a9 De Cádiar a Ugíjar

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Cádiar

  • Introducción histórica:
    • CAMINO HACIA EL EXILIO:
      • El anciano le dijo a Boabdil : “Alteza, el pueblo os reprocha vuestra falta de inteligencia para convencer y ganaros al Zagal, porque no le hicisteis que combatiera a vuestro favor y en contra del cristiano. Os faltó hombría y vigor, picardía y sagacidad y, en lugar de aliaros con el Águila contra él, derramasteis la sangre musulmana… No os conformasteis con eso sino que decapitasteis a los alfaquíes que os criticaron la acción… Os vengasteis de la fatwa… Dos al menos, los zegríes, que pertenecían a mi tribu, eran de sangre real, como vos. El resultado es que habéis perdido un reino, que habéis perdido un pueblo, que se está disolviendo por las rutas polvorientas de Berbería, y que habéis perdido la honra y el decoro de un rey”. (Leonardo V. Villena, “El último suspiro del rey Boabdil”).
      • “¿ Conoces a mi maestro, el alfaquí Abenamar Al Baduli? – preguntó Boabdil, que creyó oportuno rebatir públicamente sus palabras. A lo que el anciano respondió: Fue compañero mío en la Madrasa cuando vuestro abuelo Ciriza no gobernaba todavía, cuando vuestro padre ni siquiera ceñía su alfanje de acero oriental… Era un gran hombre y el mayor sabio del reino. Se merece todos mis respetos y mi mayor aprecio y me honraría eternamente si le volviera a besar la mano…    Boabdil: Cuando, por segunda vez, vio caer degollados, defendiendo la fortaleza de su pueblo y el camino de Granada, a los mejores soldados de mi guardia; cuando vio a los niños, mujeres, ancianos que se morían de hambre por las calles de la ciudad, cuando contempló el alarde de tropas que hacían los cristianos en todas sus acciones, me aconsejó que negociara una rendición digna, una entrega decorosa del reino porque, de otra forma, si resistía, sólo conseguiría profundizar las penas y las miserias de mis súbditos. Y mis mejores vasallos habéis sido y sois vosotros. Y tú, Sidi Mehmet Aldulaya, a pesar de tus palabras, ocupas la cúspide. Te lo digo porque reconozco que quien habla por tu boca no es el odio contra mí sino la pena y el sentimiento por todo cuanto hemos otorgado y transferido. Pero nos queda todavía una esperanza: que el rey cristiano, tan cumplidor siempre de su palabra y de sus pactos, nos respete la vida en estas tierras en las condiciones en que firmamos: “Por juro de heredad y para siempre jamás”. Si así fuera, solamente habríamos perdido una parte del reino porque nos restaría mi feudo, donde podríamos vivir en libertad y donde mantendríamos nuestra fe, nuestra vida y nuestras costumbres más ancestrales. Así lo firmamos”. (Leonardo V. Villena, “El último suspiro del rey Boabdil”).
    • RECORDANDO EL PASADO:
      • 1483.  Parte I. “El rey Fernando había hecho llamar a su primo Gonzalo (Fernández de Córdoba) para que se reuniese con él en Córdoba. … Ahora sabía el papel que éste debía representar en la compleja y tal vez larga negociación que quería llevar a cabo. … Quería entrevistarse con Boabdil, el joven monarca nazarí, nada mas llegar a esa ciudad. … Su primo Gonzalo era la persona idónea para ayudarlo en aquel delicado momento. Toda la estrategia del rey estaría basada en la confianza que lograse infundirle a Boabdil. Gonzalo tenía un elevado conocimiento de la frontera y del mundo árabe, conocía el idioma, los problemas y los sentimientos de los nobles nazaríes y también los de la gente sencilla. … Y luego estaba aquella especie de nobleza natural de Gonzalo, una dignidad que probablemente era el resultado de saber combinar en los momentos adecuados la firmeza y la mesura. Ofrecer a su interlocutor la cara más férrea o la más suave pero sin acabar nunca de desligar la una de la otra. Fernando marcaría la línea maestra de la negociación, pero luego sería Gonzalo quien iría trenzando y asegurando todos los hilos hasta convencer a Boabdil de la firmeza de los propósitos cristianos. … Boabdil advirtió la presencia, algo más apartada, de un hombre joven, sin duda militar, que lo observaba discretamente y que fue el último en serle presentado. Gonzalo se inclinó levemente ante el rey nazarí, sin la afectación exagerada de unos, ni la sequedad que le habían mostrado otros. Gonzalo lo saludó con sencillez, en árabe, mirándolo a los ojos: Soy un soldado y siempre defenderé a mi señor el rey Fernando, así será hasta el final, pero también soy un hombre de honor y nunca haré esa defensa con artimañas que ensucien el nombre de mis reyes ni tampoco el mío propio”. (Antonio Soler, “Boabdil, un hombre contra el destino).
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Panorámica de Yégen desde la Cañada Real del Camino de Yégen


  • Datos de la etapa:
    • Itinerario: Cádiar – Mirador del Barranco de Pedro Conde – Alcantarilla bajo A-348 – Barranco de las Rueas – Rambla de Yátor – Yátor – Mirador de la Cruz – Montenegro – Corral de la Cruz – Sendero SL-A206 – Barranco del Prado – Cañada Real del Camino de Yégen – Cañada Real de la Umbría del Cerrón a la Loma del Pintor – Rambla de Carlonca – SL-A206 – Río de Válor – Ugíjar.
    • Recorrido: Lineal, 19,7 kms.
    • Dificultad: Esta ruta necesita de una preparación física Media/alta; por las características y dificultad del terreno es Dura, por lo que en su conjunto la podemos catalogar de Difícil. El índice IBP es 77. Ver más datos IBP aquí>>>
    • Tiempo en movimiento: 5 h 42 min
    • Acumulado: 601 m subiendo; 869 m bajando.
    • Media en movimiento: 3,6 kms/h
    • Descripción:
      • El reloj de la torre de la Iglesia de Santa Ana, daba sus campanadas a modo de saludo cuando tomábamos la Calle Real que nos condujo hasta la Plaza de España, lugar donde se encuentra el Ayuntamiento del Municipio de Cádiar. Una fuente, de agua fresca y cantarina, nos avisa de su presencia y nos puso el primer trago en la garganta, animándonos a rellenar de renovada agua nuestras cantimploras. Las golondrinas revoloteaban saludando el nuevo día y unos solitarios y adormecidos cadienses, cadiarenses, cadiereños o pavicos, nos saludan desde la puerta del bar, punto de encuentro para arrancar la jornada.
      • Salimos de la plaza, desembocando en la calle Pedro Antonio de Alarcón, pasando junto al Centro de Salud, el Parque de Cádiar (con su gran monumento a la uva) y la parada del autobús. Unos 50 metros más adelante, dejamos la Avenida de Andalucía, para desviarnos a la izquierda por la calle Los Martínez, donde tras pasar junto a una casa con piedras de molino en su entrada, dejamos su casco urbano y tomamos un carril, primero cementado y luego de tierra que sube, serpenteando, hasta el Mirador del Barranco de Pedro Conde. Se trata de una antigua era, ahora reconvertida en mirador, que cuenta con barandilla de madera y bancos para disfrutar del paisaje. También hay un conjunto de antenas de telefonía, signo de los tiempos: a los que no se puede renunciar. Mirando al frente, Cádiar nos ofrece sus mejores galas, a modo de despedida. A la derecha, asentados en la ladera de los Cerros del Peñón (2.754 metros) y del Gallo (2.919 metros), vemos los blancos caseríos de Alcútar y de Los Bérchules.
      • Continuamos subiendo por carril de tierra que en ocasiones se queda semiperdido o convertido en sendero por medio de un olivar, luego baja bruscamente dirección sureste, para dejar de ser sendero y convertirse en antiguo carril abandonado que va paralelo a la carretera, hasta llegar primero a la carretera A-4127, que conecta con Alcútar y los Bérchules. Giramos a la derecha para volver a cruzar con la debida precaución la nueva carretera comarcal A-348 (de Lanjarón a Almería, por Ugíjar), quedándonos a su derecha dirección a Ugijar.
      • Nos disponemos ahora a superar la zona de camino más complicada de la etapa, descendiendo por un tramo de la carretera antigua hasta llegar a un Pontón y después Sumidero que nos sirve para atravesar bajo la nueva carretera, por donde pasaba la antigua Vereda de Cádiar. Toca andar con toda la tranquilidad y precaución posible unos 500 metros de recorrido en pronunciado descenso, entre bloques desprendidos, grandes rocas y vegetación espesa de matorral, que pondrán a prueba nuestra pericia como caminantes. Hay gran cantidad de objetos que no tienen explicación de su existencia aquí, a no ser que provengan de un antiguo vertedero (hoy, por suerte, ya desaparecido con las obras de la nueva carretera): un contenedor de vidrio, filtros metálicos de motores y ruedas, muchas ruedas de tamaños y dimensiones variadas, motivo por lo que no hemos dudado en bautizar a este tramo como Barranco de las Rueas.
      •  ¡¡¡Atención!!!: Es nuestro propósito volver a explorar la zona, para encontrar una mejor alternativa a esta Vereda de Cádiar que nos lleve hasta la Rambla de Yátor en mejores condiciones. Cuando así sea, y si es factible la alternativa, lo comunicaremos en este blog en la sección Novedades.

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        Objetos inesperados e inexplicables se encuentran en la Rambla de las Rueas.

      • Terminado el Barranco de las Rueas, el piso mejora, los grandes y dificultosos bloques de piedra, paulatinamente van desapareciendo, abriéndose en un amplio espacio, la Rambla de Yátor, por la que ahora es una gozada caminar. Pasamos junto a las ruinas del antiguo Cortijo de Parriche (que queda a la izquierda). Aumentamos el ritmo para recuperar el tiempo perdido en el dificultoso tramo anterior y despertar las piernas.
      • A unos 2 kms, aproximadamente, dejamos el cauce arenoso de la rambla de Yátor, desviándonos a la izquierda y dirigiéndonos hacia el trazado de la carretera comarcal A-348. Cruzamos bajo su asfalto, por un ancho tubo de desagüe que nos lleva hasta la otra cuneta de la carretera. Caminamos un corto trecho, por ella y, poco después, nos incorporamos al camino asfaltado que cómodamente nos conduce hasta el casco urbano de la localidad de Yátor.
      • Poco a poco nos vamos sumergiendo en él: primero pasamos casas nuevas, todas ellas, con sus porches cargados de macetas, higueras y las omnipresentes parras; una gran alberca que acumula agua para el riego; un puente que supera el río de Yátor, pasando por un corredor verde de higueras y otros árboles que ponen un marco perfecto al entorno en el que se encuentra el viejo cementerio abandonado. Unos metros más adelante, nos encontramos con su amplia plaza, donde se encuentran: la iglesia de San Sebastián, en el centro, una cooperativa de aceite a un lado y unos  plataneros gigantes, casas de antiguo trazado, un tinao, gatos adormecidos y una gran fuente de tres caños, adornada de mosaico andalusí y presidida por un bonito azulejo de la Inmaculada (que nos da la Bienvenida a Yátor). Es un buen lugar para tomarse un respiro y disfrutar de un ambiente relajado de auténtica Alpujarra.
      • Sentados en el poyo de la fuente vemos una señal que indica Arco Romano, construcción hacia la que nos dirigimos. Se trata de un arco-acueducto con una acequia en su parte superior, que creemos más de origen medieval y morisco. A partir de este punto, iniciamos un callejeo por el corazón de Yátor, disfrutando de calles estrechas, tinaos, plazas diminutas, macetas en las fachadas, parras que crecen desde el suelo y suben hasta alturas insospechadas, pilistras inmensas, llamativas buganvillas, etc…, y sobre todo, podemos sentir el calor y el afecto de sus gentes, esos yateros y yateras, que no dudan en abrirnos sus casas para enseñarnos esos primorosos y arcaicos detalles que guardan como auténticos tesoros. Vamos saliendo del pueblo dirección oeste y hacia el cementerio nuevo, para tomar un callejón serpenteante que sube en dura pendiente hasta el Mirador de la Cruz, un lugar perfecto para contemplar,  en conjunto, la blancura resplandeciente de las casas de Yátor.
      • Un antiguo vecino, del cercano pueblo de Yégen (Gerald Brenan) nos dejó, hace casi un siglo, sus impresiones sobre éste lugar: “La aldea de Yátor, es un lugar pequeño y miserable, situado a la orilla de un ancho río arenoso. Es una aldea minera cuyos hombres pasan once meses del año en las minas de plomo de Linares, mientras sus mujeres e hijos, se quedan para cultivar las parcelas de tierra. Estas mujeres son famosas por su belleza y por su libertad, y un chiste de los alrededores decía que el cura más feliz de la Alpujarra era el cura párroco de Yátor, que tantas mujeres hermosas tenía a su disposición”. Mientras que nuestro incansable viajero, Pedro Antonio de Alarcón (hace como dos siglos), nos dice: “Alegre y pintoresco pueblecillo, todavía perteneciente al valle más que a la montaña. Lugar de 717 almas, situado a orillas de su impetuoso río”.
      • Enlazamos con el antiguo camino de Yátor a Yégen, ahora con piso de hormigón rallado. Poco después, dejamos el término municipal de Cádiar y entramos en el de Alpujarra de la Sierra.
      • Toca ahora subir sin descanso por las pronunciadas y empinadas rampas que tiene el camino que se dirige hasta el pequeño conjunto de casas que forma el núcleo de Montenegro, un lugar sorprendente, que tiene una ermita y entorno construido comunitariamente por los pocos vecinos que allí habitan. La ermita dispone de una fuente de agua fresca que bien agradecen los seguidores de las huellas de Boabdil. En el lateral izquierdo de la ermita, hay una placa de cerámica que habla del pasado de Montenegro, lugar en el que habitó el último rey de la Alpujarra, Aben Aboo. OLYMPUS DIGITAL CAMERA
      • Salimos de Montenegro escoltados por una pareja de gatitos que se han encariñado con nosotros y se resisten a abandonarnos. Seguimos ahora un carril dirección noreste, en bastante buen estado y que sube sin parar, con cuestas en algún momento bastante considerables.
      • La Alpujarra es tierra de Leyendas… : se cuenta, que algunos pastores de la Sierra han visto, al caer la tarde, sobre los altos riscos de la montaña, la figura de un jinete a caballo vestido de manera extraña y, otras veces, galopando por la Sierra más rápido que el viento… también se cuenta, que poco más abajo de la aldea de Yégen, en el sendero de mulas que llevaba a Yátor, había un manantial que alimentaba un diminuto estanque de agua tibia, conocido como el Baño de las Mujeres… la tradición decía que había sido utilizado para ése propósito durante la época mora,..
      • Tras vadear el manantial del Arroyo del Judío, seguimos subiendo hasta llegar a las inmediaciones del cementerio de Yegen. Frente a la parada (de obra) del cementerio, encontramos el indicador del sendero local SL-A 206 que seguiremos, a partir de ahora, hasta Ugíjar.
      • La Acequia Quintanilla, nos acompaña, unas veces a la vista, otras soterrada. Bajamos, continuamente: por el Barranco del Prado, por la Cañada Real del Camino de Yégen y también por la Cañada Real de la Umbría del Cerrón a la Loma del Pintor.
      • El paisaje es asombroso, en el que los pueblos de la Alpujarra Alta como Válor, Mecina Alfahar, Mairena y Laroles, aparecen como telón de fondo al norte, mientras que a nuestros pies un paisaje árido, muy erosionado y de formas caprichosas, nos parece trasladar a otro mundo. Es un tramo que precisa de detenerse, volver la mirada hacia atrás y pararse a respirar para disfrutar del aéreo espectáculo que se muestra ante nuestros ojos.
      • Gerald Brenan nos dice sobre la formación geológica del lugar: “Al parecer, durante el Cuaternario, la gran oquedad situada entre Sierra Nevada y la cordillera costera estuvo ocupada por un lago. Las lluvias arrastraron las calizas triásicas y las margas rojas que cubrían las primeras estribaciones de estas montañas, hasta depositarlas en el fondo del lago, a una profundidad de más de cien metros. Posteriormente, el caudal del lago se abrió camino hacia el mar, y la fuerza de los torrentes originó profundas cárcavas en su lecho seco. Pero el suelo de este lecho -una fina arena arcillosa- tenía la particularidad de que, a pesar de que se desintegra fácilmente con el agua, sus granos eran tan cohesivos que permitían la formación de farallones perpendiculares e incluso arqueados, que alcanzaban una altura de algún centenar de metros. De manera que las cárcavas excavadas en el que ahora era un terreno ondulado y profundo, tenían paredes escarpadas, frecuentemente esculpidas y acanaladas por el agua en formas muy curiosas”.
      • La bajada contínua, pone a prueba nuestros músculos y articulaciones, llegando finalmente hasta la Rambla de Carlonca, junto a las ruinas del Cortijo de Santa Engracia, donde hacemos un corto receso, para partir y probar un par de almendras, y catalogar sus higueras… con higos de calabacilla, muy buenos…
      • La Rambla de Carlonca está hoy bordeada de grandes invernaderos. Cruzamos la rambla y toca subir de nuevo, por la Cuesta del Molino, hasta dar vista a Ugíjar, que cada vez tenemos más cerca.
      • Llegados a un cruce, giramos a la derecha sin dejar el SL-A206 que, en sendero encajonado, nos llevará hasta el cauce del río de Válor, que habremos de vadear, entre espesos cañaverales, para finalmente acceder hasta la Plaza de la Iglesia en la que se encuentra también un bonito parque y lo que es mejor: la Fuente de la Estrella, la mayor recompensa para quitar el polvo a la reseca garganta del caminante. Aquí damos por terminada la etapa, ya que estamos en Ugijar, la capital de la Alpujarra.
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Iglesia parroquial de Ugíjar, siglo XVI


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  • Datos de Interés:
    • Alojamiento: El alojamiento en la Alpujarra está casi en su totalidad basado en alojamientos rurales, una buena alternativa que se debe tener en cuenta.
    • Gastronomía: La propia de todos los pueblos de la Alpujarra, en la que están presentes como productos estrella, excelentes hortalizas y magníficos árboles frutales, gracias a las especiales condiciones climáticas y a su fértil vega. Hay algunos platos que se pueden degustar especialmente en Ugíjar y que son:
      • Liberal, plato que se atribuye a los cazadores, ya que se elabora con carne de caza; perdiz, liebre, palomas… En su preparación se utilizan almendras fritas, ajos fritos y crudos, pimienta, todo ello triturado y añadido a la carne previamente frita; se deja cocer con mucho caldo y se le añade un poco de arroz cuando ya está prácticamente terminado.
      • Las migas en Ugíjar se hacen con ajos, sémola de trigo y aceite de oliva. Acompañadas con pimientos secos fritos, tomates secos fritos, rábanos, un buen gazpacho y unas sardinas asadas, o bien con chorizo, morcilla y tocino.
      • El Molío, ya que tradicionalmente, la gente de Ugíjar ha preparado aceitunas para su propio consumo. Las aceitunas verdes o negras, una vez partidas, se introducen en agua con sal. Esta agua se va cambiando prácticamente a diario hasta que deja de ponerse oscura, momento en que se añade a las aceitunas hinojo, ajos, laurel, etc… La base del molío son aceitunas negras partidas que se condimentan con una salsa elaborada con pimientos secos fritos, ajos crudos y vinagre. Se asa bacalao y se añade troceado a las aceitunas junto con tomates secos fritos también troceados y cebolla cortada muy fina.
      • En la cocina tradicional todavía se preparan comidas como las pencas con hinojos o los habillones con hinojos, platos muy difíciles de encontrar fuera de las cocinas familiares.
      • Capítulo aparte merecen los Dulces de claro origen morisco. En Ugíjar, se continúan elaborando de manera artesanal dulces, como los Soplillos de almendra, calabaza confitada, Turrón de almendra o la Meloja, que nos trasladan sin duda al reino de Abèn Humeya.
    • Transporte: La empresa ALSA se encarga de comunicar Ugíjar con Granada, pasando por todos los pueblos de la comarca.
    • Lugares a visitar: Aparte de sentir el sabor de la Alpujarra paseando por las calles antiguas del centro del pueblo, podemos detenernos para visitar el Museo Franciscano y la Iglesia Parroquial de origen morisco.

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a8 De Almegíjar a Cádiar

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Lavaderos de Almegíjar

  • Introducción histórica:
    • TESTIMONIO:
      • Descripción de Morayma: “Era una mujer bella, sensata, señorial, educada, prudente y completa como ninguna. Todo el valor y arrojo de Aliatar se habían transformado en dulzura y delicadeza en su hija. Aunque de pelo castaño claro, casi rubio, sus ojos también eran grandes y profundos y tan deslumbrantes como una puesta de sol en un día de viento del norte. La nacarina piel de sus mejillas, superior en finura al más pulido aljófar, parecía como si la perforaran dos simpáticos hoyuelos que se le acentuaban al sonreir. Su nariz era fina, casi recta y ligeramente respingona… Y su cuerpo… jamás incurriría en la herejía de describir la calidad que atesoraba su bellísima esposa, que era casi tan alta como él…”  (Leonardo V. Villena, “El último suspiro del rey Boabdil”).
      • “Los cronistas árabes ensalzan su hermosura cuando se unió en matrimonio a Boabdil, que ya era rey de Granada por los designios de su madre. Procedía de la más humilde clase popular, puesto que su padre era un pobre buhonero, que vendía especias en Loja, de la que llegó a ser alcaide, gracias al esfuerzo de su persona y a la eficacia de su espada, la más fuerte del Islam. La hija de Aliatar era alta y fuerte… En la fiesta solemne de sus bodas, píntanla los poetas musulmanes vestida con saya y chal de paño negro, bordados en seda azul. La toca de lienzo blanco que cubría su cara y cabeza, ocultaba facciones más lindas que perfectas, y más seductoras que esculturales. Los ojos eran grandes y expresivos, negros y lucientes como el azabache, llenos de dulces recuerdos y acusadores de inocencia y bondad. A través de las tupidas ropas adivinábanse unos hombros, unos brazos, unas caderas y un talle de tan clásicos y opulentos contornos, que los griegos la hubieran tomado por un modelo de Juno”. (Fidel Fernández Martínez, “Boabdil”).
      • “Era de rostro risueño y poseía unos ojos de seductora negrura y una boca que Boabdil creyó capaz de sumirlo en la muerte dulce que ansiaba; sus movimientos tenían la espontaneidad de quien está habituado a la libertad, una soltura voluptuosa, una naturalidad inocente que resultaba más tentadora que cualquier insinuación de una hembra experimentada. Atendía la residencia paterna con la ayuda de dos amas que habían ejercido de madres con ella y que, llegadas a la vejez, le habían dejado paso para asumir una dirección de la cotidianidad que ella desempeñaba sutil y sencillamente, sin alharacas y sin imposición porque la delicadeza de su presencia, de su voz, de sus ademanes y de sus instrucciones, era el arma más eficaz para que todo a su alrededor se le rindiese”. (Magdalena Lasala, “Boabdil: tragedia del último rey de Granada”).
    • RECORDANDO EL PASADO:
      • 1478: El inicio de la Guerra Final.- “El comendador de Santiago, don Juan de Vera y Mendoza, al que los reyes habían enviado como embajador castellano para que reclamase al rey de Granada los tributos que el pueblo nazarí tenía comprometidos con ellos, les había notificado que, una vez llegó a los pies de la Alhambra, lo introdujeron en el hermoso salón de Comares y que allí mismo, …, Muley Hacén le espetó sin miramientos: -Volveos y decid a vuestros reyes que ya murieron aquellos granadinos que pagaban tributos a los cristianos. De aquí en adelante, con el metal de esas monedas que tenéis la desvergüenza de reclamar sólo se labrarán alfanjes y hierro para la guerra. Cuando don Juan de Vera y Mendoza informó de lo sucedido, se sorprendió de la aparente calma con la que el rey castellano se tomaba la noticia. Y es que, en el fondo, Fernando de Aragón sintió un regusto de placer. Ahora ya tenía la excusa perfecta para atacar el reino nazarí. -He de arrancar, uno a uno, los granos de esa granada -le oyeron decir. Dio pleno poder al marqués de Cádiz para comandar un ejército de más de cinco mil caballeros cristianos y los envió a Alhama. No tardaron mucho en romper el cerco de las líneas enemigas y en escalar las murallas de la ciudad. Fue una cruenta batalla en la que murieron mas de ochocientos musulmanes y otros tres mil fueron hechos prisioneros. Según todos los cronistas, ese día comenzó la Guerra…”. (Nerea Riesco, “Las puertas del paraíso”).
      • “1483: Cuando era niña, a Morayma le gustaba seguir por las acequias alguna pequeña ramita de olivo llevada por el agua. La perseguía caminando junto al discurso del manantial, viéndola salvar obstáculos y ayudándola cuando quedaba bloqueada, hasta que al final se le perdía de vista y desaparecía en los remolinos que el pequeño canal formaba al caer en una brusca pendiente. Boabdil era ahora una leve rama de olivo llevada por un río caudaloso, enfurecido por una tormenta. De ese modo lo veía Morayma caminar entre la soldadesca, entre los bereberes recién llegados de África, entre aquellos hombres acostumbrados a la sangre y la muerte.  Su príncipe, aquel muchacho indeciso e inocente que conoció en Loja, se dirigía sin saberlo a aquella torrentera llena de furia que lo transformaría y de la que, pasara lo que pasara, saldría tan distinto al joven que conoció y que ya para ella siempre sería un extraño. Otro. Un Boabdil diferente. Un hombre ya no para ella, sino para su pueblo, para Granada”. (Antonio Soler, “Boabdil, un hombre contra el destino”).
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Cádiar desde la Loma Cayón


  • Datos de la etapa:
    • Itinerario: Almegíjar-Loma del Almendral-Loma del Tío Agustín-Rambla del Guadalfeo-Cortijo de los Mudicos-Cortijo El Primitivo-Cortijo la Solana-Molino del Tajo del Águila-Rambla del Lagarto-Loma Cayón-Alquería de Morayma-Río de Cádiar o Guadalfeo-Cádiar.
    • Recorrido: Lineal, 16,2 kms.
    • Dificultad: Media. La bajada desde Almegíjar hasta la Rambla del Guadalfeo, tiene tramos en mal estado, con bastante pendiente y piedra suelta. Índice de dificultad IBP 59. Ver más datos IBP aquí>>>
    • Tiempo en movimiento: 4 h 48 minutos.
    • Acumulado: 505 m subiendo; 397 m bajando.
    • Velocidad media: 3,4 kms/h
    • Descripción:
      • Almegíjar, sábado, 16 de septiembre de 2017: Dejamos nuestro vehículo en el aparcamiento que hay junto a los jardines de las pistas deportivas y la piscina municipal, en la misma entrada del pueblo. A la derecha, a corta distancia, tenemos el Mirador del Tajo de la Cruz, de espectaculares vistas, así como la Cueva y la Raja del Moro.
      • A primeras horas de la mañana, la población se encuentra tranquila, adormecida y silenciosa. Es raro encontrar algún vecino y más en un día festivo como hoy (la Octava de las Fiestas del Cristo de la Salud).
      • Recorrer sus calles es todo un placer de calma y tranquilidad. Se nota que estamos en un pueblo en donde el tiempo permanece detenido, lejos del bullicio de los tiempos actuales y de la vorágine de las grandes ciudades. Por la calle Santo Cristo, llegamos a la calle Estación. Huele a pueblo, a pan recién hecho. Los caminantes, seguidores de la huella de Boabdil, no tienen dificultad alguna para guiarse hasta la cercana tahona y pedir uno de los exquisitos dulces típicos. El panadero, un afable donde los haya, nos aconseja, sin dudarlo siquiera, un bizcocho recién horneado, que aún caliente pasa al interior de la mochila, para servir de sustento más adelante en la jornada.
      • Continuamos nuestro paseo por sus solitarias calles, “Sitio Histórico de la Alpujarra”, viendo el Abrevadero para el ganado, la Fuente de los Caños, el Lavadero de las Pozas, la Iglesia Parroquial Santo Cristo de la Salud y el edificio del Ayuntamiento municipal.
      •  Dejamos el casco urbano de Almegíjar por el sendero local de La Cuesta, en fuerte descenso, para, después de unos zigzagueos, abandonarlo a la izquierda. Seguimos por el sendero de la Alberquilla, que desciende, suavemente, entre la frondosa vegetación que abarrota los bancales y que como un verde dosel nos proporciona sombra y frescor. Pasamos junto a la alberquilla, que da su nombre al sendero, situada a la derecha. En Verano, era el lugar de juegos y baño, para los niños del lugar, entre los que se encontraba el humorista gráfico Francisco Martín Morales, Hijo Adoptivo de Almegíjar…
      • Por el paraje de El Almendral, llegamos a la base del Tajo del Cajelón, un lugar lleno de desprendimientos, antiguo emplazamiento de Almegíjar, que hubo de ser abandonado a causa del peligro constante que suponía la caída de grandes rocas sobre las viviendas.
      • Caminamos ahora descendiendo por la Loma del Tío Agustín, para finalmente llegar hasta la Rambla del Guadalfeo, que tomamos hacia arriba a partir de ahora.
      • ¡Atención!: Es importante decir que caminar por una rambla, es una actividad que debemos realizar siendo muy conscientes de ello. Las ramblas son espacios por los que transcurre un río o torrente, generalmente con poco caudal o ninguno, y que pueden experimentar fuertes crecidas ocasionales según la época del año, tormentas, etc. Por ello, se deben de adoptar las debidas precauciones, de manera que nuestro transitar por ellas, dependerá de la época del año y, por supuesto, de las previsiones meteorológicas.
      • Siguiendo a Gerald Brenan: “da comienzo la parte tediosa del viaje. El sendero asciende por el valle en una franja estrecha y monótona delimitada por tamariscos y álamos. Dos ventas ofrecían al caminante vino agrio y anís, pero no había aldeas y el río debía vadearse una y otra vez”.
      • Dicho lo anterior, seguimos nuestra ruta por la rambla del Guadalfeo, haciéndolo por los lugares que veamos más transitados y cómodos, por los pagos de la Umbría y la Cuesta de los Almendros, pasando consecutivamente por las inmediaciones de la Rambla de Barbacana, del puente de Notáez (lugar anejo de Almegíjar), del cortijo de los Mudicos, el cortijo El Primitivo, el cortijo de la Solana, el molino del Tajo del Águila, hasta llegar a la Rambla del Lagarto que atravesamos pasando bajo el puente por el que va la carretera local Gr-9027 (que desde el cruce de la carretera A-348, se dirige hacia Lobras: asentada en la solana de una loma a 938 metros de altura, entre la Loma de la Mojonera y el Cerro de Lobrascón).
      • ¡Atención!: Bajo este puente se cobija normalmente un gran rebaño de ovejas y allí tienen sus comederos, por lo que nos encontraremos también con los alarmantes ladridos de sus perros guardianes. Mientras no nos acerquemos a las ovejas no habrá problema, aunque lo mejor es caminar rápidamente para salir del territorio que custodia tan escandalosa jauría.
      • En éste punto dejamos el cauce del río Guadalfeo y nos adentramos en La Contraviesa. Oigamos a Pedro Antonio de Alarcón, al respecto: “La Contraviesa es una cordillera secundaria, paralela a Sierra Nevada y al Mar Mediterráneo. Mientras los demás hijos del Mulhacén, corren de Norte a Sur, ella corre de Poniente a Levante. Tiene once leguas de longitud y parece una enorme pantera, de remendada piel, cuya cabeza es la Sierra de Lújar; cuyas manos se llaman la Punta de Carchuna y la Sierra de Jubiley; cuyas patas forman los Montes de Adra y los Cerros de Cojáyar, y cuya cola se extiende tanto como el Cerrajón de Murtas”; y a Gerald Brenan: “La cordillera costera, listada, pulida y plegada como un terciopelo ajado, es una antigua cadena de montañas, moldeadas por la erosión en suaves curvas de rocas esquistosas y brillante mica. En su ladera meridional hay plantaciones de viñas que producen el mejor vino blanco de la Comarca, y las pendientes norteñas están salpicadas de almendros e higueras”.
      • Abandonamos pues la rambla, pasando junto a las ruinas del Cortijo de Buen Humor, antiguo molino de aceite, subiendo por el sendero GR-7 que va hacia Cádiar y que sube ahora en gran pendiente por el Cerro del Almirez, y donde encontraremos alternativamente bosque mediterráneo conviviendo con plantaciones de viñas, almendros e higueras. Superada la fuerte pendiente, seguimos por la alargada Loma de Cayón, disfrutado de bellas panorámicas y de hermosas y ancestrales encinas, llegamos hasta la gran Alquería de Morayma, complejo agro-forestal con alojamientos rurales muy bien adaptados al entorno, ubicada en el lugar donde se encontraba el antiguo cortijo de los Reinosos.
      • Desde este punto contemplamos Cádiar al noreste, encajada en el valle del río Guadalfeo, por aquí llamado también río Cádiar.
      • Descendemos hasta el valle, siguiendo el trazado el GR-7: toca caminar entre frondosas huertas, vergeles de herencia morisca en la que abundan todo tipo de cultivos y frutales. Poco a poco llegamos hasta las inmediaciones de Cádiar, atravesando un puente que nos lleva sin apenas darnos cuenta, por la calle Real, hasta la famosa plaza en la que se encuentra la Fuente del Vino y la gran iglesia de Santa Ana del siglo XVI, punto en el que damos por terminada esta etapa.
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Cádiar, vista desde el mirador del Barrio Bajo. Al fondo Alcútar y los Bérchules.

 


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  • Datos de Interés:
    • Alojamiento: Las posibilidades para alojarse en esta zona es bastante amplia, sobre todo porque la red de alojamientos rurales es bastante considerable. En el mismo Cádiar, recomendamos la Pensión Cadí, también restaurante, en donde podremos descansar cómodamente y degustar ricos platos de la zona a un precio bastante aceptable, teniendo en cuenta la relación calidad/precio.
    • Gastronomía: Estamos en la Alpujarra y Cádiar es una de sus poblaciones más importantes, por ese motivo, no es difícil encontrar bares y restaurantes en los que encontrar platos de recia arraigambre morisca. También podemos degustar y adquirir ricos dulces en la panadería- pastelería Servando, que seguro estamos no defraudará a los paladares más exigentes. No olvidar los afamados vinos de la Contraviesa, blancos, tintos y rosados, que acompañarán bien los platos que decidamos degustar.
    • Transporte: La empresa ALSA se encarga de comunicar Cádiar con Granada, pasando por todos los pueblos de la comarca.
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Información en la parada del bus de Cádiar, 16 de Septiembre de 2017

  • Lugares a visitar: Iglesia Parroquial de Santa Ana (siglo XVI), Fuente del Vino, pastelería Servando y casco urbano de claro origen morisco, de calles estrechas, tinaos y blancas casas de reluciente cal, profusamente adornadas de macetas y parras, que dan un toque pintoresco muy llamativo y colorista.
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Callejas de Cádiar