a6 De Lanjarón a Órgiva

  • Introducción histórica:
    • RECUERDOS DE BOABDIL:
      • “El caballo hispanoárabe de Boabdil, de capa torda, blanqueaba majestuoso en la noche. Aunque le dieron el nombre de Natán, era nieto de Harmattán, la montura que le regaló su suegro Aliatar, el alcaide de Loja, señor de El Salar y almotacén de la seda, el día en que emparentaron. Pero aquel se lo mataron en la batalla de Lucena. El segundo Harmattán, su hijo, murió en la de Maracena, atravesado por una lanza. Al tercero, que montaba ahora, todavía joven pero más airoso que ninguno, le cambiaron el nombre esperando que, libre de guerras, gozara de una vida larga y de una muerte tranquila. Sin embargo, como uno de los muchos contrasentidos de la vida, mientras el profeta Natán contribuyó positivamente para la coronación del rey David, éste lo conducía al destierro, tras su derrocamiento. Detrás caminaba Morayma. Su vieja yegua lucera era dócil hasta con los críos. Fátima montaba otra yegua zaína. lustrosa y brillante, que también lucía un luminoso lunar en la frente. La luna creciente era el emblema del Profeta y ella la escogió como si fuera una oración, una súplica para que Alá les ayudara ante el incierto porvenir que les acechaba. Su hija Yuza cabalgaba sobre una mula vieja, mansa y sumamente dócil, que eligieron adrede porque habría de portar a sus dos hijos en los capachos laterales, uno a cada lado. … Arrebujado en su capa de lana, sobre un pantalón de viaje y una chupa recamada, el rey cabalgaba meditabundo y en silencio. Como si quisieran brindarle la última despedida, los gallos del alba entonaban sus cantos en los gallineros. No era la única noche que había pasado en vela analizando su vida y sus circunstancias, pensando que había perdido un reino, su ciudad y su poder real e ignoraba cuantas cosas perdería más en la vida, cuantos contratiempos le habrían de sobrevenir, cuanto sinsabores tendría que paladear… Todos los que el futuro quisiera depararle…” (Leonardo V. Villena, “El último suspiro del rey Boabdil”).
    • TESTIMONIO:
      • Las tierras que descendían por las laderas de Sierra Nevada, hacia el mar, desde Lanjarón hasta Alhama de Almería, las repletaban profundos barrancos, hoces sinuosas e impresionantes tajos donde la Naturaleza, bravía y salvaje, tallaba la roca a fuerza de desgaste y erosión. Las lomas más suaves se mostraban salpicadas por viñas de recia y corta cepa que criaban esos caldos sublimes que siempre utilizaron los médicos granadinos como desinfectante…Los secanos llanos y las tierras de riego eventual se poblaban con parrales altos cuyas yemas empezaban a preñarse de pámpanos, de gajos y de racimos. Se mezclaban en promiscuidad con poderosos almendros, gigantescos olivos o higueras de dulcísimos frutos que competían en suculencia con la mejor repostería sarracena. Las tierras de regadío, que gozaban de la bendición del agua a través de acequias rumorosas y serpenteantes, entre brazales cantarines, criaban naranjos y limoneros, limas y albaricoqueros, ciruelos y melocotoneros y frutales de los más raro y variado, desde las digestónicas serbas a las exóticas azufaifas. Los laboriosísimos labradores cortaban los higos en sazón para orearlos al sol. Después, cuando los traspillaban los días de invierno, les envasaban en capachos de esparto verde que vendían en los mercadillos quincenales. Los intermediarios los buscaban con gran interés para exportarlos a la España cristiana y a toda Europa porque, revueltos con pepitas de almendras, formaban el pan de higo, el alimento saludable y nutritivo como ninguno”. (Leonardo V. Villena, “El último suspiro del rey Boabdil”).
      • El territorio circunscrito por la taha de Orgiva estaba recorrido de Norte a Sur por los ríos Sucio, Chico y Seco, perpendiculares al Guadalfeo, creando una riquísima vega en donde se asentaban varias alquerías en torno a Orgiva, situada en la margen izquierda del río Chico. Esta zona era conocida como Albacete (al-basir, el llano), pues al igual que en Cádiar y en Ugíjar existía un llano en el que se ubicaban otros núcleos de menor importancia. (Carmen Trillo San José, “La Alpujarra antes y después de la conquista castellana”).
      • SOBRE LANJARON:“De sus callejas arrancan los caminos resueltos en ademán de lejanía entre urdimbres de parrales, donde todavía cuelgan los calabazones vinateros. Caminos opresos, sometidos al macizo de pitas y chumberas, al entredijo de zarzales, gayombas y madreselvas, colgantes del balate rezumante de frescor, de tierra húmeda, de oreo frondal, de mantillo de bestiajes y rebaños, en tanto el azadón trastea por el barbecho con repique y relumbre de moneda legal. Los gorriones se disputan la larva sorprendida en su letargo. Caminos ondulantes, avezados al pavor de la quiebra, arrebujados luego por hoces y recuestos umbrosos, abiertos siempre a la codicia itinerante, cumplidores del arribo prometido: el olivar, la viña, la besana de trigo, cebada, centeno, habas, endibias, en la ternura frágil del verdor balbuciente. El graderío bancalero, manantial inagotable de toda legumbre y flora comestible. Más arriba, crestones y ribazos de castañar, acopio de fruto, madera, leña, monte, pastura. Oteros empinados de sembradura, arropados ahora bajo la recia costra nívea. Caminos en comunión con el último retazo laborable. Codicia y ambición de estos hijos del terruño, heredamiento de la casta semita, adelantada en la roturación de sus eriales y ejidos. Pasaban los labriegos descifrando en los signos del cielo. La diadema solar, el cerco de la luna, el celaje de Poniente. Porque del cielo desciende todo don perfecto, y el carro de las nubes lo gobierna Jehová, que no cede las riendas ni a sus propios ángeles. Repartición del término en dos mitades. ajustadas a la gracia cascabelera de su río, promotor de molinos, padre nutricio de acequias y regatos, lonja de lavanderas, bataneadoras de trapos y reputaciones. Entramado de caminos trepidantes de porteadores, arrieros, mercachifles, de labriegos y apriscos derramados por la grosura del pastizal. Y en la parcela de suavidad topográfica, el mocetón yuntero removiendo la entraña telúrica, esculpiendo su poema mejor con la reja del arado. Más arriba el brazal, arropado de yedras, helechos, culantrillos, musgos de recio afelpado, donde el chorro ha cuajado en filigrana de cristales extáticos”. (Juan Gutiérrez Padial – “LANJARÓN: Historia y Tradición” (1.982).

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a5 De Mondújar a Lanjarón

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Iglesia Parroquial de Mondújar

  • Introducción histórica:
    • RECUERDOS DE BOABDIL:
    • “Morayma era un ser superior, que jamás le reprochó nada, que tampoco le reprendió ninguna acción. Siempre lo alentaba en sus decisiones y le disculpaba los fallos. Ella lo consoló cuando hubo de entregar sus dos hijos al cristiano y cuando ajustició a los alfaquíes partidarios de Ben Saad. A veces le observaba gestos melancólicos, como si le doliera o le molestara algo, o tal vez se sintiera enferma o quizás deprimida por los trances que atravesaban. Sufría en silencio, según su costumbre, y a veces dudaba si su mal aspecto se debía o no a la añoranza de sus retoños, a los que, sin pedir su consentimiento, los alfaquíes cristianos adoctrinaban en su religión. Y eso tenía que dolerle a una musulmana tan devota y sensible como Morayma… Llevaba mucho tiempo sin ver a sus hijos y se temía que el de Aragón se negara a devolvérselos cuando hubieran de marchar fuera de Granada, a su exilio alpujarreño, donde habrían de ser devueltos a la Fé del Profeta” (Leonardo V. Villena, “El último suspiro del rey Boabdil”).
    • Cuando Boabdil iba a cumplir 10 años de edad, su madre organizó una fastuosa celebración en los jardines de La Alhambra, adornados con doseles y alfombras, con gasas y cortinajes, … La celebración se enmarcaba dentro de los actos de exaltación de Boabdil como heredero al trono de Granada. … La corte en pleno asistiría a la gran fiesta, multitud de invitados célebres, los gobernadores de las plazas sometidas a Muley Hacén, los emisarios del sultanato de Túnez, …En la medianoche de la Fiesta Real, el astrólogo miraría los planetas del cielo, leería el mensaje de las estrellas recogido en la fecha del nacimiento del príncipe heredero y descifraría los secretos desvelados en las palmas de sus manos primero y en el poso de las hierbas maceradas en su vaso después, …para testificar…que Boabdil era el elegido por el destino para hacer inmortal a Granada, como iniciador de la estirpe más pura, la que reunificaba la sangre nazarí, el linaje glorioso de su dinastía para el largo futuro que anunciaban los astros… “De pronto el viejo sabio se echó al suelo a la luz de los velones preparados en círculo, desenrrolló el pliego en el que se dibujaba el plano astral de todos los futuros del ser y, febrilmente, fue señalando con su tizón las líneas predeterminadas con los datos del nacimiento de Boabdil, formando el relato de su futuro en figuras cuyos secretos sólo él estaba comprendiendo, viendo, con los ojos desorbitados, cómo la absoluta verdad llegaba implacable a manifestarse a través de él, sintiendo, con la respiración agolpada a su garganta, que era más fuerte que su voluntad, que él no podía hacer nada para callarla. … ¡Alá es grande! -exclamó con un grito el turbado astrólogo-¡ Sólo él conoce los designios de los hombres y el destino de los imperios! ¡Boabdil vivirá largo tiempo, Boabdil será longevo porque es su sino la pena y el infortunio!…¡Dos príncipes  se acercan en las estrellas! ¡Un hombre y una mujer unidos como fueron Aixa y Muley Hacén entrarán en Granada, veo sus manos tendidas, convertirán en cruz la media luna!… ¡El reino de Granada se perderá en el abismo de los designios de Alá! ¡Granada será la perla más hermosa de una corona de oro cristiano! ¡El infortunado Zogoibi será rey para ver morir a Granada!” (Magdalena Lasala, “Boabdil: tragedia del último rey de Granada”)
    • TESTIMONIO:
    • “La Alpujarra, la región más accidentada de España, la que ofrece mayor variedad de climas y cultivos, se ubica a los piés de Sierra Nevada, que la domina y es su totem, con las cimas más señeras de la Península Ibérica, el Mulhacén (3.481 m) y el Veleta (3.392 m). Desde estas alturas hasta la costa vecina e inmediata, la Sierra ingente, con sus ahijadas la Contraviesa y Sierra de Gádor, de laderas alborotadas, lomas altivas, barrancas rápidas, ramblas umbrías, tajos espeluznantes y perspectivas maravillosas, se encrespa y despeña sobre la mar y entre los repliegues de sus abullonadas faldas abre apenas junto a las desembocaduras de las ramblas una calita recatada, un borde de arena, que los hombres han festoneado de pequeños huertos increibles, de paraisos perdidos al sol”. (José Ángel Tapia Garrido – “Historia de la Baja Alpujarra”).
    • SOBRE LANJARÓN: “Desde la antigüedad más remota cruzaron el paraje -Lanjarón-, a marcha irregular, caravanas sucesivas de pueblos diferentes: fenicios, cartagineses, romanos, vándalos, judíos, árabes,… Al abrigo de la excelsa montaña que, siglos más tardes, bautizarían los musulmanes con el nombre de Bordaila, acampaban sosegados. Y todos, a punto de despegue, musitaban la endecha, resuelta tantas veces en sollozo delator: “Péguese mi lengua al paladar, si de tí me olvidare”. … Sostenía el tío Jeromo -y no cabía en su testa ni medio pelo de lerdo- que el pueblo se remontaba a la Alta Edad Media. El bloque inicial integrado por gentes arrancadas del litoral mediterráneo. De la entonces remota Sexi (Almuñécar) y la risueña Salambina (Salobreña). Pastores que, orillando rebaños por la anfractuosidad de los ríos, remontaban la altura hasta alcanzar la anchurosa greca verde de las faldas serreñas. La bonanza del clima, la copia de pasturas y el subyugante clamor de sus aguas desencadenaron el embrujo. Y removieron la tierra, esparcieron la simiente y, a la espera del fruto, se hicieron sedentarios. Y quedaron, de por vida, plantados sobre el milagro telúrico. Durante el siglo X y en el desbordamiento del furor sarraceno por la Península, llegaban a Lanjarón dos tribus mahometanas, acaudilladas por sendos moros notables: Joraidan y Gil el Barbarí. Tan repentino crecimiento demográfico impuso sensibles mejores en sus rudimentarias estructuras. Multiplicación del caserío; impulso renovado al pastoreo y agricultura; nuevo sistema de riego, tan acabado y perfecto que ha llegado hasta nosotros sin retoque ni enmienda. Surgieron molinos harineros, hornos panaderos, de cal y yesería, fraguas, carpinterías, alfares, industrias esparteras, el cultivo del sirgo o industria sedera, telares de brocados y lencería, de primorosas mantas y jarapas que aún se confeccionan en la comarca alpujarreña. El pueblo distribuido en tres barrios: Aceituno, Cenete y Azocaque. El primero arrancaba de Los Cuatro Chorros hacia la Cuesta de Salinas. Cenete, dentro del pago que todavía conserva su nombre. Barrio del Azocaque, derramado por el confín SO del pago de La Loceta, amparado en la peña gigante que, poco después, serviría de recio pedestal al recinto castrense: el Castillo, dentro de su perímetro amurallado. Perímetro o compás conocido con el nombre de Presidio. A cada barrio su nombre. Uno sólo para los tres: Lanjarón , de Al-Lancharón, aumentativo de Al-Lanchar, que viene a significar “Campo de las Fuentes Saludables”. Fuentes que rebasaron el número de treinta y dos el pasado siglo”. … Su calle principal, desde la ermita de San Roque hasta las casillas del Cañuelo, comprende seiscientos setenta y seis metros. Cuenta con otras muchas calles, más cortas y empinadas por imperativo de su topografía. … Su escabrosidad topográfica encierra el regalo de latitudes diferentes y temperaturas múltiples, entorno adecuado para el cultivo de variadísimas especies tropicales y alpinas. Desde el plátano y chirimoyo, seguidos de la pita, la chumbera, el cidro, el naranjo y limonero, el olivo, el almendro, la palmera y el granado, la cepa vinatera, el níspero, el membrillo y acerolo, el serbal, el azufaifo… Multiplicada variedad de peras, ciruelas, albérchigos, higueras, melocotones, cerezas, uvas de mesa, peros navideños… Castaños, nogueras, pinos, eucaliptos, cipreses, abetos, liquen, torvisco, helecho, culantro, felpudos esmeralda de musgo e incontables especies propias de regiones glaciares. Todo al amparo de su particular circunstancia: dentro de cada especie, incluidas las hortícolas, los frutos maduran gradualmente, prolongando su dádiva por tiempo más dilatado de lo normal dentro de la planicie, donde cada fruto alcanza su madurez simultáneamente”. (Juan Gutiérrez Padial – “LANJARÓN-Historia y Tradición”).

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