarí, con las disputas entre Boabdil y su tío “El Zagal”, Almuñécar se mantuvo fiel al primero, quizá porque la fortaleza estaba en manos de un alcaide íntimo amigo del monarca. Pero con la caída de Málaga en manos cristianas, el alcaide presidió a un grupo de aristócratas que se acercó a Granada solicitando auxilio militar. Pero Boabdil tenía un acuerdo con los Reyes Católicos, por lo que el recibimiento a esta embajada fue hostil, y el apoyo de Almuñecar tornó al bando de “El Zagal”. Sin embargo, tras la caída de Baza en 1489, “El Zagal” rindió poco después Almería, Almuñecar (al-Munakkab), Salobreña (Salawbaniya) y otras plazas fuertes de Las Alpujarras.
      • En Almuñecar, la propiedad estaba muy repartida, manteniendo el rey, la posesión del castillo, que le servía de prisión política y lugar seguro.
      • Tanto la flota militar Nazarí, con base en Almuñécar, como la mercante ya usaban para la época barcos de gran calado, como carracas, naos… y cuyas esloras podían llegar a los 40 m y cargar hasta 1.000 tn. ó más. Pudiendo disponer de hasta dos cubiertas y transportar hasta 1.000 personas y sus equipajes. La flota pesquera, que faenaba en aguas del llamado entonces “Mar de Almuñécar”, usaba embarcaciones más pequeñas, tales como laudes, jabeques, jábegas, zambras…
      • Mohammed ibn Alhaje, último alcaide nazarí de Almuñecar, entregó la fortaleza, siéndole concedido por los Reyes Católicos algunas mercedes, entre las cuales que sus hijas pudieran heredarle pues carecía de descendencia masculina. El 26 de junio de 1490, los reyes cristianos mandan desde Córdoba al comendador de Moratalla, don Diego de Soto, para que compruebe la forma en que se cumplían las capitulaciones de Almuñecar y vea el estado en que se encuentra su castillo. Tras la Capitulación de 1489, la ciudad sufre una transformación (se amplían los marjales de cultivo de caña de azúcar, pasando de 44 a más de mil marjales), pero los mudéjares no son expulsados, pero sí recluidos en la morería, en la zona oeste, de la cual aún se conservan tres calles: Morería, Morería Alta y Nueva Morería.
    • TESTIMONIO:
      • “Cuando te acercas, viniendo de Granada, bien adentrándote por el camino de la Sierra que parte del Suspiro del Moro, ya por el de Motril, siguiendo después el Azud de Vélez Benaudalla y el cauce del Guadalfeo por Lobres hasta Salobreña, o asomado al vértigo de la cornisa costera que te trae de Almería o Málaga hasta quedar sorprendido al descubrir éste lugar apacible de la Costa del Sol donde se asienta Almuñécar, lo primero que ves destacar en su pintoresco conjunto panorámico, cual tierra de promisión, entre el verde esmeralda de la ubérrima Vega, las onduladas lomas que la circundan, no ha mucho moteadas de almendros y ahora con más densas pinceladas de frutos subtropicales, el azul purísimo del cielo y del mar y el blanco inmaculado del caserío; es la alhambreña silueta de su Castillo cimero oteando el Mediterráneo, guarda y vigía de uno de los pueblos más antiguos de la Historia de la Humanidad”. (Victoriano del Moral, “El libro de Almuñécar – Historia de un pueblo milenario”).
    • CAMINO HACIA EL EXILIO:
      • Desde el principio, la partida de Boabdil, con sus servidores y su familia estaba prevista en la capitulación sobre sus intereses particulares del 25 de noviembre de 1491. Podrían salir con todos “sus bienes, e ropas e mercaderías e oro e plata e joyas e bestias e armas, non llevando tiros de pólvora, grandes ni pequeños”, libres del pago de derechos. Por su parte, los Reyes les darían dos carracas de genoveses y facilitarían su salida. Además, si en el tiempo en que quisieran marcharse no hubieran conseguido vender sus propiedades podían dejar procuradores para que recibiesen en su nombre la renta de sus bienes y se la enviasen. Asimismo se hace mención a que, en caso de venta, sus posesiones fueran primeramente ofrecidas a sus altezas. (Carmen Trillo San José, “La Alpujarra antes y después de la conquista castellana”).
      • “Gonzalo Fernández, alcaide de Illora, junto a otras personas de respeto y autoridad, acompañaron en los navíos, a Boabdil, a su familia y a todo su séquito, con la misión de procurar la mayor honra y trato conveniente, como indudablemente deseasen los Reyes Católicos que se le despidiese, cumpliendo de este modo su promesa sobre ese particular en las Capitulaciones…y para que les trajesen noticia y testimonio de cómo les habían dejado desembarcados según su deseo”. (Mariano Gaspar Remiro – “Partida de Boabdil allende con su familia y principales servidores”).
      • “Boabdil, acompañado de unos pocos, embarcó en una vieja nave de poco tonelaje que había sido preparada para él … , camino al norte de Africa, donde en Fez ya lo esperaba su amigo el sultán Hamet. Se quedó en pie en la popa de la embarcación, llorando, mientras la majestuosa visión de las cumbres de Sierra Nevada desaparecía ante sus ojos. … Desenfundó su espada, heredada de las victorias de sus antepasados, de empuñadura de oro y piedras preciosas, de filo imponente y belleza sin igual y, volteándola por encima de su cabeza, la arrojó al mar, todo lo lejos que pudo la fuerza de su brazo, hasta que agotado su vuelo cayó al agua, donde una mano invisible pareció tomarla para llevársela a su profundidad más impenetrable”. (Magdalena Lasala, “Boabdil: tragedia del último rey de Granada”).
  • EPÍSTOLA FINAL.: Carta de Washington Irving al Príncipe Dolgoruki – Alhambra, 19 de mayo de 1829.-
    • “Amigo Dolgoruki: No puede usted hacerse una idea de lo que lamento su marcha. Me ilusionaba que juntos consiguiéramos alcanzar el objetivo que nos habíamos propuesto: descubrir la auténtica tumba de Abu Abd Allah, el también conocido como Zogoibi, el Desventurado, o sea: BOABDIL. Usted y yo sabemos, en contra de lo que apuntan historiadores y eruditos, que sus restos mortales no yacen en la torre conocida como la “Bab as-Saria”, de Fez. De ningún modo. El norte de África no guarda tan preciado tesoro. Intuyo que el lugar último que ocupó Boabdil está ubicado en el corazón secreto de la Alhambra…”. (Miguel Ángel Moleón Viana / Luis Arance Moreno, “Cuadernos secretos de Washington Irving”).

  • Datos de la etapa:
    • Itinerario: Salobreña-La Guardia-La Caleta-Barranco del Cambrón-Alfa Mar-Barranco de Enmedio-Torre de Los Diablos-Taramay-El Tesorillo-Velilla-Almuñécar.
    • Recorrido: Lineal, 15,84 kms.
    • Descripción:
      • Cuando decidimos realizar esta etapa, una ola de calor estaba asolando, nunca mejor dicho, esta zona de Andalucía. Por ese motivo, decidimos iniciar el recorrido de noche, con la idea de disfrutar del amanecer y de los primeros rayos de sol en el camino, evitando así el que las elevadísimas temperaturas que estaban previstas nos hicieran sufrir más de lo previsto y “sudar la gota gorda”. Después de la experiencia, creemos que el hacerla en este horario intempestivo y especial es algo siempre aconsejable y que desde aquí recomendamos.
      • Empezamos a caminar en Salobreña desde la Oficina Municipal de Turismo en dirección hacia La Pontanilla: punto neurálgico tradicional y encrucijada de caminos de esta localidad granadina. En éste lugar confluían el Camino de la Costa (que iba hacia Motril), el Camino de Lobres y el Camino del Peral (que iba hacia la Vega Baja de Salobreña), mientras que la ramblilla de Dominguito (hoy encauzada y subterránea), con sus inundaciones descontroladas aunque estacionales, hacía que siempre se haya utilizado un pequeño puente de madera (ó pontón), para salvar su cauce y que le ha dado nombre al lugar.
      • A la luz de las farolas llegamos hasta la Plaza del nuevo Ayuntamiento (inaugurado en 1997), y subiendo, poco a poco, en dirección sur, callejeamos por blancas calles de cal adormecida, y accedemos al Portichuelo: antiguo y remoto istmo que unía el promontorio rocoso de mármol sobre el que se asienta, desde la más remota antigüedad, la Villa de Salobreña, con la tierra firme y lugar donde confluían los primitivos accesos: Camino de la Playa, Camino de Almuñécar, Camino de la dehesa de Taramay y Camino de San Nicolás.
      • La silueta del antiguo Castillo árabe, se perfila, siempre vigilante, sobre el blanco y dormido caserío, mientras bajamos por la Cuesta de Caracho, dejando el casco urbano, por el camino de los Callejones.
      • Ya en plena vega, vamos en dirección hacia el anejo de La Guardia-La Caleta (tradicional barrio de pescadores y de obreros), situado en el pago de la Playa: el puerto natural de Salobreña. Su antigua ensenada, se fue colmatando a lo largo del tiempo por las aportaciones de las erosivas aguas del río Guadalfeo, incrementadas exponencialmente, tras la expulsión de los moriscos y el consiguiente abandono de tierras de cultivo: las mejores tierras de toda la Alpujarra granadina…. están en la Vega de Motril y Salobreña. En tiempos de Boabdil, el Peñón era una isla y hoy en día es una península…
      • Fértiles huertos de cultivo tropical nos dan escolta hasta llegar a las inmediaciones de la Azucarera de Nuestra Señora del Rosario, la que antaño era el corazón económico de la Villa, que llegó a tener otras tres fábricas/ingenios azucareros más (Nuestra Señora del Pilar, conocida como Fábrica Nueva, construída en 1874 por la Sociedad Azucarera Peninsular y que cerró en 1912 ; La Melcochera de Lobres  y San Francisco, la más reciente, construída en 1905 y conocida como “La Fabriquilla”). La Azucarera Nuestra Señora del Rosario, hoy Azucarera Guadalfeo, fue construída entre 1860 y 1861, por el empresario granadino, D. Joaquín Agrela Moreno. Estuvo en activo, molturando la caña de azúcar de las vegas de Motril-Salobreña, Almuñécar y Vélez Málaga, hasta la zafra de la campaña 2005, siendo la última fábrica azucarera de caña europea en cerrar. Hoy, parte de sus instalaciones, se utilizan para fabricar alcohol con melazas importadas del extranjero.
      • A las primeras luces del amanecer, apenas vislumbramos sus naves y las altas chimeneas, para sin prisa y sin pausa, comenzar un zigzagueante andar por estrechas callejuelas, de arabesco sabor (Ramblilla, Real, Albarrada, Contínuo), acunados por el constante y estridente graznido de las gaviotas que se balancean sobre nuestra cabeza, en un mágico vuelo y aleteo imperceptible que pareciera nos despide del lugar.
      • La luz del día va aumentando paulatinamente, cuando por un sendero-carril, nos vamos alejando de La Caleta, hacia las urbanizaciones Pargo y Costa Aguilera: envidiables construcciones con espectaculares vistas al mar Mediterráneo, ubicadas sobre las tradicionales albarradas de piedra seca, que sostienen el terreno de la escarpada ladera que se despeña hacia las rocas del acantilado, donde rompen las olas del mar. Frondosa vegetación de pinos, eucaliptos, chaparros, ficus y buganvillas. El color va despertando a borbotones, acompañado del constante piar de multitud de trinos que saludan alegres al sol mañanero.
      • Bordeamos las instalaciones del Hotel Salobreña y la Torre Atalaya del Cambrón: antigua torre cilíndrica nazarí, en la que los vigías de guardia vigilaban la costa y daban la voz de alarma o toque de rebato, al castillo de Salobreña ó al castillo de Almuñécar, mediante señales convenidas: ahumadas (de día), luminarias (de noche) o acústicas (mediante caracolas marinas).
      • Poco después cruzamos el barranco del Cambrón. Este barranco toma su nombre de un arbusto espinoso que se cría aquí. La ladera de la derecha, el mar a la espalda, transcurre por un carril de buen piso, pero el otro lado del barranco se hace difícil de superar. Densos cañaverales, esparragueras pinchudas y espesos matorrales de diversa vegetación mediterránea, ponen dificultad a cada paso que damos, hasta superar el barranco, subiendo de nuevo a la carretera N-340.
      • Caminamos ahora por el arcén de la carretera, por el lado izquierdo, dirección Almuñécar, para unos metros adelante cruzarla, con precaución, y accediendo al lado derecho por un puente y un antiguo tramo de la N-340, salvamos el barranco del Zafío. Unos perros se nos avanzan y ponen en el cuerpo el susto de la jornada, hasta llegar a la urbanización Alfa Mar. La recorremos por su parte inferior y descendemos hasta volver de nuevo a la carretera. La cruzamos, por última vez y tomamos un carril (límite geográfico entre los términos municipales de Salobreña y Almuñécar). que en fuerte descenso, nos lleva hacia el barranco de Enmedio.
      • Caminamos junto a la playa y acometemos la empinada subida hacia la Torre Atalaya de Los Diablos, una de las atalayas que defendían este punto de la costa de los ataques de los piratas. La subida es sinuosa y pronunciada, pero arriba, la recompensa es maravillosa: hermosas panorámicas de la Playa de Enmedio por un lado y de Taramay y Velilla por el otro. La Torre de los Diablos es una construcción del siglo XVII-XVIII. Su nombre proviene de una antigua tradición: se dice que de ella salieron unos ladrones, vestidos de diablillos, como los que salían el día de Corpus Christi y robaron a unos viajeros que iban por el Camino Real. A unos metros de distancia se encuentran los restos (la base) de la antigua Torre Atalaya nazarí de Enmedio.
      • Comenzamos ahora a bordear el barranco en su totalidad, atravesando la urbanización Curumbico y descendiendo, pronunciadamente, por una escaleruela hasta la misma playa. Caminamos sosegadamente, por la playa del Curumbico y después por la de Cabria, hasta tomar un precioso camino enlosado que atraviesa por medio del denominado Parque Mediterráneo, entre las playas de Calabajío y del Pozuelo y que ya no abandonaremos, en continuos sube y baja, hasta llegar a playa Velilla. Este tramo de la etapa es muy gratificante de recorrer, ya que bellas estampas marineras nos rodean por todas partes y ese detalle es siempre de agradecer por el caminante.
      • Pasamos junto al Torreón de Galera, una antigua torre de defensa situada en la Punta de Jesús y a la preciosa playa del Tesorillo.
      • Sin más problema llegamos al gran paseo marítimo de Velilla, antesala de Almuñécar. La playa de Velilla, es la más extensa de Almuñécar (tiene 1,5 km de longitud) donde además de todo tipo de servicios de restauración y hosteleros, encontramos un Puesto de Socorro de Protección Civil y las instalaciones del Parque Acuático “Aquatropic” (inaugurado en 1988).
      • Tras pasar por el puente del río Verde (casi siempre con su cauce completamente seco…) caminamos confundidos con gentes que disfrutan de la delicia del mar, teniéndolo a nuestra izquierda y al frente los Peñones de San Cristóbal: del Santo, de Enmedio y de Afuera.
      • Caminamos por el Paseo Puerta del Mar, junto a la veintena de bancos, obra del artista local, José Cabrera Alaminos, construidos en 2015, utilizando la técnica trencadís/”Gaudí”, a base de mosaicos troceados de colores (blanco-azul-celestes) y que representan motivos marinos y monumentales.
      • Al llegar al Paseo y Bajos del Altillo, pasamos junto al grupo escultórico y la fuente circular de las Ninfas (obra del escultor granadino Arcadio Roda, realizada en 2006, con piedra caliza de Pedrera-Sevilla), al Monumento a los Fenicios (obra en bronce del escultor Miguel Moreno Romera y pié de mosaicos de José Cabrera Alaminos), y el Monumento de “aire alpujarreño” en memoria del escritor, músico y brigadista británico “Laurie” Lee, que vivió aquí entre la década de 1930-50.
      • Arriba y a la derecha, el castillo romano-nazarí de San Miguel nos da la bienvenida, siendo este un momento de alegría por haber conseguido culminar este tramo, ya que suponemos que es en esta playa de Puerta del Mar en donde embarcaría, el triste Boabdil hacia su destino final, en África.
    • Dificultad: Media. Índice de dificultad IBP 61. Ver más datos IBP aquí>>>
    • Tiempo en movimiento: 4h 39 min.
    • Acumulado: 441 metros subiendo; 453 m bajando.
    • Media en movimiento: 3,5 kms/h.


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  • Datos de Interés:
    • Alojamiento en Almuñécar>>>
    • Gastronomía:  La gastronomía sexitana gira en torno al pescado fresco de su costa (mero, corvina, sargo, pargo, besugo, herrera, congrio…) y a sus excelentes hortalizas frescas y frutas tropicales (chirimoya, aguacate, mango, papaya, níspero, guayaba…). Un buen pescaíto frito y una jugosa ensalada confeccionada con hortalizas y frutos tropicales, son platos que el visitante está obligado a probar, en la multitud de bares y restaurantes típicos que a todo lo largo y ancho de Almuñécar son fáciles de encontrar, estando seguros de que nunca acabarán defraudados.
    • Transporte:  ALSA
    • Lugares a visitar: Castillo fortaleza romano-nazarí de San Miguel, Museo Arqueológico Cueva de los Siete Palacios, Iglesia de la Encarnación, Columbario de la Torre del Monje, Peñón del Santo, Acueducto Romano y Termas, Monumento a los Fenicios,…

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Llegada a Almuñecar junto a los Peñones.

b7 De Vélez Benaudalla a Salobreña

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Panorámica del Ayuntamiento y de la Iglesia Parroquial de Vélez Benaudalla

  • Introducción histórica:
    • “Durante la dominación musulmana, el nombre de Xalubania, y luego Salubiniya, aparece con alguna frecuencia en las crónicas.
    • Las poblaciones mozárabes, entre ellas Salobreña, se sublevaron contra el futuro califa de Córdoba Abderramán III, lo que motivo una incursión de éste por tierras de la Alpujarra y de la costa, sometiendo a los revoltosos y dejando guarnecidos los castillos con destacamentos de soldados (año 918).
    • Las rivalidades entre los nazaríes y los benimerines traen de nuevo la violencia ante los muros de Salobreña, feudo del benimerí Umar ben Mahalli, que es conquistada en el verano de 1283 por el príncipe nazarí Mohamed II.
    • Otro Mohamed, el VII, consigue en 1392, mediante intrigas cortesanas, arrebatar el trono de Granada al legítimo rey Yusuf III, que es desterrado y custodiado como prisionero en el castillo de Salobreña, que no sólo era ya una fortaleza militar de impresionante aspecto, sino que su interior constituía un pequeño palacio con fuentes y jardines, lo suficientemente agradable para que los reales huéspedes no se incomodaran excesivamente en su cautiverio.
    • En 1408 muere Mohamed VII, ordenando en sus últimos momentos la muerte de Yusuf. Y cuentan las crónicas que el príncipe cautivo pidió a su verdugo un deseo antes de morir: concluir la partida de ajedrez que estaba jugando. La partida duró lo suficiente como para dar tiempo a que llegasen de Granada sus partidarios, que lo habían proclamado rey.
    • A partir de entonces, el castillo-prisión de Salobreña se convirtió en una residencia cotizada para invitados molestos: Yusuf III (que, como hemos visto, disfrutó de sus aposentos) tuvo preso allí a su hermano Mohamed el Zurdo, que a su muerte fue coronado rey de Granada en 1419; Muley Hacén destronó a su padre en 1464 y lo envió prisionero a Salobreña, donde murió al poco tiempo; y el mismo Muley Hacén, derribado del trono por su hermano Mohamed el Zagal, terminó sus días exiliado en la misma fortaleza.
    • Salobreña era una posesión del patrimonio privado de la familia real granadina y, según dicen los escritores árabes de aquel tiempo, su vega abundaba en caña de azúcar, naranjas, algodón, maíz y claveles. El azúcar se obtenía en las industrias azucareras, llamadas ingenios, por el mismo método que, básicamente, siguió utilizándose durante siglos. Al igual que en la Alpujarra, también en Salobreña tuvieron un gran auge la cría de gusanos de seda y las consiguientes plantaciones de morera para alimentarlos.
    • Un hijo ilustre de la Salobreña musulmana fue Abu Alí Umar ibn Mohamed al Salawbini (1166-1274), destacado filólogo y estudioso de la gramática árabe.
    • Terminaba el siglo XV y los Reyes Católicos culminaban la gesta heroica de la Reconquista. El secretario de los reyes y capitán mayor de la artillería, Francisco Ramírez de Madrid, se distinguió especialmente en la conquista de la fortaleza de la villa, cuya rendición tuvo lugar en los últimos días del mes de diciembre de 1489. En la sillería del coro de la catedral de Toledo está representada la escena de la entrega de las llaves de la villa al rey don Fernando el Católico.
    • Mas con la caída en poder de los cristianos no terminaron las intervenciones históricas de Salobreña en la vida de la dinastía nasri. Corría el año 1490 y tocaba a su fin esta dinastía, cuando Boabdil, deseando poseer una salida al mar por donde pudiera venirle una posible ayuda africana, salió de Granada con un gran ejército y puso sitio a Salobreña, aunque al parecer su intención era la de dirigirse contra Almuñécar. Consiguió apoderarse de la villa gracias a la ayuda prestada por la población mudéjar que le franqueó las puertas, facilitándole además armas y víveres para poder mantener el asedio de la alcazaba donde se habían refugiado los cristianos. El cerco de Salobreña dio ocasión a que Pérez del Pulgar, «el de las Hazañas», diera una prueba más de su valor temerario al conseguir entrar en la fortaleza sitiada con setenta hombres, previo el permiso del conde de Tendilla, capitán general de la frontera en aquel entonces. En ayuda de la plaza cercada habían acudido también don Francisco Enríquez, gobernador de Vélez-Málaga, y don Iñigo Manrique, que lo era de Málaga, pero no pudiendo forzar el cerco, se adueñaron de una peña cercana al castillo desde donde animaban a los sitiados a proseguir en su resistencia. La situación de la fortaleza era ya, sin embargo, insostenible por la escasez de agua y alimentos, cuando llegaron nuevas al campamento musulmán de que el Rey Católico venía a toda prisa con grandes huestes en auxilio de Salobreña, y ante este peligro, Boahdil, temiendo verse cortada la retirada, levantó el cerco y marchó a su ciudad de Granada”. (Gonzalo Pulido Castillo, “Breve historia de Salobreña”).
    • “La nueva de haber ido el rey Boabdil sobre Salobreña, cundió por la costa inspirando mil temores a los cristianos.Don Francisco Henriquez, tío del rey, que mandaba en Vélez Málaga, convocó a los alcaides y caballeros de su jurisdicción para que fuesen con él en socorro de aquella importante fortaleza… y reuniendo un corto número de gentes, se puso en movimiento para Salobreña. La marcha no podía ser más áspera y trabajosa, pues todo era subir y bajar cuestas, algunas de ellas muy agrias y precipitosas; y a veces guiaba el camino por la orilla de un precipicio, al pie del cual se veía espumear y agitarse con imponente furia el mar embravecido. Cuando llegó don Francisco al elevado promontorio que se extiende por un lado del valle de Salobreña, quedó confuso y triste al ver acampado en derredor de la fortaleza un ejército moro de mucha fuerza. El pendón de la media luna ondeaba sobre las casas de la población y sólo en la torre principal del castillo se veía una bandera cristiana. Viendo que no era posible con la poca fuerza que traía… socorrer el castillo, se colocó con su tropa en una peña cercana al mar donde no podía hacerles daño el enemigo; y elevando allí su estandarte, esforzaba a los cercados… Entre tanto, Hernán Pérez del Pulgar, observó en el castillo un postigo que daba al campo..  determinó meterse por aquella entrada… y propuso a sus camaradas que le siguiesen. Guiados por Pulgar, rompieron estos valientes por una parte del real enemigo donde había poca vigilancia, y llegaron peleando hasta el postigo de la fortaleza: al instante se les abrió la puerta y antes que el ejército moro tuviese entera noticia de éste arrojo, ya estaban dentro del castillo. Con éste refuerzo cobró ánimo la guarnición y fue más vigorosa su resistencia. Pero los moros, sabiendo que había escasez de agua en el castillo, se lisonjeaban que la necesidad pondría muy pronto a los sitiados en términos de rendirse. Para que perdiesen esta esperanza, mandó Pulgar que se les arrojase desde los adarves un cántaro de agua y con ella una taza de plata” (Washington Irving, “Crónica de la conquista de Granada”).
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Entrada a Salobreña por el Camino Viejo de Motril


  • Datos de la etapa:
    • Itinerario: Vélez Benaudalla-Azud de Vélez-Rio Guadalfeo-La Bernardilla-Cortijo del Molino de papel-Rio de la Toba-Molino Viejo-Los Palmares-Canal-El Vínculo-Lobres-Rio Guadalfeo-Rambla de Molvízar-Salobreña
    • Recorrido: Lineal, 17,3 kms.
    • Descripción:
      • Prólogo obligado antes de iniciar esta etapa en Vélez Benaudalla: acercarnos a ver el manantial del Nacimiento: éste lugar es una fuente natural conocida desde el tiempo de los romanos; directamente mana desde el suelo, a borbotones, un caudal de agua abundante, cristalina, fresca y deliciosa, que conecta a un sistema de reparto de aguas a través de antiguas acequias de las que tan amantes eran los paisanos de Boabdil. El Castillo de los Ulloa y el Jardín Nazarí (catalogado como “Jardín Histórico” y conocido también como “Jardín de los Sentidos”) son lugares a los que el viajero debe, sin excusa, acercarse también a conocer. Por último, cumplir el rito de degustar uno de sus sabrosos pestiños…
      • Iniciamos esta etapa junto al Chorro de San Antonio (pilar de 3 caños, construído por el alcalde D. Ramón Peramos) que se encuentra junto a la iglesia parroquial de Nuestra Señora Virgen del Rosario. Una tradición popular veleña dice que las mozuelas que quieran encontrar novio deben beber agua en el chorro del medio …
      • Pasamos por la Plaza de la Constitución, en la que se encuentra el Ayuntamiento y la Iglesia Parroquial, y seguimos por la calle Federico García Lorca. Dejamos el casco urbano de Vélez Benaudalla, bajando por la carretera hacia el Azud, por un paseo precioso, de amplio acerado, que se encuentra escoltado de unos grandiosos ejemplares de nísperos y en la que, a la izquierda, se encuentra La Fuente, lugar tradicional en donde los labradores recargaban sus cantimploras de agua fresca, con la que enjuagar la reseca garganta y quitarse el polvo durante la dura jornada de trabajo habitual.
      • Rápidamente descendemos hasta el trazado de la antigua carretera N-323, que cruzamos para pararnos a contemplar el formidable Azud de Vélez. Una espectacular obra de ingeniería hidráulica, construida mediada la década de 1950, que regula las domesticadas aguas del río Guadalfeo, vertidas poco más arriba desde la mismísima presa de Rules. El Azud embalsa y distribuye las aguas del río en canales que luego surtirán las acequias que, a partir de ahora, servirán para fertilizar estas ricas tierras cargadas de cultivos subtropicales, destacando entre ellos los aguacates y chirimoyos, y más raramente el recién introducido litchi o ciruela china, con frutos de color pardo rojizo, de pulpa blanca, transparente, más bien dura y consistente, jugosa y de un sabor dulce-ácido.
      • A partir de ahora, entramos en el divertido juego de caminar vadeando en varias ocasiones el rio Guadalfeo, por un sendero bien marcado que baja siguiendo su curso hasta llegar a un amplio carril escoltado de inmensos naranjos, limoneros, nísperos, higueras, granados, etc. Y es que esta tierra, producto de sedimentos de milenarias crecidas, es feraz, rica y acostumbrada a dar de todo, enseñada con mimo por el hombre y habituada con el paso de los años a generar riqueza sin recato.
      • El carril (antiguo camino entre Granada y la Costa, anterior a la carretera de Isabel II) coge altura. El Guadalfeo se queda a nuestra izquierda, y el feraz valle, se abre a la inmensidad de todos los inimaginables tonos de verdes. Sin apenas darnos cuenta disfrutamos de la imagen del Pico Columba (839 metros de altura y un perfil piramidal “de película”), perfectamente enmarcado en un azul celeste de un cielo apenas manchado de jirones de blanquecinas nubes. La retina va adaptándose a esta sinfonía de colores en los que, a modo de notas musicales, suena brillante en brotes de verdes, que se entremezclan con los ocres de la tierra, bajo los azules enmarañados del cielo…
      • La gran cortijada de La Bernardilla nos recibe. Esta antigua alquería, situada sobre un promontorio rocoso a 100 metros de altura, en un lugar privilegiado y estratégico, entre el cauce de los ríos de la Toba y Guadalfeo, controló, desde la más remota antigüedad, el paso, en ésta encrucijada de caminos entre Vélez Benaudalla, Los Guájares y la Costa de Motril y Salobreña. Se han encontrado en La Bernardilla restos de época almohade (al igual que en el poblado del Castillejo, en Los Guájares).
      • Comenzamos un suave descenso que nos lleva hasta la carretera SO-16 que, serpenteante, sube hacia Los Guájares. Atravesamos la carretera, para pronto desviarnos a la izquierda, por el Camino de los Guajareños, subiendo una corta, pero fuerte pendiente que nos cambia al valle por el que transcurre el pintoresco río de La Toba. Un poste indicativo nos informa de la canalización del gaseoducto entre Granada y el Puerto de Motril. Coronado el repecho, bajamos y dejamos a la derecha, los restos del antiguo cortijo del Molino de Papel, entre plantaciones de cítricos y subtropicales.
      • El río de la Toba, afluente del Guadalfeo, nace a 1028 metros de altura, junto al cortijo de la Toba, al Noroeste de Guajar Alto y desciende, encajonado, en un estrecho valle, flanqueado por las abruptas laderas de la Sierra del Chaparral y la Sierra de los Guajares. También es conocido como río de la Sangre, en recuerdo de luctuosos  tiempos pasados: en febrero de 1569, durante la rebelión de los Moriscos, acosados los sublevados por las tropas del Marqués de Mondéjar, buscaron refugio en el Peñón del Fuerte, cerca del nacimiento de río de la Toba. Cuando las tropas moriscas al mando de Marcos el Zamar (alguacil de Játar), aprovechando la oscuridad de la noche escaparon en dirección a las Albuñuelas, dejaron sobre el Peñon del Fuerte, a los heridos, ancianos, mujeres y niños, esperando clemencia… al tomar la posición las tropas castellanas, el Marqués de Mondéjar, mandó no tomar prisioneros y pasar a cuchillo a todas las personas, para perseguir a los escapados… la sangre bajó por el río dándole un color rojizo a sus aguas…
      • Vadeamos el río de la Toba, de lecho arenisco y transparentes aguas, bordeado de densos y altos cañaverales, un lugar fresco y atractivo para tomar un ligero refrigerio, antes de acometer, las fuertes rampas que nos subirán sin pausa hacia Los Palmares.
      • Pasamos junto al Molino Viejo, situado a la izquierda, y subimos por el Camino de los Guajareños. Coronado el primer repecho, dejamos a la derecha el camino que sube hacia el cortijo del Cañuelo, situado en la ladera del Pico Columba. Cruzamos el barranco del Cañuelo, a la sombra de portentosos y longevos pinos.
      • Seguimos subiendo hasta llegar a la Colada de Faral, donde encontramos las pendientes más pronunciadas de ésta etapa. Tras superar ese duro tramo, a 233 metros de altura, encontramos un pilar-abrevadero con tres pilas escalonadas, lugar tradicional para repostar agua el ganado. Un sondeo de captación de agua en el barranco realizado en 2014, ha mermado su caudal. La poca agua ha sido entubada hasta una cercana alberca y el pilar-abrevadero está seco.
      • Esta zona de Los Palmares, es un espacioso terreno de cultivo dedicado casi exclusivamente al aguacate y chirimoyo, va siendo recorrida en toda su extensión por un muy bien cuidado carril que sube atravesando el barranco del Cañuelo en dirección norte, para luego ir bajando hacia el sur buscando la costa.
      • El nombre de Los Palmares, procede de palma y de palmito, esa planta herbácea tan abundante en zonas de secano, de la que se aprovecha todo: con sus hojas se fabricaban escobas, de entre sus raíces se cogían las payuelas (brote carnoso que si se dejaba madurar daba lugar a un racimo de dátiles o uvas-palma), sus frutos (las uvas-palma) aunque un tanto fibrosos eran como un dulce para los niños… Una antigua costumbre de ésta zona: cada 25 de diciembre, las parejas de novios, iban al monte a buscar palmitos, siempre convenientemente acompañados de otra persona (una “carabina”)… para que no “pelaran la pava”…
      • Casi sin darnos cuenta hemos pasado por encima del paraje de Los Vados, casi siempre rodeados de aguacates, el rey en estos lares, apenas salpicados en algunos momentos por impresionantes ejemplares de pino negro. Toca llaneo, algún sube y baja, y cambiamos de ladera, el terreno se torna arenisco, cogemos ahora un marcado sendero y la bajada se hace pronunciada, algo que nos lleva a poner en tensión todos nuestros sentidos para evitar sorpresivos resbalones.
      • Continúa la bajada por la ladera sur, de lleno inmersa en vegetación de monte bajo mediterráneo, tomillo, romero, coloridos lirios, chaparros y pinos, para de forma sorpresiva, en una curva repentina del sendero contemplar asombrados la alfombra azul del mar, límpido e inmenso. La silueta de grandes barcos ponen el acento a la panorámica, y es que desde que salimos de Granada y después de recorrer más de un centenar de kilómetros es la primera vez que desde arriba, a vista de pájaro, en la lontananza, contemplamos el mar. Bien vale la pena detenerse unos instantes para disfrutar del espectáculo y respirar sosegadamente.
      • Al otro lado del cauce del río Guadalfeo, vemos la figura puntiaguda de Cerro Gordo (528 metros de altura) y las estribaciones de los cerros de Magdalite, que se adentran en la Vega de Motril-Salobreña. En sus laderas se encontraban las antiguas alquerías de Pataura y Panata, desaparecidas hace cientos de años, por la mala calidad de vida que causaba el Guadalfeo, cuando esta zona era un profundo estuario marino que se adentraba hasta casi el cerro de Escalate (653 metros de altura) y el Tajo de los Vados.
      • Pasamos cerca de las inmediaciones de la Cueva del Capitán, utilizada por pastores seminómadas del Neolítico Medio (IV milenio A.C.), que nos legaron restos de la Cultura de las Cuevas. En el Museo Arqueológico de Granada se encuentran los restos encontrados en los sondeos estratigráficos realizados por Manuel Pellicer en 1962 y por María Soledad Navarrete en 1970. Y es que toda esta zona de Los Palmares y del Cerrajón, ha estado habitada desde la más remota antigüedad. En noviembre de 2003 y tras un devastador incendio en la zona del Cerrajón (al Suroeste de Los Palmares), fueron descubiertos restos prehistóricos megalíticos, en concreto un conjunto de menhires de ortostato, dispuestos de forma semicircular.
      • Ahora el sendero de la Cuesta Moya, desciende rápido, con un piso que sigue inestable y zigzagueante, hacia el paraje de El Vínculo, fértil, rico, feraz terreno, en el que el Guadalfeo convertido en delta se acerca inexorable a su desembocadura.
      • Un carril asfaltado (el camino del canal de San Agustín) nos lleva hasta la localidad de Lobres, que atravesamos volviendo a buscar el cauce del Guadalfeo que ya no abandonaremos hasta casi llegar a nuestro punto de destino.
      • Pasamos junto a las instalaciones de la Azucarera Montero, conocida antiguamente como La Melcochera; hoy, una moderna destilería de alcohol; en 1900, cuando se fundó, una fábrica de azúcar y miel de caña, que en la publicidad de la época decía: “Miel de caña superior. El postre más exquisito y económico. Quien lo prueba una vez lo prefiere a todos”, o éste otro: “Caña-Miel es el mejor postre. De gran consumo en Colegios. La Caña-Miel reemplaza económicamente a todos los postres. De suma eficacia contra el estreñimiento”. La Melcochera está convertida ahora en “territorio pálido”, desde que Francisco Montero Martín, fundador en 1963 de “Ron Pálido” y “Ron Montero”, al jubilarse en enero de 2007, vendió la Empresa a su sobrino Joaquín, hijo de su hermana Concha.
      • Caminamos ahora casi tres kilómetros por la orilla derecha del río, sobre el muro de hormigón construido para evitar desbordamientos, entre densa vegetación de ribera: tarajes, juncos, aneas y cañaverales, así como espectaculares eucaliptos que prestan su sombra al caminante, haciendo más llevadero su andar. Nos desviamos a la derecha, cruzando la rambla de Molvízar y después seguir por el antiguo camino que conectaba Motril con Salobreña.
      • Poco a poco llegamos a Salobreña, la antigua Salubiniya, la de blanqueadas casas que se agolpan encima del peñón sobre el que se aposenta. El blanco, tapa al ocre, sobre el celeste del cielo. La sinfonía de color continúa hasta que a bocajarro entramos en sus calles. Salobreña, despierta y vivaracha, nos da la bienvenida.
  • NOTA: Martes, 16 de mayo de 2017. Un incendio, en las inmediaciones del sendero de la Cuesta Moya, calcina 12 hectáreas de monte bajo, matorral y pinar… dañando gravemente el patrimonio natural de esta zona de la Costa Tropical.
    • Dificultad: Media. Índice de dificultad IBP 59. Ver más datos IBP aquí>>>
    • Tiempo en movimiento: 4h 26 min.
    • Acumulado: 295 m subiendo; 474 m bajando.
    • Media en movimiento: 3,9 kms/h


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  • Datos de Interés:
    • Alojamientos en Salobreña>>>
    • Gastronomía: Pestiños y dulces moriscos en Vélez Benaudalla. Pulpo con pimentón y migas de maiz en el Chiringuito El Campano en Salobreña.
    • Transporte: ALSA
    • Lugares a visitar: El Nacimiento, Castillo y Jardín Nazarí en Velez Benaudalla. Castillo y mirador en Salobreña.
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Salobreña desde Las Piedras del Caletón, fotografía de David Llanas Ortega

b6 De Ízbor a Vélez Benaudalla

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Panorámica del Valle de Ízbor

  • Introducción histórica:
    • RECORDANDO EL PASADO“Me contó el alfaquí, el justo Sidi Hasan, hijo del alcaide y general, el muy ilustre Sidi Ibrahim al-Arraf, que presenció el derribo del talismán conocido por el “Gallo de los Vientos”, colocado en la parte más alta de la Alcazaba Cadima de Granada, con motivo de las reparaciones  que iban a hacerse: yo lo ví con mis propios ojos: era de siete metales y tenía la siguiente inscripción en verso: “El palacio de la hermosa Granada es digno de consideración. Su talismán da vueltas según las vicisitudes del tiempo. El viento rige a su jinete, a pesar de su solidez, mas no sin misterios, porque en verdad, después de subsistir breve tiempo, lo azotará un infortunio que destruirá al palacio y a su dueño”. (Leopoldo de Eguilaz Yanguas, “Reseña histórica de la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos según los cronistas árabes”).
    • Muley Hacem, casado hacía tres años con su hermosa prima Aixa, determinó presentarla como su reina al pueblo granadino, y para ello escogió el día de su natalicio, el día quinto del mes Ramadan del año 864 de la Égira (1.460 de la era cristiana), y en aquel solemne día todo reflejaba alegría y público regocijo en la ciudad… Una persona, sin embargo, leyó en el semblante de la reina, el horóscopo fatal de su destino, y dijo, a media voz: “¡Ay de Granada bajo el reinado de Aixa; el destino se cumplirá, la felicidad anidará poco en su lecho conyugal; una cristiana le robará el corazón de su esposo, y estas disensiones prepararán más tarde la pérdida de la ciudad querida del Profeta, en el reinado de su hijo!”. En breve plazo se había de ver cumplido aquel fatal augurio, y conquistada para siempre la perla de Occidente. (Francisco de Paula Villa-Real Valdivia, “El libro de las tradiciones de Granada”.
    • TESTIMONIO: “Velez Benaudalla se encuentra situado en las últimas estribaciones de la Alpujarra granadina, sobre una suave ladera y una pequeña llanura que deja a sus pies el río Guadalfeo, …, a una altitud de 70 metros sobre el nivel del mar, rodeada de impresionantes sierras que en ocasiones alcanzan hasta los 1.500 metros de altura: Al Oeste, las Sierras de Los Guájares y Almijara; al Este, la Sierra de Lújar y del Jaral; al norte, Sierra Nevada. Así, el único paso natural que nos queda constituye un eje norte-sur que marca la fisonomía de este terreno tan abrupto. Su trazado lo formaliza el curso del río Guadalfeo que se encuentra próximo ya  a su desembocadura en el mar Mediterráneo… el Castillo es el elemento que domina toda la escena urbana, elevándose por encima de cualquier construcción y considerado el punto de referencia de la localidad, …, se encuentra localizado sobre un promontorio rocoso, en la parte superior del casco urbano, y su acceso al mismo a través de un camino construido con un desnivel considerable. Por tratarse de un torreón-baluarte, …, está construido por un único edificio aislado, de planta poligonal con siete lados irregulares, cuya anchura varía entre los 6 y 11 metros y ocupando una superficie de planta de unos 240 metros cuadrados. Su distribución es de dos plantas y la terraza del torreón. Sus muros de casi dos metros de ancho se elaboraron con maspostería de piedra. Su cimentación descansa sobre la propia roca sobre la que se sustenta, dando una altura que, según la disposición de la piedra alcanza entre 10 y 15 metros”.  (Juan José Ayala – Antonio Delgado – Antonio Esteban, “Vélez Benaudalla, una mirada hacia nosotros”).
    • “El Jardín Nazarí, considerado, según Prieto Moreno, como la expresión más destacada del jardín granadino, presenta dos elementos diferenciados: una vivienda, de tipo palaciego, con una estructura típica de la época musulmana, desarrollada en tres cuerpos alrededor de un patio central y un amplio jardín, usado parcialmente como huerta, que cae sobre la garganta que forma el río Guadalfeo, en su orilla izquierda, ya que se encuentra enclavado sobre una pequeña terraza aluvial existente entre el barrio antiguo y el cauce fluvial que nos delimita. El conjunto urbanístico se encuentra cercado por un pequeño muro de tapial, con unos tres metros de altura, salvo en la parte que da al río, donde es la propia naturaleza la que, con el impresionante desnivel, sirve de frontera natural al acceso de personas y animales; pudiéndose observar extraordinarias panorámicas y vistas del curso y valle que forma esta corriente de agua tan fundamental para la historia de nuestra villa” . (Juan José Ayala – Antonio Delgado – Antonio Esteban, “Vélez Benaudalla, una mirada hacia nosotros”).

  • Datos de la etapa:
    • Itinerario: Ízbor-Los Rehoyos-El Rayo-Rio Guadalfeo-Área recreativa de la Explanación-Vélez Benaudalla.
    • Descripción:

      • Iniciamos esta etapa desde la puerta de la Iglesia Parroquial de San José de Ízbor, en una mañana fresca, dando nuestros primeros pasos por las estrechas callejuelas trazadas siguiendo parámetros de otra época ya pasada, dando la sensación de que el tiempo se ha detenido y que en estos lares se resiste a cambiar.  Pasamos junto a las Escuelas y su fuente. Poco a poco, abandonamos el núcleo urbano para tomar un carril cementado con fuerte pendiente, dirección sur, encaminados hacia la mole del Cerro del Rayo que hay que superar, buscando la Costa Tropical, que cada vez sentimos más cerca.
      • Esta primera parte del recorrido hay que afrontarla pacientemente, con paso firme y corto, lo que nos lleva a recordar el antiguo dicho montañero de: “Sube como viejo, si quieres acabar como joven”. Escoltados de cargados nísperos, naranjos y limoneros, grandes y protectores olivos, así como de algún árbol extraño, como despistado, que se ha aclimatado perfectamente al suave clima tropical de esta zona, se trata de la feíjoa, árbol procedente de Sudamérica y cuyos frutos tienen un gusto acidulado, que recuerda al sabor de la piña tropical y a la guayaba. Mientras vamos cogiendo altura, alejándonos relajadamente de las blancas casas de cal, atravesamos el barranco de Las Tripas. La Fuente de las Tripas, situada a la derecha del camino, ha sido utilizada, desde la más remota antigüedad, por las mujeres izboreñas, para lavar el menudo, las tripas del cerdo, y prepararlas para la elaboración de los ricos, sabrosos y contundentes embutidos caseros, esenciales en la economía doméstica tradicional de nuestros pueblos.
      • Nos encontramos sorpresivamente con una vecina, Antonia, que a su avanzada edad y con un caminar cansino y desgastado no se resiste a dar su habitual paseo matinal por esos caminos que, desde niña, nos cuenta, a venido recorriendo. Nos ofrece simpática y amistosa charla, a la vez que nos obsequia con recetas y consejos culinarios ancestrales, y sin olvidar lo más importante, desearnos un “buen día”, algo que nos inunda el alma de buenos sentimientos, un gesto olvidado en las grandes urbes y que una vez más nos hace sentir privilegiados de habernos metido en esta experiencia de reinventar caminos.
      • Nos despedimos de Antonia, apretamos el paso, se tensan los gemelos y entre pequeñas paradas para recuperar el resuello y disfrutar del paisaje, casi sin darnos cuenta, vamos cogiendo más y más altura.
      • En el barranco del “Hundiero”, contemplamos acequias (la Altera, la del Pinar, la de la Vega), convertidas en fuentes, o viceversa, que ponen la nota de humedad en el ambiente. En esta zona, no la vemos, pero nos han dicho que está la Fuente Caliente, que según la gente del lugar, en Invierno, mana agua caliente y en Verano, fría…
      • Tras salvar el barranco de Montoya, con olivos centenarios y las ruinas de la casa del guarda de la Central Eléctrica de Izbor, afrontamos la dura subida de la Cuesta del Arrastradero, donde una vez coronada, disfrutamos con las bellas panorámicas, a vista de pájaro: de Pinos del Valle, del embalse y presa de Béznar, Chite, Los Peloteos, de la cicatriz serpenteante sobre el terreno que dibuja la autovía, de los molinos eólicos generadores de electricidad  y las inmensas faldas serranas y oscuras del pico del Caballo, del cerro Bordaila, en las que se asienta Lanjarón, Cáñar, Carataunas, Bayacas y a duras penas, asomando sobre su llanura, sobre su “albacete”, Órgiva.
      • Cambiamos claramente de ladera, ahora dirección sureste, para repetir sensaciones al contemplar el brillo al sol del Embalse de Rules, a los pies de la mole grandiosa y espectacular de la Sierra de Lújar (1.850 metros altura). A la vez, también notamos como cambia el terreno, ya que dejamos el suelo labrado y frondoso, para entrar de lleno en un espeso bosque mediterráneo, con pinos majestuosos, verdes almendros, abundante esparto, coloridas jaras, enebros, cornicabras, lentiscos, aulagas y plantas aromáticas de todos los tipos. El estridente canto de los pájaros nos ayuda a sumergirnos totalmente en plena natura: pródiga en grandes zonas de espartizales, donde se cría una planta, la atocha o esparto (“stipa tenacissima”), esencial en la vida cotidiana de nuestros antepasados, que la trabajaban haciendo tomizas, sogas, cubiertas y afelpados…
      • Vamos serpenteando y seguimos subiendo la mole de El Rayo (758 metros de altura). Contemplamos en una de las revueltas del camino la Venta de la Cebada (en el trazado del antiguo Camino Viejo de Granada a Motril) y, sobre el Cerro de Chinchirina, la diminuta silueta de la Ermita del Cristo del Zapato, y por fin, hacemos puerto y conseguimos la máxima altura de la etapa, para empezar ahora, mirando claramente hacia el sur, vislumbrando entre la bruma, entre el Cerro de Escalate y el Tajo de los Vados, el  azulado mar.
      • Fuerte descenso por un carril muy pendiente, de mal piso y estado, que deberemos afrontar con suma precaución. Vamos dejando a la izquierda el embalse y presa de Rules. Aparece en el horizonte, el casco urbano de Vélez Benaudalla, la antigua “Ballis Banu Abd-Allah” (Valle del hijo del siervo de Alá) cada vez más cerca, pero a nuestros pies, presentimos que el fin de ruta de acerca.
      • Sin dejar de descender, por carril ya mejorado en piso, el Camino de la Bonela, llegamos finalmente junto al cauce del río Guadalfeo, que nos recibe proporcionándonos el frescor del ambiente que procuran sus caudalosas aguas. Caminamos ahora siguiendo el río, por su margen derecha, encajonados entre espesa vegetación de ribera junto al río (gigantescos álamos blancos, inmensos eucaliptos, frondosos sauces, aneas, juncos y cañaverales…), mientras a la derecha los cuadrados terrenos de fértil vega nos saludan al pasar plenos de hortalizas, parrales, cargados nísperos, aguacates y chirimoyas. La vertical ladera del cerro está plagada de pitas y chumberas (afectadas por un hongo que las está matando, poco a poco…).
      • Accedemos al Área Recreativa “La Explanación”, La Playa de los Veleños, descansamos en sus mesas y bancos, disfrutando del agradable sonido de las aguas del río, que ponen el contrapunto a los intensos cantos de los pájaros, para volver a caminar junto al río, al que finalmente vadeamos por el Puente de Rufino, para empezar a subir y llegar a la carretera N-323 que atravesamos para tomar ahora la pendiente de la Cuesta del Río que en unos pasos más nos lleva por la calle Cabo al corazón de Vélez Benaudalla. Nos dirigimos hacia la iglesia y en el pilar de San Antonio, tomamos un largo trago de fresca agua, la mejor recompensa obtenida al finalizar la jornada, aparte de degustar los riquísimos pestiños de la Panadería Conchita. Uuuummmmm.
      • NOTA: Etapa dedicada a Paco Pedrosa Gijón (Vélez Benaudalla, 1986 – Eedigapalle / India, 05-08-2017). Ver “In Memoriam” en la Sección Autores.
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Pestiños de Vélez Benaudalla. Un manjar morisco por excelencia.

  • Recorrido: Lineal, 15,65 kms.
  • Dificultad: Al presentar fuertes desniveles tanto en subida como en bajada, así como un piso con abundante piedra suelta, requiere una preparación física Medía, teniendo globalmente la ruta una dificultad técnica de Media. El índice de dificultad IBP es de 69. Ver más datos IBP aquí>>>
  • Tiempo en movimiento: 4 h 39 min
  • Acumulado: 628 m subiendo; 829 m bajando.
  • Media en movimiento: 3,45 kms/h

  • Ver todas las fotos de la etapa aquí>>>

Captura de pantalla completa 19042017 213133.bmp


  • Datos de Interés:
    • Alojamiento en Vélez Benaudalla.
    • Gastronomía: En Vélez Benaudalla los dulces moriscos y por antonomasia el famosísimo pestiño. También destacan las hortalizas sabrosísimas criadas con agua del rio Guadalfeo y sobre todo los productos tropicales, como el aguacate y la chirimoya. Para comer, recomendamos el Hotel-Restaurante La Brasa, justito en la carretera de Los Vados.
    • Transporte: ALSA
    • Lugares a visitar: El Castillo, el Nacimiento, Jardín Nazarí y la Ribera del rio Guadalfeo.