a7 De Órgiva a Almegíjar

  • Introducción histórica:
    • CAMINO HACIA EL EXILIO:
      • Los cronistas de la época, señalan que la comitiva de Boabdil, portaba consigo, a lomos de mulas, el tesoro de la Casa de Nazar, copioso en toda suerte de preciosos rubíes, perlas de gran tamaño, zomordas singularísimas, turquesas de gran valor, toda suerte de adargas preservativas, equipos militares defensivos, instrumentos primorosos, utensilios peregrinos, collares de perlas en pedazos, sartales de aljófares para los cabellos, arracadas que aventajaban a las alcordes o pendientes de María (la Copta, concubina de Mahoma) en claridad, brillantez y hermosura, corazas holgadas de vestir, adornadas de oro, cascos con orlas doradas, incrustadas de perlas intercaladas de esmeraldas con rubíes en el centro; cinturones plateados, anchos de formas y esmaltados en su superficie; adargas de ante, sólidas, sin poros, dulces al tacto y renombradas por su impermeabilidad; alminbares de abalorio; atailores de Damasco; cuentas de cristas; zafas de la China; copas grandes del Irak; vasos de Tabaxis y otras. (Al-Maqqari, en sus “Analectes” 11, 2ª parte, página 798).
    • RECORDANDO EL PASADO:
      • “Las bodas se celebraron -con diecisiete años yo, y ella con quince- a finales de 1479. Todo era alegría en Granada. Yo iba de blanco y azul. Moraima llevaba una saya y un chal de paño negro bordados en seda azul, y una toca blanca le cubría la cara y los hombros. Cuando dejé de mirar su figura, no pude ya separar mis ojos de los suyos, que me atraían como si fuesen de piedra imán y yo un pequeño hierro. Unos ojos inocentes y pícaros, negros y claros a la vez, igual que dos almendras dulces o amargas; unos ojos absoluta, rigurosa e irresistiblemente sinceros”. (Antonio Gala, “El manuscrito carmesí”).
      • 1485. Castillo de Mondújar: “Ya con la razón casi perdida por completo y prácticamente ciego, Muley Hacén, el rey destronado, murió.  Su mujer, Zoraya, consiguió permiso de El Zagal, para que el cuerpo de su marido fuese llevado a Granada, si bien no consintió  éste que su hermano fuera enterrado en la Alhambra. Para ello designó un lugar desconocido, en la cumbre de un monte desnudo, cubierto la mayor parte del año por la nieve”. … Sótanos de la Alhambra: “El cuerpo de Muley Hacén fue lavado con abundante agua y jabón, primero el lado derecho, después el izquierdo. Los dos hombres encargados de toda esa labor lo secaron con unas toallas limpias y luego lo envolvieron en tres paños de tela sencilla y blanca. Un imán, en presencia de Zoraya y sus dos hijos, le dedicó las plegarias fúnebres. Y después de que su mujer y sus hijos se despidieran de su cuerpo, Muley Hacén fue sacado de la Alhambra de modo secreto. … En una mañana desapacible de ventisca y frío. El cadáver del viejo monarca fue conducido a la escarpada montaña que su hermano había designado como su tumba. Una escasa comitiva había salido en secreto al amanecer por la puerta de Bab-al-Rambla llevando el cuerpo. Durante la noche, varios hombres habían abierto una fosa entre el hielo y la dura tierra congelada. No hubo ningún honor, ninguna ceremonia que correspondiese al entierro de un rey nazarí. Sólo un imán, una docena de soldados encargados del transporte y el propio Abd-Allah el Zagal estuvieron presentes en el enterramiento. Dos soldados descendieron a la fosa, debidamente orientada y cuyas paredes ya se habían recubierto de hielo. Sacaron el cuerpo de la humilde caja en la que lo llevaban  y, completamente envuelto en los tres paños blancos, lo depositaron en el fondo congelado, con la cabeza en dirección a La Meca. Lo cubrieron primero con piedras y después dejaron caer sobre las piedras la tierra sacada la noche antes. … Allí quedó, fundido con la tierra por la que en tantas ocasiones había luchado desaforadamente, el padre de Boabdil. No se dejó ninguna lápida ni señal que pudiese identificar el lugar. El Zagal no deseaba que aquella tumba pudiera convertirse en un recuerdo permanente a su hermano o en un lugar de peregrinación de rebeldes y sediciosos. Y así, aunque eligió el anonimato y deseó borrar la huella de Muley Hacén de la memoria de los granadinos, con el tiempo el monte entero fue recordado para siempre con el nombre de su hermano, y todos, cristianos y árabes, lo llamaron Mulhacén”. (Antonio Soler, “Boabdil, un hombre contra el destino”).
      • “A mediados de Chumada 2ª del año 891 (18 de junio de 1486) atacó el infiel el castillo de Elvira y habiendo demolido la artillería parte de sus muros, capituló su guarnición bajo el seguro de sus personas, acémilas, armas y ajuares y se fue a Granada. Trasladó después el enemigo su campamento a Moclín y sitiada su fortaleza, la combatió reciamente con su artillería y otros ingenios, entre los cuales figuraban unos que lanzaban globos de fuego, los cuales, elevándose en los aires, caían luego sobre el lugar, abrasándolo y destruyéndolo todo. Viendo esto los habitantes de Moclín, que se defendían con gran valor, y que las provisiones les iban escaseando, capitularon y se fueron a Granada bajo el seguro de sus personas y haciendas. Igual suerte corrieron los habitantes de Colomera, los cuales, en vista de lo que había sucedido con los castillos cercanos, entregaron el suyo sin resistencia. Lo propio acaeció a los de Montefrío, cuya fortaleza sitiaron los cristianos con apretado cerco, y habiendo sido incendiados sus depósitos, se vieron en el trance de capitular en evitación de mayores desastres”. (Leopoldo de Eguilaz Yanguas, “Reseña histórica de la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos según los cronistas árabes”).

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a6 De Lanjarón a Órgiva

  • Introducción histórica:
    • RECUERDOS DE BOABDIL:
      • “El caballo hispanoárabe de Boabdil, de capa torda, blanqueaba majestuoso en la noche. Aunque le dieron el nombre de Natán, era nieto de Harmattán, la montura que le regaló su suegro Aliatar, el alcaide de Loja, señor de El Salar y almotacén de la seda, el día en que emparentaron. Pero aquel se lo mataron en la batalla de Lucena. El segundo Harmattán, su hijo, murió en la de Maracena, atravesado por una lanza. Al tercero, que montaba ahora, todavía joven pero más airoso que ninguno, le cambiaron el nombre esperando que, libre de guerras, gozara de una vida larga y de una muerte tranquila. Sin embargo, como uno de los muchos contrasentidos de la vida, mientras el profeta Natán contribuyó positivamente para la coronación del rey David, éste lo conducía al destierro, tras su derrocamiento. Detrás caminaba Morayma. Su vieja yegua lucera era dócil hasta con los críos. Fátima montaba otra yegua zaína. lustrosa y brillante, que también lucía un luminoso lunar en la frente. La luna creciente era el emblema del Profeta y ella la escogió como si fuera una oración, una súplica para que Alá les ayudara ante el incierto porvenir que les acechaba. Su hija Yuza cabalgaba sobre una mula vieja, mansa y sumamente dócil, que eligieron adrede porque habría de portar a sus dos hijos en los capachos laterales, uno a cada lado. … Arrebujado en su capa de lana, sobre un pantalón de viaje y una chupa recamada, el rey cabalgaba meditabundo y en silencio. Como si quisieran brindarle la última despedida, los gallos del alba entonaban sus cantos en los gallineros. No era la única noche que había pasado en vela analizando su vida y sus circunstancias, pensando que había perdido un reino, su ciudad y su poder real e ignoraba cuantas cosas perdería más en la vida, cuantos contratiempos le habrían de sobrevenir, cuanto sinsabores tendría que paladear… Todos los que el futuro quisiera depararle…” (Leonardo V. Villena, “El último suspiro del rey Boabdil”).
    • TESTIMONIO:
      • Las tierras que descendían por las laderas de Sierra Nevada, hacia el mar, desde Lanjarón hasta Alhama de Almería, las repletaban profundos barrancos, hoces sinuosas e impresionantes tajos donde la Naturaleza, bravía y salvaje, tallaba la roca a fuerza de desgaste y erosión. Las lomas más suaves se mostraban salpicadas por viñas de recia y corta cepa que criaban esos caldos sublimes que siempre utilizaron los médicos granadinos como desinfectante…Los secanos llanos y las tierras de riego eventual se poblaban con parrales altos cuyas yemas empezaban a preñarse de pámpanos, de gajos y de racimos. Se mezclaban en promiscuidad con poderosos almendros, gigantescos olivos o higueras de dulcísimos frutos que competían en suculencia con la mejor repostería sarracena. Las tierras de regadío, que gozaban de la bendición del agua a través de acequias rumorosas y serpenteantes, entre brazales cantarines, criaban naranjos y limoneros, limas y albaricoqueros, ciruelos y melocotoneros y frutales de los más raro y variado, desde las digestónicas serbas a las exóticas azufaifas. Los laboriosísimos labradores cortaban los higos en sazón para orearlos al sol. Después, cuando los traspillaban los días de invierno, les envasaban en capachos de esparto verde que vendían en los mercadillos quincenales. Los intermediarios los buscaban con gran interés para exportarlos a la España cristiana y a toda Europa porque, revueltos con pepitas de almendras, formaban el pan de higo, el alimento saludable y nutritivo como ninguno”. (Leonardo V. Villena, “El último suspiro del rey Boabdil”).
      • El territorio circunscrito por la taha de Orgiva estaba recorrido de Norte a Sur por los ríos Sucio, Chico y Seco, perpendiculares al Guadalfeo, creando una riquísima vega en donde se asentaban varias alquerías en torno a Orgiva, situada en la margen izquierda del río Chico. Esta zona era conocida como Albacete (al-basir, el llano), pues al igual que en Cádiar y en Ugíjar existía un llano en el que se ubicaban otros núcleos de menor importancia. (Carmen Trillo San José, “La Alpujarra antes y después de la conquista castellana”).
      • SOBRE LANJARON:“De sus callejas arrancan los caminos resueltos en ademán de lejanía entre urdimbres de parrales, donde todavía cuelgan los calabazones vinateros. Caminos opresos, sometidos al macizo de pitas y chumberas, al entredijo de zarzales, gayombas y madreselvas, colgantes del balate rezumante de frescor, de tierra húmeda, de oreo frondal, de mantillo de bestiajes y rebaños, en tanto el azadón trastea por el barbecho con repique y relumbre de moneda legal. Los gorriones se disputan la larva sorprendida en su letargo. Caminos ondulantes, avezados al pavor de la quiebra, arrebujados luego por hoces y recuestos umbrosos, abiertos siempre a la codicia itinerante, cumplidores del arribo prometido: el olivar, la viña, la besana de trigo, cebada, centeno, habas, endibias, en la ternura frágil del verdor balbuciente. El graderío bancalero, manantial inagotable de toda legumbre y flora comestible. Más arriba, crestones y ribazos de castañar, acopio de fruto, madera, leña, monte, pastura. Oteros empinados de sembradura, arropados ahora bajo la recia costra nívea. Caminos en comunión con el último retazo laborable. Codicia y ambición de estos hijos del terruño, heredamiento de la casta semita, adelantada en la roturación de sus eriales y ejidos. Pasaban los labriegos descifrando en los signos del cielo. La diadema solar, el cerco de la luna, el celaje de Poniente. Porque del cielo desciende todo don perfecto, y el carro de las nubes lo gobierna Jehová, que no cede las riendas ni a sus propios ángeles. Repartición del término en dos mitades. ajustadas a la gracia cascabelera de su río, promotor de molinos, padre nutricio de acequias y regatos, lonja de lavanderas, bataneadoras de trapos y reputaciones. Entramado de caminos trepidantes de porteadores, arrieros, mercachifles, de labriegos y apriscos derramados por la grosura del pastizal. Y en la parcela de suavidad topográfica, el mocetón yuntero removiendo la entraña telúrica, esculpiendo su poema mejor con la reja del arado. Más arriba el brazal, arropado de yedras, helechos, culantrillos, musgos de recio afelpado, donde el chorro ha cuajado en filigrana de cristales extáticos”. (Juan Gutiérrez Padial – “LANJARÓN: Historia y Tradición” (1.982).

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