b7 De Vélez Benaudalla a Salobreña

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Panorámica del Ayuntamiento y de la Iglesia Parroquial de Vélez Benaudalla

  • Introducción histórica:
    • “Durante la dominación musulmana, el nombre de Xalubania, y luego Salubiniya, aparece con alguna frecuencia en las crónicas.
    • Las poblaciones mozárabes, entre ellas Salobreña, se sublevaron contra el futuro califa de Córdoba Abderramán III, lo que motivo una incursión de éste por tierras de la Alpujarra y de la costa, sometiendo a los revoltosos y dejando guarnecidos los castillos con destacamentos de soldados (año 918).
    • Las rivalidades entre los nazaríes y los benimerines traen de nuevo la violencia ante los muros de Salobreña, feudo del benimerí Umar ben Mahalli, que es conquistada en el verano de 1283 por el príncipe nazarí Mohamed II.
    • Otro Mohamed, el VII, consigue en 1392, mediante intrigas cortesanas, arrebatar el trono de Granada al legítimo rey Yusuf III, que es desterrado y custodiado como prisionero en el castillo de Salobreña, que no sólo era ya una fortaleza militar de impresionante aspecto, sino que su interior constituía un pequeño palacio con fuentes y jardines, lo suficientemente agradable para que los reales huéspedes no se incomodaran excesivamente en su cautiverio.
    • En 1408 muere Mohamed VII, ordenando en sus últimos momentos la muerte de Yusuf. Y cuentan las crónicas que el príncipe cautivo pidió a su verdugo un deseo antes de morir: concluir la partida de ajedrez que estaba jugando. La partida duró lo suficiente como para dar tiempo a que llegasen de Granada sus partidarios, que lo habían proclamado rey.
    • A partir de entonces, el castillo-prisión de Salobreña se convirtió en una residencia cotizada para invitados molestos: Yusuf III (que, como hemos visto, disfrutó de sus aposentos) tuvo preso allí a su hermano Mohamed el Zurdo, que a su muerte fue coronado rey de Granada en 1419; Muley Hacén destronó a su padre en 1464 y lo envió prisionero a Salobreña, donde murió al poco tiempo; y el mismo Muley Hacén, derribado del trono por su hermano Mohamed el Zagal, terminó sus días exiliado en la misma fortaleza.
    • Salobreña era una posesión del patrimonio privado de la familia real granadina y, según dicen los escritores árabes de aquel tiempo, su vega abundaba en caña de azúcar, naranjas, algodón, maíz y claveles. El azúcar se obtenía en las industrias azucareras, llamadas ingenios, por el mismo método que, básicamente, siguió utilizándose durante siglos. Al igual que en la Alpujarra, también en Salobreña tuvieron un gran auge la cría de gusanos de seda y las consiguientes plantaciones de morera para alimentarlos.
    • Un hijo ilustre de la Salobreña musulmana fue Abu Alí Umar ibn Mohamed al Salawbini (1166-1274), destacado filólogo y estudioso de la gramática árabe.
    • Terminaba el siglo XV y los Reyes Católicos culminaban la gesta heroica de la Reconquista. El secretario de los reyes y capitán mayor de la artillería, Francisco Ramírez de Madrid, se distinguió especialmente en la conquista de la fortaleza de la villa, cuya rendición tuvo lugar en los últimos días del mes de diciembre de 1489. En la sillería del coro de la catedral de Toledo está representada la escena de la entrega de las llaves de la villa al rey don Fernando el Católico.
    • Mas con la caída en poder de los cristianos no terminaron las intervenciones históricas de Salobreña en la vida de la dinastía nasri. Corría el año 1490 y tocaba a su fin esta dinastía, cuando Boabdil, deseando poseer una salida al mar por donde pudiera venirle una posible ayuda africana, salió de Granada con un gran ejército y puso sitio a Salobreña, aunque al parecer su intención era la de dirigirse contra Almuñécar. Consiguió apoderarse de la villa gracias a la ayuda prestada por la población mudéjar que le franqueó las puertas, facilitándole además armas y víveres para poder mantener el asedio de la alcazaba donde se habían refugiado los cristianos. El cerco de Salobreña dio ocasión a que Pérez del Pulgar, «el de las Hazañas», diera una prueba más de su valor temerario al conseguir entrar en la fortaleza sitiada con setenta hombres, previo el permiso del conde de Tendilla, capitán general de la frontera en aquel entonces. En ayuda de la plaza cercada habían acudido también don Francisco Enríquez, gobernador de Vélez-Málaga, y don Iñigo Manrique, que lo era de Málaga, pero no pudiendo forzar el cerco, se adueñaron de una peña cercana al castillo desde donde animaban a los sitiados a proseguir en su resistencia. La situación de la fortaleza era ya, sin embargo, insostenible por la escasez de agua y alimentos, cuando llegaron nuevas al campamento musulmán de que el Rey Católico venía a toda prisa con grandes huestes en auxilio de Salobreña, y ante este peligro, Boahdil, temiendo verse cortada la retirada, levantó el cerco y marchó a su ciudad de Granada”. (Gonzalo Pulido Castillo, “Breve historia de Salobreña”).
    • “La nueva de haber ido el rey Boabdil sobre Salobreña, cundió por la costa inspirando mil temores a los cristianos.Don Francisco Henriquez, tío del rey, que mandaba en Vélez Málaga, convocó a los alcaides y caballeros de su jurisdicción para que fuesen con él en socorro de aquella importante fortaleza… y reuniendo un corto número de gentes, se puso en movimiento para Salobreña. La marcha no podía ser más áspera y trabajosa, pues todo era subir y bajar cuestas, algunas de ellas muy agrias y precipitosas; y a veces guiaba el camino por la orilla de un precipicio, al pie del cual se veía espumear y agitarse con imponente furia el mar embravecido. Cuando llegó don Francisco al elevado promontorio que se extiende por un lado del valle de Salobreña, quedó confuso y triste al ver acampado en derredor de la fortaleza un ejército moro de mucha fuerza. El pendón de la media luna ondeaba sobre las casas de la población y sólo en la torre principal del castillo se veía una bandera cristiana. Viendo que no era posible con la poca fuerza que traía… socorrer el castillo, se colocó con su tropa en una peña cercana al mar donde no podía hacerles daño el enemigo; y elevando allí su estandarte, esforzaba a los cercados… Entre tanto, Hernán Pérez del Pulgar, observó en el castillo un postigo que daba al campo..  determinó meterse por aquella entrada… y propuso a sus camaradas que le siguiesen. Guiados por Pulgar, rompieron estos valientes por una parte del real enemigo donde había poca vigilancia, y llegaron peleando hasta el postigo de la fortaleza: al instante se les abrió la puerta y antes que el ejército moro tuviese entera noticia de éste arrojo, ya estaban dentro del castillo. Con éste refuerzo cobró ánimo la guarnición y fue más vigorosa su resistencia. Pero los moros, sabiendo que había escasez de agua en el castillo, se lisonjeaban que la necesidad pondría muy pronto a los sitiados en términos de rendirse. Para que perdiesen esta esperanza, mandó Pulgar que se les arrojase desde los adarves un cántaro de agua y con ella una taza de plata” (Washington Irving, “Crónica de la conquista de Granada”).
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Entrada a Salobreña por el Camino Viejo de Motril


  • Datos de la etapa:
    • Itinerario: Vélez Benaudalla-Azud de Vélez-Rio Guadalfeo-La Bernardilla-Cortijo del Molino de papel-Rio de la Toba-Molino Viejo-Los Palmares-Canal-El Vínculo-Lobres-Rio Guadalfeo-Rambla de Molvízar-Salobreña
    • Recorrido: Lineal, 17,3 kms.
    • Descripción:
      • Prólogo obligado antes de iniciar esta etapa en Vélez Benaudalla: acercarnos a ver el manantial del Nacimiento: éste lugar es una fuente natural conocida desde el tiempo de los romanos; directamente mana desde el suelo, a borbotones, un caudal de agua abundante, cristalina, fresca y deliciosa, que conecta a un sistema de reparto de aguas a través de antiguas acequias de las que tan amantes eran los paisanos de Boabdil. El Castillo de los Ulloa y el Jardín Nazarí (catalogado como “Jardín Histórico” y conocido también como “Jardín de los Sentidos”) son lugares a los que el viajero debe, sin excusa, acercarse también a conocer. Por último, cumplir el rito de degustar uno de sus sabrosos pestiños…
      • Iniciamos esta etapa junto al Chorro de San Antonio (pilar de 3 caños, construído por el alcalde D. Ramón Peramos) que se encuentra junto a la iglesia parroquial de Nuestra Señora Virgen del Rosario. Una tradición popular veleña dice que las mozuelas que quieran encontrar novio deben beber agua en el chorro del medio …
      • Pasamos por la Plaza de la Constitución, en la que se encuentra el Ayuntamiento y la Iglesia Parroquial, y seguimos por la calle Federico García Lorca. Dejamos el casco urbano de Vélez Benaudalla, bajando por la carretera hacia el Azud, por un paseo precioso, de amplio acerado, que se encuentra escoltado de unos grandiosos ejemplares de nísperos y en la que, a la izquierda, se encuentra La Fuente, lugar tradicional en donde los labradores recargaban sus cantimploras de agua fresca, con la que enjuagar la reseca garganta y quitarse el polvo durante la dura jornada de trabajo habitual.
      • Rápidamente descendemos hasta el trazado de la antigua carretera N-323, que cruzamos para pararnos a contemplar el formidable Azud de Vélez. Una espectacular obra de ingeniería hidráulica, construida mediada la década de 1950, que regula las domesticadas aguas del río Guadalfeo, vertidas poco más arriba desde la mismísima presa de Rules. El Azud embalsa y distribuye las aguas del río en canales que luego surtirán las acequias que, a partir de ahora, servirán para fertilizar estas ricas tierras cargadas de cultivos subtropicales, destacando entre ellos los aguacates y chirimoyos, y más raramente el recién introducido litchi o ciruela china, con frutos de color pardo rojizo, de pulpa blanca, transparente, más bien dura y consistente, jugosa y de un sabor dulce-ácido.
      • A partir de ahora, entramos en el divertido juego de caminar vadeando en varias ocasiones el rio Guadalfeo, por un sendero bien marcado que baja siguiendo su curso hasta llegar a un amplio carril escoltado de inmensos naranjos, limoneros, nísperos, higueras, granados, etc. Y es que esta tierra, producto de sedimentos de milenarias crecidas, es feraz, rica y acostumbrada a dar de todo, enseñada con mimo por el hombre y habituada con el paso de los años a generar riqueza sin recato.
      • El carril (antiguo camino entre Granada y la Costa, anterior a la carretera de Isabel II) coge altura. El Guadalfeo se queda a nuestra izquierda, y el feraz valle, se abre a la inmensidad de todos los inimaginables tonos de verdes. Sin apenas darnos cuenta disfrutamos de la imagen del Pico Columba (839 metros de altura y un perfil piramidal “de película”), perfectamente enmarcado en un azul celeste de un cielo apenas manchado de jirones de blanquecinas nubes. La retina va adaptándose a esta sinfonía de colores en los que, a modo de notas musicales, suena brillante en brotes de verdes, que se entremezclan con los ocres de la tierra, bajo los azules enmarañados del cielo…
      • La gran cortijada de La Bernardilla nos recibe. Esta antigua alquería, situada sobre un promontorio rocoso a 100 metros de altura, en un lugar privilegiado y estratégico, entre el cauce de los ríos de la Toba y Guadalfeo, controló, desde la más remota antigüedad, el paso, en ésta encrucijada de caminos entre Vélez Benaudalla, Los Guájares y la Costa de Motril y Salobreña. Se han encontrado en La Bernardilla restos de época almohade (al igual que en el poblado del Castillejo, en Los Guájares).
      • Comenzamos un suave descenso que nos lleva hasta la carretera SO-16 que, serpenteante, sube hacia Los Guájares. Atravesamos la carretera, para pronto desviarnos a la izquierda, por el Camino de los Guajareños, subiendo una corta, pero fuerte pendiente que nos cambia al valle por el que transcurre el pintoresco río de La Toba. Un poste indicativo nos informa de la canalización del gaseoducto entre Granada y el Puerto de Motril. Coronado el repecho, bajamos y dejamos a la derecha, los restos del antiguo cortijo del Molino de Papel, entre plantaciones de cítricos y subtropicales.
      • El río de la Toba, afluente del Guadalfeo, nace a 1028 metros de altura, junto al cortijo de la Toba, al Noroeste de Guajar Alto y desciende, encajonado, en un estrecho valle, flanqueado por las abruptas laderas de la Sierra del Chaparral y la Sierra de los Guajares. También es conocido como río de la Sangre, en recuerdo de luctuosos  tiempos pasados: en febrero de 1569, durante la rebelión de los Moriscos, acosados los sublevados por las tropas del Marqués de Mondéjar, buscaron refugio en el Peñón del Fuerte, cerca del nacimiento de río de la Toba. Cuando las tropas moriscas al mando de Marcos el Zamar (alguacil de Játar), aprovechando la oscuridad de la noche escaparon en dirección a las Albuñuelas, dejaron sobre el Peñon del Fuerte, a los heridos, ancianos, mujeres y niños, esperando clemencia… al tomar la posición las tropas castellanas, el Marqués de Mondéjar, mandó no tomar prisioneros y pasar a cuchillo a todas las personas, para perseguir a los escapados… la sangre bajó por el río dándole un color rojizo a sus aguas…
      • Vadeamos el río de la Toba, de lecho arenisco y transparentes aguas, bordeado de densos y altos cañaverales, un lugar fresco y atractivo para tomar un ligero refrigerio, antes de acometer, las fuertes rampas que nos subirán sin pausa hacia Los Palmares.
      • Pasamos junto al Molino Viejo, situado a la izquierda, y subimos por el Camino de los Guajareños. Coronado el primer repecho, dejamos a la derecha el camino que sube hacia el cortijo del Cañuelo, situado en la ladera del Pico Columba. Cruzamos el barranco del Cañuelo, a la sombra de portentosos y longevos pinos.
      • Seguimos subiendo hasta llegar a la Colada de Faral, donde encontramos las pendientes más pronunciadas de ésta etapa. Tras superar ese duro tramo, a 233 metros de altura, encontramos un pilar-abrevadero con tres pilas escalonadas, lugar tradicional para repostar agua el ganado. Un sondeo de captación de agua en el barranco realizado en 2014, ha mermado su caudal. La poca agua ha sido entubada hasta una cercana alberca y el pilar-abrevadero está seco.
      • Esta zona de Los Palmares, es un espacioso terreno de cultivo dedicado casi exclusivamente al aguacate y chirimoyo, va siendo recorrida en toda su extensión por un muy bien cuidado carril que sube atravesando el barranco del Cañuelo en dirección norte, para luego ir bajando hacia el sur buscando la costa.
      • El nombre de Los Palmares, procede de palma y de palmito, esa planta herbácea tan abundante en zonas de secano, de la que se aprovecha todo: con sus hojas se fabricaban escobas, de entre sus raíces se cogían las payuelas (brote carnoso que si se dejaba madurar daba lugar a un racimo de dátiles o uvas-palma), sus frutos (las uvas-palma) aunque un tanto fibrosos eran como un dulce para los niños… Una antigua costumbre de ésta zona: cada 25 de diciembre, las parejas de novios, iban al monte a buscar palmitos, siempre convenientemente acompañados de otra persona (una “carabina”)… para que no “pelaran la pava”…
      • Casi sin darnos cuenta hemos pasado por encima del paraje de Los Vados, casi siempre rodeados de aguacates, el rey en estos lares, apenas salpicados en algunos momentos por impresionantes ejemplares de pino negro. Toca llaneo, algún sube y baja, y cambiamos de ladera, el terreno se torna arenisco, cogemos ahora un marcado sendero y la bajada se hace pronunciada, algo que nos lleva a poner en tensión todos nuestros sentidos para evitar sorpresivos resbalones.
      • Continúa la bajada por la ladera sur, de lleno inmersa en vegetación de monte bajo mediterráneo, tomillo, romero, coloridos lirios, chaparros y pinos, para de forma sorpresiva, en una curva repentina del sendero contemplar asombrados la alfombra azul del mar, límpido e inmenso. La silueta de grandes barcos ponen el acento a la panorámica, y es que desde que salimos de Granada y después de recorrer más de un centenar de kilómetros es la primera vez que desde arriba, a vista de pájaro, en la lontananza, contemplamos el mar. Bien vale la pena detenerse unos instantes para disfrutar del espectáculo y respirar sosegadamente.
      • Al otro lado del cauce del río Guadalfeo, vemos la figura puntiaguda de Cerro Gordo (528 metros de altura) y las estribaciones de los cerros de Magdalite, que se adentran en la Vega de Motril-Salobreña. En sus laderas se encontraban las antiguas alquerías de Pataura y Panata, desaparecidas hace cientos de años, por la mala calidad de vida que causaba el Guadalfeo, cuando esta zona era un profundo estuario marino que se adentraba hasta casi el cerro de Escalate (653 metros de altura) y el Tajo de los Vados.
      • Pasamos cerca de las inmediaciones de la Cueva del Capitán, utilizada por pastores seminómadas del Neolítico Medio (IV milenio A.C.), que nos legaron restos de la Cultura de las Cuevas. En el Museo Arqueológico de Granada se encuentran los restos encontrados en los sondeos estratigráficos realizados por Manuel Pellicer en 1962 y por María Soledad Navarrete en 1970. Y es que toda esta zona de Los Palmares y del Cerrajón, ha estado habitada desde la más remota antigüedad. En noviembre de 2003 y tras un devastador incendio en la zona del Cerrajón (al Suroeste de Los Palmares), fueron descubiertos restos prehistóricos megalíticos, en concreto un conjunto de menhires de ortostato, dispuestos de forma semicircular.
      • Ahora el sendero de la Cuesta Moya, desciende rápido, con un piso que sigue inestable y zigzagueante, hacia el paraje de El Vínculo, fértil, rico, feraz terreno, en el que el Guadalfeo convertido en delta se acerca inexorable a su desembocadura.
      • Un carril asfaltado (el camino del canal de San Agustín) nos lleva hasta la localidad de Lobres, que atravesamos volviendo a buscar el cauce del Guadalfeo que ya no abandonaremos hasta casi llegar a nuestro punto de destino.
      • Pasamos junto a las instalaciones de la Azucarera Montero, conocida antiguamente como La Melcochera; hoy, una moderna destilería de alcohol; en 1900, cuando se fundó, una fábrica de azúcar y miel de caña, que en la publicidad de la época decía: “Miel de caña superior. El postre más exquisito y económico. Quien lo prueba una vez lo prefiere a todos”, o éste otro: “Caña-Miel es el mejor postre. De gran consumo en Colegios. La Caña-Miel reemplaza económicamente a todos los postres. De suma eficacia contra el estreñimiento”. La Melcochera está convertida ahora en “territorio pálido”, desde que Francisco Montero Martín, fundador en 1963 de “Ron Pálido” y “Ron Montero”, al jubilarse en enero de 2007, vendió la Empresa a su sobrino Joaquín, hijo de su hermana Concha.
      • Caminamos ahora casi tres kilómetros por la orilla derecha del río, sobre el muro de hormigón construido para evitar desbordamientos, entre densa vegetación de ribera: tarajes, juncos, aneas y cañaverales, así como espectaculares eucaliptos que prestan su sombra al caminante, haciendo más llevadero su andar. Nos desviamos a la derecha, cruzando la rambla de Molvízar y después seguir por el antiguo camino que conectaba Motril con Salobreña.
      • Poco a poco llegamos a Salobreña, la antigua Salubiniya, la de blanqueadas casas que se agolpan encima del peñón sobre el que se aposenta. El blanco, tapa al ocre, sobre el celeste del cielo. La sinfonía de color continúa hasta que a bocajarro entramos en sus calles. Salobreña, despierta y vivaracha, nos da la bienvenida.
  • NOTA: Martes, 16 de mayo de 2017. Un incendio, en las inmediaciones del sendero de la Cuesta Moya, calcina 12 hectáreas de monte bajo, matorral y pinar… dañando gravemente el patrimonio natural de esta zona de la Costa Tropical.
    • Dificultad: Media. Índice de dificultad IBP 59. Ver más datos IBP aquí>>>
    • Tiempo en movimiento: 4h 26 min.
    • Acumulado: 295 m subiendo; 474 m bajando.
    • Media en movimiento: 3,9 kms/h


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  • Datos de Interés:
    • Alojamientos en Salobreña>>>
    • Gastronomía: Pestiños y dulces moriscos en Vélez Benaudalla. Pulpo con pimentón y migas de maiz en el Chiringuito El Campano en Salobreña.
    • Transporte: ALSA
    • Lugares a visitar: El Nacimiento, Castillo y Jardín Nazarí en Velez Benaudalla. Castillo y mirador en Salobreña.
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Salobreña desde Las Piedras del Caletón, fotografía de David Llanas Ortega

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b6 De Ízbor a Vélez Benaudalla

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Panorámica del Valle de Ízbor

  • Introducción histórica:
    • RECORDANDO EL PASADO“Me contó el alfaquí, el justo Sidi Hasan, hijo del alcaide y general, el muy ilustre Sidi Ibrahim al-Arraf, que presenció el derribo del talismán conocido por el “Gallo de los Vientos”, colocado en la parte más alta de la Alcazaba Cadima de Granada, con motivo de las reparaciones  que iban a hacerse: yo lo ví con mis propios ojos: era de siete metales y tenía la siguiente inscripción en verso: “El palacio de la hermosa Granada es digno de consideración. Su talismán da vueltas según las vicisitudes del tiempo. El viento rige a su jinete, a pesar de su solidez, mas no sin misterios, porque en verdad, después de subsistir breve tiempo, lo azotará un infortunio que destruirá al palacio y a su dueño”. (Leopoldo de Eguilaz Yanguas, “Reseña histórica de la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos según los cronistas árabes”).
    • Muley Hacem, casado hacía tres años con su hermosa prima Aixa, determinó presentarla como su reina al pueblo granadino, y para ello escogió el día de su natalicio, el día quinto del mes Ramadan del año 864 de la Égira (1.460 de la era cristiana), y en aquel solemne día todo reflejaba alegría y público regocijo en la ciudad… Una persona, sin embargo, leyó en el semblante de la reina, el horóscopo fatal de su destino, y dijo, a media voz: “¡Ay de Granada bajo el reinado de Aixa; el destino se cumplirá, la felicidad anidará poco en su lecho conyugal; una cristiana le robará el corazón de su esposo, y estas disensiones prepararán más tarde la pérdida de la ciudad querida del Profeta, en el reinado de su hijo!”. En breve plazo se había de ver cumplido aquel fatal augurio, y conquistada para siempre la perla de Occidente. (Francisco de Paula Villa-Real Valdivia, “El libro de las tradiciones de Granada”.
    • TESTIMONIO: “Velez Benaudalla se encuentra situado en las últimas estribaciones de la Alpujarra granadina, sobre una suave ladera y una pequeña llanura que deja a sus pies el río Guadalfeo, …, a una altitud de 70 metros sobre el nivel del mar, rodeada de impresionantes sierras que en ocasiones alcanzan hasta los 1.500 metros de altura: Al Oeste, las Sierras de Los Guájares y Almijara; al Este, la Sierra de Lújar y del Jaral; al norte, Sierra Nevada. Así, el único paso natural que nos queda constituye un eje norte-sur que marca la fisonomía de este terreno tan abrupto. Su trazado lo formaliza el curso del río Guadalfeo que se encuentra próximo ya  a su desembocadura en el mar Mediterráneo… el Castillo es el elemento que domina toda la escena urbana, elevándose por encima de cualquier construcción y considerado el punto de referencia de la localidad, …, se encuentra localizado sobre un promontorio rocoso, en la parte superior del casco urbano, y su acceso al mismo a través de un camino construido con un desnivel considerable. Por tratarse de un torreón-baluarte, …, está construido por un único edificio aislado, de planta poligonal con siete lados irregulares, cuya anchura varía entre los 6 y 11 metros y ocupando una superficie de planta de unos 240 metros cuadrados. Su distribución es de dos plantas y la terraza del torreón. Sus muros de casi dos metros de ancho se elaboraron con maspostería de piedra. Su cimentación descansa sobre la propia roca sobre la que se sustenta, dando una altura que, según la disposición de la piedra alcanza entre 10 y 15 metros”.  (Juan José Ayala – Antonio Delgado – Antonio Esteban, “Vélez Benaudalla, una mirada hacia nosotros”).
    • “El Jardín Nazarí, considerado, según Prieto Moreno, como la expresión más destacada del jardín granadino, presenta dos elementos diferenciados: una vivienda, de tipo palaciego, con una estructura típica de la época musulmana, desarrollada en tres cuerpos alrededor de un patio central y un amplio jardín, usado parcialmente como huerta, que cae sobre la garganta que forma el río Guadalfeo, en su orilla izquierda, ya que se encuentra enclavado sobre una pequeña terraza aluvial existente entre el barrio antiguo y el cauce fluvial que nos delimita. El conjunto urbanístico se encuentra cercado por un pequeño muro de tapial, con unos tres metros de altura, salvo en la parte que da al río, donde es la propia naturaleza la que, con el impresionante desnivel, sirve de frontera natural al acceso de personas y animales; pudiéndose observar extraordinarias panorámicas y vistas del curso y valle que forma esta corriente de agua tan fundamental para la historia de nuestra villa” . (Juan José Ayala – Antonio Delgado – Antonio Esteban, “Vélez Benaudalla, una mirada hacia nosotros”).

  • Datos de la etapa:
    • Itinerario: Ízbor-Los Rehoyos-El Rayo-Rio Guadalfeo-Área recreativa de la Explanación-Vélez Benaudalla.
    • Descripción:

      • Iniciamos esta etapa desde la puerta de la Iglesia Parroquial de San José de Ízbor, en una mañana fresca, dando nuestros primeros pasos por las estrechas callejuelas trazadas siguiendo parámetros de otra época ya pasada, dando la sensación de que el tiempo se ha detenido y que en estos lares se resiste a cambiar.  Pasamos junto a las Escuelas y su fuente. Poco a poco, abandonamos el núcleo urbano para tomar un carril cementado con fuerte pendiente, dirección sur, encaminados hacia la mole del Cerro del Rayo que hay que superar, buscando la Costa Tropical, que cada vez sentimos más cerca.
      • Esta primera parte del recorrido hay que afrontarla pacientemente, con paso firme y corto, lo que nos lleva a recordar el antiguo dicho montañero de: “Sube como viejo, si quieres acabar como joven”. Escoltados de cargados nísperos, naranjos y limoneros, grandes y protectores olivos, así como de algún árbol extraño, como despistado, que se ha aclimatado perfectamente al suave clima tropical de esta zona, se trata de la feíjoa, árbol procedente de Sudamérica y cuyos frutos tienen un gusto acidulado, que recuerda al sabor de la piña tropical y a la guayaba. Mientras vamos cogiendo altura, alejándonos relajadamente de las blancas casas de cal, atravesamos el barranco de Las Tripas. La Fuente de las Tripas, situada a la derecha del camino, ha sido utilizada, desde la más remota antigüedad, por las mujeres izboreñas, para lavar el menudo, las tripas del cerdo, y prepararlas para la elaboración de los ricos, sabrosos y contundentes embutidos caseros, esenciales en la economía doméstica tradicional de nuestros pueblos.
      • Nos encontramos sorpresivamente con una vecina, Antonia, que a su avanzada edad y con un caminar cansino y desgastado no se resiste a dar su habitual paseo matinal por esos caminos que, desde niña, nos cuenta, a venido recorriendo. Nos ofrece simpática y amistosa charla, a la vez que nos obsequia con recetas y consejos culinarios ancestrales, y sin olvidar lo más importante, desearnos un “buen día”, algo que nos inunda el alma de buenos sentimientos, un gesto olvidado en las grandes urbes y que una vez más nos hace sentir privilegiados de habernos metido en esta experiencia de reinventar caminos.
      • Nos despedimos de Antonia, apretamos el paso, se tensan los gemelos y entre pequeñas paradas para recuperar el resuello y disfrutar del paisaje, casi sin darnos cuenta, vamos cogiendo más y más altura.
      • En el barranco del “Hundiero”, contemplamos acequias (la Altera, la del Pinar, la de la Vega), convertidas en fuentes, o viceversa, que ponen la nota de humedad en el ambiente. En esta zona, no la vemos, pero nos han dicho que está la Fuente Caliente, que según la gente del lugar, en Invierno, mana agua caliente y en Verano, fría…
      • Tras salvar el barranco de Montoya, con olivos centenarios y las ruinas de la casa del guarda de la Central Eléctrica de Izbor, afrontamos la dura subida de la Cuesta del Arrastradero, donde una vez coronada, disfrutamos con las bellas panorámicas, a vista de pájaro: de Pinos del Valle, del embalse y presa de Béznar, Chite, Los Peloteos, de la cicatriz serpenteante sobre el terreno que dibuja la autovía, de los molinos eólicos generadores de electricidad  y las inmensas faldas serranas y oscuras del pico del Caballo, del cerro Bordaila, en las que se asienta Lanjarón, Cáñar, Carataunas, Bayacas y a duras penas, asomando sobre su llanura, sobre su “albacete”, Órgiva.
      • Cambiamos claramente de ladera, ahora dirección sureste, para repetir sensaciones al contemplar el brillo al sol del Embalse de Rules, a los pies de la mole grandiosa y espectacular de la Sierra de Lújar (1.850 metros altura). A la vez, también notamos como cambia el terreno, ya que dejamos el suelo labrado y frondoso, para entrar de lleno en un espeso bosque mediterráneo, con pinos majestuosos, verdes almendros, abundante esparto, coloridas jaras, enebros, cornicabras, lentiscos, aulagas y plantas aromáticas de todos los tipos. El estridente canto de los pájaros nos ayuda a sumergirnos totalmente en plena natura: pródiga en grandes zonas de espartizales, donde se cría una planta, la atocha o esparto (“stipa tenacissima”), esencial en la vida cotidiana de nuestros antepasados, que la trabajaban haciendo tomizas, sogas, cubiertas y afelpados…
      • Vamos serpenteando y seguimos subiendo la mole de El Rayo (758 metros de altura). Contemplamos en una de las revueltas del camino la Venta de la Cebada (en el trazado del antiguo Camino Viejo de Granada a Motril) y, sobre el Cerro de Chinchirina, la diminuta silueta de la Ermita del Cristo del Zapato, y por fin, hacemos puerto y conseguimos la máxima altura de la etapa, para empezar ahora, mirando claramente hacia el sur, vislumbrando entre la bruma, entre el Cerro de Escalate y el Tajo de los Vados, el  azulado mar.
      • Fuerte descenso por un carril muy pendiente, de mal piso y estado, que deberemos afrontar con suma precaución. Vamos dejando a la izquierda el embalse y presa de Rules. Aparece en el horizonte, el casco urbano de Vélez Benaudalla, la antigua “Ballis Banu Abd-Allah” (Valle del hijo del siervo de Alá) cada vez más cerca, pero a nuestros pies, presentimos que el fin de ruta de acerca.
      • Sin dejar de descender, por carril ya mejorado en piso, el Camino de la Bonela, llegamos finalmente junto al cauce del río Guadalfeo, que nos recibe proporcionándonos el frescor del ambiente que procuran sus caudalosas aguas. Caminamos ahora siguiendo el río, por su margen derecha, encajonados entre espesa vegetación de ribera junto al río (gigantescos álamos blancos, inmensos eucaliptos, frondosos sauces, aneas, juncos y cañaverales…), mientras a la derecha los cuadrados terrenos de fértil vega nos saludan al pasar plenos de hortalizas, parrales, cargados nísperos, aguacates y chirimoyas. La vertical ladera del cerro está plagada de pitas y chumberas (afectadas por un hongo que las está matando, poco a poco…).
      • Accedemos al Área Recreativa “La Explanación”, La Playa de los Veleños, descansamos en sus mesas y bancos, disfrutando del agradable sonido de las aguas del río, que ponen el contrapunto a los intensos cantos de los pájaros, para volver a caminar junto al río, al que finalmente vadeamos por el Puente de Rufino, para empezar a subir y llegar a la carretera N-323 que atravesamos para tomar ahora la pendiente de la Cuesta del Río que en unos pasos más nos lleva por la calle Cabo al corazón de Vélez Benaudalla. Nos dirigimos hacia la iglesia y en el pilar de San Antonio, tomamos un largo trago de fresca agua, la mejor recompensa obtenida al finalizar la jornada, aparte de degustar los riquísimos pestiños de la Panadería Conchita. Uuuummmmm.
      • NOTA: Etapa dedicada a Paco Pedrosa Gijón (Vélez Benaudalla, 1986 – Eedigapalle / India, 05-08-2017). Ver “In Memoriam” en la Sección Autores.
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Pestiños de Vélez Benaudalla. Un manjar morisco por excelencia.

  • Recorrido: Lineal, 15,65 kms.
  • Dificultad: Al presentar fuertes desniveles tanto en subida como en bajada, así como un piso con abundante piedra suelta, requiere una preparación física Medía, teniendo globalmente la ruta una dificultad técnica de Media. El índice de dificultad IBP es de 69. Ver más datos IBP aquí>>>
  • Tiempo en movimiento: 4 h 39 min
  • Acumulado: 628 m subiendo; 829 m bajando.
  • Media en movimiento: 3,45 kms/h

  • Ver todas las fotos de la etapa aquí>>>

Captura de pantalla completa 19042017 213133.bmp


  • Datos de Interés:
    • Alojamiento en Vélez Benaudalla.
    • Gastronomía: En Vélez Benaudalla los dulces moriscos y por antonomasia el famosísimo pestiño. También destacan las hortalizas sabrosísimas criadas con agua del rio Guadalfeo y sobre todo los productos tropicales, como el aguacate y la chirimoya. Para comer, recomendamos el Hotel-Restaurante La Brasa, justito en la carretera de Los Vados.
    • Transporte: ALSA
    • Lugares a visitar: El Castillo, el Nacimiento, Jardín Nazarí y la Ribera del rio Guadalfeo.