a10 De Ugíjar a Alcolea

  • Introducción histórica:
    • RECORDANDO EL PASADO:
      • Consejos a Boabdil de su madre: “El Alcaide Mayor de la Alhambra (Aliatar) es un hombre que empezó de la nada; menos que de la nada: vendía especias en el zoco de Loja. Es valiente, fuerte, leal y viejo; uno de los dos brazos de tu padre. Mi intención no sólo es que deje de apoyarlo, sino que te apoye a tí. Los granadinos lo veneran; forma parte de los escasos indiscutibles de este Reino. Tiene una hija muy guapa. Se llama Moraima. La he tratado estos días. Puede darte hijos con rapidez y sin melindres. No tiene sangre real, pero tiene sangre en las venas, y de eso no andamos muy sobrados. A Aliatar le complacerá entroncar con la estirpe de los beni nazar, y se pondrá de parte de quien pueda otorgarle un nieto sultán”. (Antonio Gala, ·El manuscrito carmesí”).
      • “Boabdil entró en la batalla para ayudar a su amigo el general (Aliatar), demostrando gran valor y arrojo, situándose en primera línea al frente de los soldados y sin miedo de penetrar en lo más sangriento del combate cuerpo a cuerpo. Aliatar había intentado evitar que su príncipe se batiera, rogándole que ocupara la línea de retaguardia donde le ayudaría a organizar la estrategia de los ataques, pero Boabdil se había negado. Se había lanzado a la refriega como si en ello hubiera comprendido una forma fácil de solucionar sus problemas, como si buscara la muerte, la muerte definitiva de una lanza certera y compañera, que le pudiese librar de toda la vida inevitable que se le venía encima. Pero su bravura apasionada, su coraje al frente de los soldados, su entrega en tierra abierta buscando la muerte, resultaron ser el acicate infalible de las tropas para conseguir la victoria: Boabdil llamaba a la muerte pero él estaba llamado a vivir, y por más que hubiera deseado que aquel fuera el último de sus días, el que le hurtara la condena de su destino, había sido en realidad el primero de esa vida que lo elegía como guerrero a su pesar, arengador de las tropas en silencio, con la sola muestra de su obediencia a lo que decidiese el albur”. (Magdalena Lasala, “Boabdil: tragedia del último rey de Granada”).
      • 1483. Parte II. “Boabdil empezó a caminar por la almena, en dirección al torreón principal y le hizo un gesto a Gonzalo para que le acompañase: -Detrás de aquellos montes que ya apenas se ven y que ahora parece que se los come la noche está mi casa. Mis hijos. He rozado la felicidad. Sé que ese tiempo ha desaparecido para siempre. Pero no es de eso de lo que quiero hablar. Mi pregunto si esa vieja historia, la leyenda de una Granada en paz, llena de hombres sabios que trabajaban en armonía, poetas escribiendo versos llenos de delicadeza, matemáticos y filósofos meditando sobre el universo, existió alguna vez o es el reflejo de un viejo sueño, una aspiración que nunca se cumplió y de la que precisamente se habló tanto por lo anhelada que era, porque la continua sangría en la que hemos vivido hacía suspirar por ella. … Hace años, mi padre, desconfiando ya de mi madre y de mí, me mantuvo encerrado en la torre de Comares durante varios meses. … Ahora estoy en guerra contra él y su hermano, y si intenta negociar con vuestros reyes y desea canjearme por cientos de prisioneros y no sé que suma de dinero, es para cortar mi cabeza. … Gonzalo correspondió a aquel soplo de sinceridad que Boabdil espontáneamente le transmitía: -Os agradezco vuestra confianza y desde luego contad con que todas vuestras palabras quedarán para siempre dentro de mí, como si nunca las hubiese oído. Yo también estuve preso. fue mi familia, una parte de ella, la que me tuvo prisionero. Pasé dos años encerrado en el castillo de Baena. Sí, el mismo en el que pasasteis vuestros primeros días de preso. Tal vez en el mismo torreón. … Boabdil le comunicó a Gonzalo que estaba dispuesto a aceptar la propuesta del rey Fernando. -Es una noticia que llenará de alegría a nuestros reyes. Y también a vos os debe alegrar. -No, no puede llenarme de alegría algo que no es más que una pérdida. Pero ya lo he aceptado. … Hay otra condición a la que no renunciaré y que debéis comunicar a vuestros reyes. entregaré a mi hijo Ahmed a cambio de mi libertad sólo si reside en vuestra casa hasta el momento que deba regresar a la mía y vos os comprometéis a ser su tutor. -Os agradezco de corazón vuestra confianza, señor. Creo que ésa será la condición que más fácil me resultará conseguir. Y la que más me honra”. (Antonio Soler, “Boabdil, un hombre contra el destino”).
      • Boabdil.: “Siempre, en mis mayores desgracias, te he visto junto a mí, Gonzalo, y siempre te has portado noble y generosamente: cuando estuve prisionero en Córdoba; cuando me ví obligado a pediros hospitalidad, huyendo de mi tío el rey Zagal; cuando, estando herido, tuve que rendiros la ciudad de Loja; cuando viniste al frente de aquellas lanzas a sostener aquí mi autoridad. Siempre te he visto noble y grande y generoso. Dios te lo pagará, porque yo no te lo puedo pagar. ¡Un rey Alah-mar de Granada tiene ya menos poder que un capitán del ejército de Castilla!”. Gonzalo.: “Yo os aseguro que tendréis más poder que yo y que todos los capitanes de Castilla, porque conozco la magnanimidad de mis reyes y sé lo bien dispuestos que están en vuestro favor; y aunque todo ello sea muy pequeña compensación para quien ha sido rey de Granada y dueño de la Alhambra, tened en cuenta que las grandes desventuras también hacen grandes a los hombres, procediendo en ellas con valor y fortaleza”. (Julio Hispano, “El drama de Granada·).

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a9 De Cádiar a Ugíjar

  • Introducción histórica:
    • CAMINO HACIA EL EXILIO:
      • El anciano le dijo a Boabdil : “Alteza, el pueblo os reprocha vuestra falta de inteligencia para convencer y ganaros al Zagal, porque no le hicisteis que combatiera a vuestro favor y en contra del cristiano. Os faltó hombría y vigor, picardía y sagacidad y, en lugar de aliaros con el Águila contra él, derramasteis la sangre musulmana… No os conformasteis con eso sino que decapitasteis a los alfaquíes que os criticaron la acción… Os vengasteis de la fatwa… Dos al menos, los zegríes, que pertenecían a mi tribu, eran de sangre real, como vos. El resultado es que habéis perdido un reino, que habéis perdido un pueblo, que se está disolviendo por las rutas polvorientas de Berbería, y que habéis perdido la honra y el decoro de un rey”. (Leonardo V. Villena, “El último suspiro del rey Boabdil”).
      • “¿ Conoces a mi maestro, el alfaquí Abenamar Al Baduli? – preguntó Boabdil, que creyó oportuno rebatir públicamente sus palabras. A lo que el anciano respondió: Fue compañero mío en la Madrasa cuando vuestro abuelo Ciriza no gobernaba todavía, cuando vuestro padre ni siquiera ceñía su alfanje de acero oriental… Era un gran hombre y el mayor sabio del reino. Se merece todos mis respetos y mi mayor aprecio y me honraría eternamente si le volviera a besar la mano… Boabdil: Cuando, por segunda vez, vio caer degollados, defendiendo la fortaleza de su pueblo y el camino de Granada, a los mejores soldados de mi guardia; cuando vio a los niños, mujeres, ancianos que se morían de hambre por las calles de la ciudad, cuando contempló el alarde de tropas que hacían los cristianos en todas sus acciones, me aconsejó que negociara una rendición digna, una entrega decorosa del reino porque, de otra forma, si resistía, sólo conseguiría profundizar las penas y las miserias de mis súbditos. Y mis mejores vasallos habéis sido y sois vosotros. Y tú, Sidi Mehmet Aldulaya, a pesar de tus palabras, ocupas la cúspide. Te lo digo porque reconozco que quien habla por tu boca no es el odio contra mí sino la pena y el sentimiento por todo cuanto hemos otorgado y transferido. Pero nos queda todavía una esperanza : que el rey cristiano, tan cumplidor siempre de su palabra y de sus pactos, nos respete la vida en estas tierras en las condiciones en que firmamos: “Por juro de heredad y para siempre jamás”. Si así fuera, solamente habríamos perdido una parte del reino porque nos restaría mi feudo, donde podríamos vivir en libertad y donde mantendríamos nuestra fe, nuestra vida y nuestras costumbres más ancestrales. Así lo firmamos”. (Leonardo V. Villena, “El último suspiro del rey Boabdil”).
    • RECORDANDO EL PASADO:
      • 1483.  Parte I. “El rey Fernando había hecho llamar a su primo Gonzalo (Fernández de Córdoba) para que se reuniese con él en Córdoba. … Ahora sabía el papel que éste debía representar en la compleja y tal vez larga negociación que quería llevar a cabo. … Quería entrevistarse con Boabdil, el joven monarca nazarí, nada mas llegar a esa ciudad. … Su primo Gonzalo era la persona idónea para ayudarlo en aquel delicado momento. Toda la estrategia del rey estaría basada en la confianza que lograse infundirle a Boabdil. Gonzalo tenía un elevado conocimiento de la frontera y del mundo árabe, conocía el idioma, los problemas y los sentimientos de los nobles nazaríes y también los de la gente sencilla. … Y luego estaba aquella especie de nobleza natural de Gonzalo, una dignidad que probablemente era el resultado de saber combinar en los momentos adecuados la firmeza y la mesura. Ofrecer a su interlocutor la cara más férrea o la más suave pero sin acabar nunca de desligar la una de la otra. Fernando marcaría la línea maestra de la negociación, pero luego sería Gonzalo quien iría trenzando y asegurando todos los hilos hasta convencer a Boabdil de la firmeza de los propósitos cristianos. … Boabdil advirtió la presencia, algo más apartada, de un hombre joven, sin duda militar, que lo observaba discretamente y que fue el último en serle presentado. Gonzalo se inclinó levemente ante el rey nazarí, sin la afectación exagerada de unos, ni la sequedad que le habían mostrado otros. Gonzalo lo saludó con sencillez, en árabe, mirándolo a los ojos: Soy un soldado y siempre defenderé a mi señor el rey Fernando, así será hasta el final, pero también soy un hombre de honor y nunca haré esa defensa con artimañas que ensucien el nombre de mis reyes ni tampoco el mío propio”. (Antonio Soler, “Boabdil, un hombre contra el destino).

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